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Opinión
domingo 4 de junio de 2017, 02:00

Con el poderío de Cartes, Peña entra a la carrera

Estela Ruiz Díaz @Estelaruizdiaz
Por Estela Ruíz Díaz

"Encontré mi razón de ser en el Partido Colorado. No nací en cuna colorada pero voy a morir honrando al partido".

Con esta frase, Santiago Peña buscó ayer enterrar la polémica sobre su pasado liberal y dar la vuelta la página al ser proclamado candidato presidencial de Honor Colorado con escasos 8 meses de carné republicano.

Un desafío que aceptó "con humildad, firmeza y bendición de mi familia".

La oficialización de la chapa HC (Honor Colorado, Horacio Cartes o viceversa) se dio en un marco del tradicional ritual republicano. Dirigentes de base, diputados, senadores, gobernadores, presidentes de seccionales, con atuendo bermellón y el infaltable pañuelo al cuello, confirmaron la dupla Peña/Gneiting al son de la polca y las infaltables hurras, que esta vez no sufrieron la censura presidencial.

El acto de ayer fue una demostración de fuerza. Los gobernadores fueron los privilegiados oradores al solo efecto de "dar parte de su departamento": esto es la lista de intendentes, convencionales y seccionales que permanecían en el oficialismo. Las cifras eran abrumadoras "de 14 intendencias coloradas, las 14 están acá", habló Ñeembucú. "De 40 presidentes de seccionales, 37 están acá", exaltó Alto Paraná. De 17 intendentes, 16 están acá", añadió Luis Gneiting, quien habló en doble calidad de gobernador y candidato a vicepresidente. Las cifras mostraban el desamparo dirigencial de Juan Afara, quien abandonó el movimiento, molesto por la designación de Peña. Era la ofrenda del sur para el presidente que de esa forma saboreaba su triunfo sobre el vicepresidente Juan Afara, que abandonó el barco apenas le dijeron que no sería el timonel del barco que zarpa en el 2018.

Cada gobernador alardeaba del grado de lealtad de su región. Era un mensaje para destacar la "orfandad" de la disidencia.

En el mapa que dibujaron, el oficialismo tiene copados los territorios con la tropa casi intacta. "Tenemos el 95% de dirigentes", dijo con triunfalismo un legislador.

TERRITORIO CARTISTA. Cartes ayer cristalizó su poder en la ANR. Su candidato presidencial fue vitoreado por la dirigencia de base tradicional, que sabe interpretar los vientos por su afinado sentido del olfato del poder.

Cartes proyecta su futuro político en el joven ministro de Hacienda (38). Su elección es como mínimo audaz, una imposición que mueve los cimientos de la ANR, que fiel a su historia, es obediente al mandatario de turno. Lo eligió como la pieza más importante de su ajedrez político para seguir cogobernando el país. Así como Peña intentó exorcizar su pasado, Cartes también buscó desalentar las críticas por la imposición de su candidato: "No decidí entre cuatro paredes. (Te elegí) Santi, por tu honestidad, capacidad, conocimiento, yo pongo la mano en el fuego (por vos)", le dijo.

Sin dudas, en los 4 años de gestión, Cartes confirmó su desconfianza en la clase política y Peña es la constatación de esa hipótesis. El gobernador Gneiting como dupla no es otra cosa sino la repetición de la fórmula pragmática ineludible: un outsider más, un político para contener y mantener tranquila a la tropa y así evitar el desbandes.

Tras el diagnóstico positivo del "territorio y la tropa", Cartes se declaró comandante de la campaña: "Ahora cambio de puesto. En vez de esta candidatura (presidencia), acepto la candidatura 1 (al Senado) y salir a pelear".

LOS ENEMIGOS. La plenaria de Honor Colorado sirvió para conocer a los enemigos del Gobierno. La prensa fue una de ellas. Se encargó de mencionarla el diputado y presidente de la Junta de Gobierno, Pedro Alliana, el primer experimento de Cartes. Señaló que la crítica de los medios de comunicación obedece al "recorte de privilegios", frase aplaudida a rabiar. Es que su Departamento, Ñeembucú, hoy bajo las aguas, es el cuadro perfecto de la acción política: pobreza, corrupción, inequidad y olvido.

Las tapas de los diarios le recuerdan eso todos estos días. Quizá lo molestó más que en ese mismo instante, Mario Abdo Benítez estaba visitando Yabebyry, mostrando en sus redes sociales la catastrófica secuela de las inundaciones. La realidad es más efectiva que las cifras.

Por la disidencia recibió palos la senadora Blanca Ovelar, a quien el presidente volvió a mencionar para exorcizar la digitación de su candidato. "Todos me dijeron: presidente lo que vos digas vamos a respetar y no es cierto, en el 2008 así dijeron y se presentó lo que se presentó, el partido no aceptó esa mercadería (la candidata de Nicanor). El Partido Colorado le echa al Partido Colorado cuando no somos respetuosos. A nadie nos gusta que se nos impongan candidaturas".

El discurso anticartista que apunta a la falta de conscripción de su candidato también fue foco de críticas. En alusión a él mismo y a su candidato, destacó que la militancia no sirve sino se acompaña con trabajo. "No es la antigüedad, es lo que se hace por el partido y el país".

EL DISCURSO. Peña hizo ayer un discurso partidario, un poco sobreactuado. No fue su mejor disertación y eso que ha construido un relato electoral mejor armado que su adversario, con mayor vitalidad, quizá porque necesitaba reafirmar su nueva opción política ante un auditorio que lo aclamaba como el elegido pero que discretamente mantiene cautela porque "no es de los nuestros". No es fácil enfrentar un auditorio colorado, lleno de símbolos, de pasión extrema, totalmente ajeno a su privilegiado mundo de la burocracia de primer mundo como el BCP o los organismos internacionales y el Ministerio de Hacienda.

Habló en líneas generales, de lugares comunes. Hasta Gneiting, menos dotado en las artes de la oratoria, citó con mejores detalles el "modelo cartista" como los programas sociales y las obras de infraestructura, de inserción de Paraguay al mundo.

Empezó la carrera. El clap clap de las gateras abrió paso a los candidatos. Quedan menos de 6 meses para la definición de la chapa colorada.

Peña, con la formidable estructura partidaria, estatal y de la poderosa billetera presidencial tiene inmejorables condiciones para posicionarse como ganador, una situación que se puede convertir también en bumerán si no logra sobreponer su perfil al del presidente, que ayer demostró que el protagonista principal es él. El triunfo de Peña será el clímax de su poder y la consolidación de su modelo, pero una derrota electoral será su fin.

La chapa Peña/Gneiting/Cartes entró con fuerza a escena, en tanto Mario Abdo sigue dilatando la oficialización de su chapa, tratando de hilvanar alianzas en medio de una balcanizada oposición partidaria.

Se viene una guerra colorada, con nuevos actores y viejos vicios. La ANR, con más sombras que luces, sigue marcando el ritmo de la política paraguaya.