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Editorial
lunes 5 de septiembre de 2016, 02:00

Impuesto a autos usados urge reformas estructurales

El principal rol de los impuestos es la recaudación de recursos para financiar las políticas públicas. Sin embargo, los impuestos también forman parte del sistema de incentivos o desincentivos que cualquier Estado debe tener para enfrentar las fallas de mercado o crear una institucionalidad acorde con sus planes. La movilidad constituye una clave determinante del buen funcionamiento de la economía y de la sociedad, ya que contribuye a la reducción de las exclusiones del sistema cultural, económico, de salud o educación, entre los muchos ámbitos que confluyen para lograr la integración y convivencia social de las personas. Por eso, en este caso, la política tributaria debe ir acompañada de una política de transporte público que garantice que más impuestos no perjudiquen las oportunidades de las personas.

No es necesario contar con profundos estudios económicos para demostrar que el aumento del parque automotor, incluidas las motos, es una respuesta al pésimo sistema de transporte público, que además de caro es de baja calidad.

Las constantes quejas de usuarios dan cuenta de los graves problemas que enfrenta la ciudadanía en este ámbito. No hay horarios preestablecidos que permitan tener previsibilidad, la permanente descompostura de los ómnibus genera llegadas tardías al lugar de trabajo y a la escuela, la inadecuación impide que niños pequeños, personas con alguna discapacidad o adultos mayores puedan sentirse seguros viajando.

La falta de coordinación con una política de seguridad ciudadana hace que el transporte público, en lugar de constituirse en un elemento que contribuya a la seguridad de las personas cuando salen a la calle, sea casi un medio de trabajo para la delincuencia común.

Frente a esta triste situación, la demanda ciudadana por medios de transportes alternativos ha ido creciendo y las motos y los autos usados han sido la opción para quienes no pueden solventar vehículos más seguros y nuevos.

No es menor el problema que ha generado esta solución altamente ineficiente para la sociedad si se observan algunos datos. Es francamente alarmante la cantidad de motociclistas que ingresan al principal centro médico de referencia con lesiones graves y que en muchos casos tienen consecuencias de por vida e incapacitantes.

Igual de alarmante es la cantidad de autos que transportan una sola persona diariamente quemando combustible con el daño que eso genera al ambiente y, a largo plazo, cuando los vehículos entren en desuso, basura chatarra difícil de reciclar. La importación de autos usados reduce estos plazos, e inclusive se pueden estar importando vehículos en condiciones inadecuadas.

No es sostenible económica, social ni ambientalmente una economía que genera este modelo de transporte urbano.

El aumento del impuesto a los autos usados puede contribuir a reducir la demanda, lo cual puede ser considerado como exitoso desde ese punto de vista, además de que generan recursos genuinos. Sin embargo, de nuevo afecta a la franja de menor nivel adquisitivo y eventualmente puede tener impacto negativo en las oportunidades económicas y educativas.

El aumento de este impuesto además de incrementar las recaudaciones debe ser parte de una discusión mayor acerca de la política de transporte público. De otra manera, nuevamente se fortalece el carácter inequitativo de la estructura tributaria, además de perjudicar la movilidad de trabajadores y estudiantes.