23 de junio
Viernes
Despejado
20°
28°
Sábado
Mayormente nublado
19°
28°
Domingo
Mayormente nublado
18°
28°
Lunes
Mayormente nublado
18°
27°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
País
miércoles 8 de febrero de 2017, 01:00

La dignidad del trabajo

Hoy meditamos el Evangelio según San Marcos 7, 14-23. El trabajo es un talento que recibe el hombre para hacerlo fructificar, y es testimonio de la dignidad del hombre, de su dominio sobre la creación. Es ocasión de desarrollo de la propia personalidad.

Es vínculo de unión con los demás seres, fuente de recursos para sostener a la propia familia; medio de contribuir a la mejora de la sociedad, en la que se vive, y al progreso de toda la Humanidad. Para el cristiano, además, el trabajo bien acabado es ocasión de un encuentro personal con Jesucristo, y medio para que todas las realidades de este mundo estén informadas por el espíritu del Evangelio.

El gran enemigo del trabajo es la pereza, que se manifiesta de muchas maneras. No solo es perezoso el que deja pasar el tiempo sin hacer nada, sino también el que realiza muchas cosas, pero rehúsa llevar a cabo su obligación concreta: escoge sus ocupaciones según el capricho del momento, las realiza sin energía, y las pequeñas dificultades son suficientes para que cambie de tarea.

El perezoso suele ser amigo de “comienzos”, pero su repugnancia ante el sacrificio que supone un trabajo continuo y profundo le impide poner las “últimas piedras”, acabar bien lo que comenzó.

Al respecto del Evangelio de hoy, el papa Francisco dijo: “Cristo también pone en tela de juicio el ‘ojo’, que es el símbolo de la intención del corazón y que se refleja en el cuerpo: un corazón lleno de amor vuelve el cuerpo brillante, un corazón malo lo hace oscuro. Del contraste luz-oscuridad, depende nuestro juicio sobre las cosas, como también lo demuestra el hecho de que un corazón de piedra, pegado a un tesoro de la tierra, a un tesoro egoísta, que puede también convertirse en un tesoro del odio, vienen las guerras.... Todos estos pedazos del corazón que están hechos de piedra, el Señor los hace humanos, con aquella inquietud, con aquella ansia buena de ir hacia adelante, ¡buscándolo a Él dejándose buscar por Él!

Que el Señor nos cambie el corazón para buscar el verdadero tesoro y así convertirnos en personas luminosas y no ser personas de las tinieblas.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal)