07 ene. 2026

A orillas del Paraná devotos honraron a la Virgen de Itacuá

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Fiesta de la fe. Miles de peregrinos y devotos se congregaron en la misa central en Itapúa.

ANTONIO ROLIN

Miles de personas llegaron ayer hasta el santuario de la Virgen de Itacuá –a pesar de la inestabilidad climática–, que está situado en la ribera del Paraná, a unos 10 kilómetros del centro de la ciudad de Encarnación.

Al igual que Caacupé, la Virgencita de Itacuá reúne todos los años a miles de peregrinantes que llegan de distintos puntos de la región para pagar su promesa y celebrar la festividad mariana más importante del Sur del país. Cabe resaltar que la Virgen de Itacuá es conocida como la madre de los pobres.

La celebración de la Virgen de Itacuá se inició con el novenario la semana pasada y culminó ayer con la multitudinaria concurrencia de fieles en la misa central, que fue celebrada por el obispo de la Diócesis de Encarnación, monseñor Francisco Javier Pistilli.

En su homilía, el monseñor Pistilli dio énfasis en la importancia de la fe, la esperanza, el amor presente en la vida de cada persona y la invitación de Dios al encuentro con nuestra madre. Asimismo, enfatizó la necesidad de tener esperanza basada en la fe para enfrentar cada día y superar los desafíos que la vida nos presenta.

“Celebramos esta fiesta y volvemos a renovar esa experiencia de la peregrinación. Cuando uno le pregunta a un peregrino que te motiva a venir al encuentro de Dios y de la Virgen, muchos no saben explicar con palabras, pero saben que les moviliza, algo que necesitan, algo que necesitan expresar, y si hacemos una reflexión vemos que nos mueve Dios en la fe, los mueve la Virgen y les invita a que venga a su casa. Podemos decir también que los peregrinos nos mueven también el amor, el amor a nuestra familia, el amor a nuestros amigos y a las personas con quienes compartimos todos los días, porque ese amor es peregrinar, alegrías y tristezas, bendiciones y situaciones difíciles, y que solamente en el amor juntos podemos llevar y superar”.

Añadió que: “Saber orar es saber esperar y confiar, y si vamos a orar le dijeron los discípulos a Jesús, esa oración el Señor nos enseña, recordar que todos los días nuestro pan cotidiano viene de su mano, recordar que en el amor de Dios y en el perdón de Dios debemos estar unidos todos”.

SITIO DE PEREGRINACIÓN. Si bien las condiciones del clima fueron muy poco favorables hasta horas antes de la serenata a la Virgen, la celebración de la misa central contó con la presencia de una multitudinaria concurrencia, como también autoridades nacionales, departamentales y locales.

Cabe resaltar que la imagen de la Virgen de Itacuá se encuentra enclavada en una gruta de piedras a orillas del río Paraná, en un paradisiaco lugar rodeado de añosos árboles que dan sombra a los peregrinantes en un área de tres hectáreas, donde también se encuentra el moderno santuario.

Según la historia narrada por los pobladores itapuenses, la Virgencita se les apareció entre las piedras a los marineros que cruzaban por el río en la primera década del año 1900.

Desde entonces se inició la veneración a la Virgen en este lugar que con el paso de los años y los milagros concedidos la celebración fue tomando notoriedad hasta convertirse en una de las más importantes del sur del país.

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