25 feb. 2026

Vida de hostel

En los últimos años, Asunción ha ampliado notablemente la oferta de hostales, sobre todo en la zona céntrica. Vida recorre estos espacios, que guardan historias de mochila y presentan una cara alternativa al turismo.

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Javier Valdez

Texto: Jazmín Ruiz Díaz | Fotos: Javier Valdez.

Si las paredes hablaran, las de los hosteles de Asunción tendrían innumerables historias de aventuras para contar. Al igual que sus dueños. Es que tener un espíritu viajero y hospitalario es, al parecer, un requisito indispensable para llevar adelante un emprendimiento de este tipo.

Ejemplo de ello es la historia de Thomas Jönsson y Carolina Castillo. Él, un sueco que recorrió el mundo como mochilero. Ella, una paraguaya criada en Suecia. Ambos se conocieron cuando en uno de sus viajes él llegó a Paraguay. Después de vivir juntos por varios años en Europa, se plantearon emprender un proyecto anhelado por ambos: abrir un hostel. “Como crecí en el extranjero, tengo muchos amigos afuera; entonces, siempre quise la oportunidad de traer a la gente y mostrarle qué tiene de exótico mi país. Si bien el típico turista va al mar o a la montaña, acá, a falta de eso, contamos con una cultura muy rica y yo siempre quise dar visibilidad a eso”, comenta Carolina.

Sin embargo, Paraguay no fue el plan A para establecer un alojamiento de este tipo, como explica la emprendedora, quien además es socióloga: “En un principio, pensamos hacerlo en Suecia. Después consideramos que quizás sería más factible en Brasil o en Buenos Aires, hasta que en un viaje vimos que Asunción era una posibilidad; empezamos a investigar y optamos por volver acá”.

Thomas, quien vio una cara muy distinta del país en su primera visita, explica cómo fue cambiando el escenario local: “Yo vine por primera vez en el 2005, y en ese entonces estaba vacío de turistas. Cuando volví en el 2008, en cambio, ya había un aumento importante, y eso se podía ver en la calle”. Fue entonces cuando la pareja supo que, si querían cumplir el sueño de abrir el hostal, había llegado el momento.

El Jardín abrió sus puertas a los viajeros hace dos años y un poquito más, en enero de 2012. Entonces, era el tercer lugar en Asunción que respondía al concepto de hostal. Esto es, alojamiento a bajo costo, generalmente en habitaciones compartidas (aunque la mayoría ofrece actualmente la opción de habitaciones privadas), atención personalizada y, sobre todo, un espíritu comunitario y de camaradería, ya que los que escogen esta experiencia generalmente buscan estar en contacto con otros viajeros y con la gente del lugar.

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Foto: Javier Valdez


Hoy, ingresando a los sitios de reserva online por excelencia, como Booking, Hostel Bookers o Hostelworld.com, así como a la web de viajes TripAdvisor, se pueden encontrar una decena de lugares similares en la capital. Aunque el número no parezca significante, sin embargo demuestra un enorme crecimiento en el rubro en un lapso de solo dos años.

Las pioneras

En la todavía breve historia de la hostelería en Paraguay, el mérito de haber sido el primero se lo lleva Black Cat Hostel, que abrió en el 2009. “Pero llegamos muy tarde al país, porque en la región esta alternativa ya existía desde hace muchos años”, indica Violeta Colmán, quien lleva adelante el negocio con su madre, la arquitecta Lilia Valdez.

La joven, abogada de profesión, vio la necesidad de contar con este tipo de alojamiento a raíz de su propia experiencia. “Todo surgió porque yo me había ido a un viaje de mochilera a Bolivia y a Perú, en el cual hice muchos amigos”, cuenta. Al regresar, emprendió la búsqueda de hostales para recomendar a sus nuevas amistades cuando vinieran de visita, y se sorprendió al descubrir que no había ninguno. “Entonces, me resultó una idea interesante, pero a futuro. Solo que cuando se la comenté a mi mamá, le gustó y me propuso llevarla adelante en el momento”. Sin desconocer los riesgos, ya que era un área hasta entonces desconocida tanto para la madre como para la hija, no dudaron en dar el paso, y asegura que “desde que abrimos, no tuvimos ni un solo día sin gente”.

Se hace camino al andar

Existen diferentes tipos de viajeros, como explica Violeta: “Los mochileros que están viajando por Sudamérica generalmente se quedan por una o dos noches, y si les gusta, se toman más tiempo, que es lo que generalmente sucede. Pero también están los que vienen exclusivamente a Paraguay, como es el caso de los turistas de la región, de Argentina, Chile o Brasil, principalmente, y lo hacen por una o dos semanas. Llegan a Asunción para hacer compras u otro tipo de actividades; aunque no son necesariamente mochileros, también eligen los hostales”.

Los primeros son los principales huéspedes de este tipo de albergues, en eso coinciden con Thomas, quien además aclara una cruda realidad: “Paraguay es un destino de paso. Pasan por acá para ir a Bolivia, Brasil o Argentina... Nuestra idea era aprovechar esa gente que planea solo dos noches y mostrarle que se puede quedar una semana, dos y hasta más. Esa es nuestra misión”. Objetivo que cumplen la mayoría de las veces, como agrega Carolina: “Quisiéramos tener más tiempo para llevarles a esos lugares inexplorados, que tienen que ver también con una cuestión social, como las comunidades indígenas, campesinas; a la gente eso le llama la atención”.

Mucho por mostrar

En ese sentido, explica que el viajero actual ya no busca simplemente sentarse en una playa con un martini en la mano y todo el servicio a disposición. “El último lujo es llegar a un lugar donde nadie más haya estado. Paraguay todavía puede ofrecer eso”, afirma optimista. Por eso los hosteles, además de funcionar como un negocio que genera empleos, son una plataforma que puede ayudar a fomentar otro tipo de turismo.

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Foto: Javier Valdez

Como un obstáculo que superar, la pareja explica que hay más que nada prejuicio ante el desconocimiento del país; por eso su interés en estar al frente de un lugar desde donde puedan mostrar otra cara de Paraguay: “Los turistas que llegan acá, al hostal, vienen después de haber escuchado que el país no tiene nada que ofrecer, que hay mucha inseguridad... Lo llamativo es que esto se lo dicen otros viajeros... que nunca pasaron por Paraguay. Los que llegan hasta nuestra puerta terminan queriéndose quedar más”.

A nivel interno, también hay mucho que mejorar: “Faltan políticas del Estado para atraer turistas”, opina Violeta. “Cuando uno va a Foz de Iguazú, que está a seis horas de Asunción, ves miles de mochileros, de los cuales ni el 1% llega acá”, comenta.

La solidaridad entre los emprendedores del rubro es un factor clave. En el caso de El Jardín y Black Cat, trabajan en conjunto. “Estamos en el mismo negocio. A veces nosotros necesitamos de ellos o ellos de nosotros –sostiene Violeta–. Si es que no tenemos lugar para viajeros que vienen aquí, llamamos a otros lugares, porque la gente quiere ese servicio específicamente. Entonces, si no podemos ofrecerle la opción, buscamos otros establecimientos que puedan ofrecer un servicio similar y de calidad”.

Puertas adentro

Hay que entender que, si bien los hosteles implican un menor costo en relación a los hoteles, esto de ninguna forma implica mala calidad. El aumento de la oferta hostelera en la capital posibilita que los viajantes puedan elegir entre lugares con estilos diferenciados, de acuerdo a los gustos de cada uno.

Los precios van desde G. 40.000 en habitaciones compartidas, hasta los G. 250.000 en las privadas. Además, muchos de estos lugares tienen opciones sin necesidad de alojamiento, como bares, menú a la carta, piscina habilitada al público en general y actividades varias.

Así que sin necesidad de ponerse la mochila, usted puede aprovechar para recorrer estos rincones de Asunción donde las buenas anécdotas no van a faltar. Eso es seguro

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