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jueves 29 de diciembre de 2016, 01:00

No obedecer leyes injustas

Cuando acaba el año, es obligación cristiana de conciencia el sintetizar y rechazar las leyes, decretos, órdenes superiores y aún caprichos de los que tienen el poder político en los tres poderes, con los que nos han sometido y hechos más pobres en el 2016.

En los últimos quince días del año he ido denunciando injusticias como: la condena injusta de los presos inocentes campesinos de Curuguaty es de 18, 20 y 30 años.

Brasiguayos con título, dado por la rosca mafiosa que opera en la regional del Indert de Curuguaty, desalojan sin mandato fiscal escrito, por orden superior del presidente, a 200 familias de Guahory donde llevaban más de 20 años viviendo, esto es una decisión injusta.

Ahora, el capricho de cambiar la Constitución para tener reelección de un Gobierno, el peor que hemos tenido en democracia.

Ante una lista que no acaba, la desobediencia civil es la única forma democrática que nos queda de expresar pacíficamente el rechazo por hechos, leyes y sentencias injustas.

Desobediencia civil es directa cuando no cumplimos una ley injusta. Desobediencia civil es indirecta cuando ante una sentencia injusta decidimos desobedecer pacíficamente otra obligación que el Estado nos impone, para que la autoridad recapacite y dé marcha atrás.

Rechazamos toda clase de violencia, porque por convicción somos pacíficos, pero insistimos como pueblo soberano en imponer nuestra voluntad de justicia a todos nuestros servidores de los tres poderes. Y, si ellos se niegan, nuestro deber democrático es no obedecerles.

Cada vez más ciudadanos nos preguntamos si en el año 2016 hemos soportado muchas injusticias, ¿por qué no ejercitamos ya este derecho?

Porque aguantamos demasiado por falta de conciencia despierta. También por la represión de un Estado. Porque nos han dividido a las personas que somos honestas y no logramos formar un frente común.

Cuando acaba el año, tenemos todo el derecho constitucional de ejercitar la desobediencia civil.