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Nacional
sábado 12 de noviembre de 2016, 15:53

Urgen rescate de las dunas de San Cosme y Damián, joya turística oculta de Paraguay

Las dunas de San Cosme y Damián, en mitad del río Paraná, son uno de los principales atractivos turísticos de Paraguay, pero los fuertes vientos y tormentas están dejando a estas montañas de arena al borde de la desaparición, lo que ha levantado la alarma entre autoridades y pobladores.

EFE

Las dunas se formaron en la década de 1980, cuando la construcción de la represa de Yacyretá, compartida entre Paraguay y Argentina, hizo subir el nivel del río, y los humedales e islas del Paraná desaparecieron bajo el agua, contó a Efe Rolando Barboza, responsable local de la Secretaría Nacional de Turismo (Senatur).

Solo quedaron visibles, sobresaliendo del agua, las cimas de las dunas, islas de arena desde cuyas orillas puede verse tanto la costa del sur de Paraguay, como la del norte de Argentina, y que en pocos años se convirtieron en emblema de identidad del lugar.

Barboza explicó que las dunas están en constante cambio debido a las ráfagas de viento y las lluvias, que se hacen cada vez más frecuentes e intensas, por lo que, a largo plazo, las colinas de arena podrían desaparecer, tragadas por el río.

Con ello se perdería no solo un atractivo natural, sino, sobre todo, un gran incentivo económico para los cerca de 7.000 habitantes de San Cosme y Damián, un pueblo a orillas del Paraná que desde hace casi una década vive volcado al turismo.

Según Barboza, en 2008 llegaban hasta el pueblo unos 3.000 visitantes cada año, mientras que el año 2015 cerró con un récord de 19.000 visitantes, seis veces más.

El principal reclamo de la zona son los templos que construyeron los misioneros jesuitas para evangelizar a los indígenas guaraníes en los siglos XVII y XVIII, así como el planetario, inaugurado en 2010 y que atrae a estudiantes y aficionados a la astronomía.

Junto a ellos, las dunas son una parada obligatoria, especialmente durante el verano, en un país sin litoral marítimo como Paraguay, donde turistas locales y extranjeros buscan refugio del intenso calor.

Para Barboza, las dunas no solo dan trabajo a los dueños de las canoas, que trasladan a los pasajeros desde la costa hasta los islotes en una travesía de casi una hora, sino que aumentan el número de pernoctaciones en las posadas turísticas y hoteles, y el consumo en los restaurantes.

Además, estimulan toda la cadena productiva en la zona, ya que los productores agrícolas y ganaderos venden sus productos a los comercios y restaurantes del pueblo, donde tienen demanda asegurada gracias al turismo, verdadero motor de la economía local.

Atendiendo al pedido de auxilio de las dunas, la Entidad Binacional Yacyretá, que gestiona la represa del mismo nombre compartida entre Paraguay y Argentina, comenzó esta semana las tareas de batimetría, un estudio sobre las profundidades y suelos del río Paraná.

El estudio determinará qué zonas son aptas para extraer arena que sirva para rellenar las dunas y devolverles su perfil, explicó a Efe Carlos Filippi, asesor de Yacyretá.

Filippi detalló que las últimas tormentas generaron un gran oleaje en el río, que provocó la erosión de parte de las dunas, pero descartó el riesgo de que estas desaparezcan.

"Es muy difícil que se pierdan, porque la altura del embalse de Yacyretá se mantiene constante. Si bien después de las fuertes lluvias que tuvimos el año pasado, provocadas por el fenómeno de El Niño, el nivel del río estuvo muy alto, no puso en riesgo las dunas, solo retrocedió un poco la arena", aseguró.

Yacyretá busca recuperar el aspecto anterior de las dunas y conservar su atractivo, pero sin acometer obras de infraestructura que sean demasiado agresivas para el entorno.

El relleno de las dunas se presenta como solución para evitar la pérdida de uno de los principales destinos de turismo interno de Paraguay, una actividad que creció un 25% en los últimos cinco años, y dejó en 2014 unos ingresos de cerca de 100 millones de dólares en todo el país, según datos oficiales.

María Sanz