06 abr. 2026

Viaje entre melodías y recuerdos

En charla con Vida, Ismael Ledesma, arpista paraguayo residente en Francia, habla sobre su reciente disco, Colores latinos. También trata otros temas, entre ellos la manera de sobrellevar la añoranza hacia la tierra que dejó hace más de tres décadas.

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Hace 32 años cargó su arpa al hombro y, con talento, se fue abriendo camino en los escenarios franceses. Además de la satisfacción por la presentación de Colores latinos, el disco número 17 en su carrera, Ismael Ledesma (52) se regocija por el hecho de que este año será la primera vez que pasará la Semana Santa en el país, luego de haber partido. “Me gustan nuestras tradiciones, y ahora que estoy aprovecharé para vivirlas”, cuenta el arpista, que durante la entrevista se dio el gusto de disfrutar de una chipa paraguaya, un placer que no puede darse en París, ciudad donde reside.

Pero antes de seguir ahondando en los aspectos más personales, surgen detalles de su más reciente material discográfico, el cual nació en Francia y fue presentado el viernes 4 de abril en el teatro del Centro Cultural Paraguayo Japonés. Cuando tuvo la idea de llevar a cabo este proyecto, invitó a sus amigos músicos de origen latinoamericano a que se sumaran y le dieran a las melodías el dulce sabor del ritmo latino, en el que no está ausente la música paraguaya.

Para el artista paraguayo, Colores latinos representa cerrar un ciclo de narraciones hechas desde el instrumento y que estuvieron siempre presentes en anteriores trabajos. En sus creaciones ─expresa─ recrea de manera poética imágenes que despiertan la imaginación del público. “En este disco toco músicas nuevas, algunas inéditas, de mi autoría, con ritmos más movidos; y otras más representativas de Paraguay, como Recuerdos de Ypacaraí y Burrerita. Busco transmitir alegría. Siempre compuse temas nostálgicos y lentos. Pero esta vez quiero que la gente se sienta con ganas de bailar y divertirse”, detalla Ledesma.

Estación del recuerdo

El tren está muy presente en la vida de Ismael y esa referencia se nota en sus creaciones. Más que un medio de transporte, representó una parte importante en su infancia, cuando acompañaba a sus padres, la cantante Luisa Isabel Lucena y el arpista Raimundo Ledesma, en las actuaciones realizadas en varias partes del país y del exterior. En la producción fotográfica realizada en la Estación Central del Ferrocarril, el fragor de los recuerdos estremece el alma de Ismael y le vienen a la memoria los viajes con su madre. “Al estar acá se mueven muchas cosas dentro de mí”, confiesa, mientras camina por el silencioso andén.

“Con papá y mamá hacíamos el recorrido en tren entre Asunción, Sapucái y Encarnación. Luego cruzábamos el río hasta llegar a Posadas y de ahí a Buenos Aires. Siempre me interesó el tren. Es un medio de locomoción muy importante que lastimosamente no se usa acá y podría ayudar a descongestionar el tránsito. También es un micromundo, con un ambiente muy especial que se siente mucho”, describe el creador de Tren para Sapucái, uno de los temas dedicados al medio de locomoción actualmente extinto en el país.

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El arpista señala que el pueblo debe apropiarse de la cultura y no esperar que los políticos se hagan cargo de ella.

Talento

Como ha sido con otros hijos de artistas, el hogar resultó ser su primera escuela en el arte. Ahí fue testigo de las visitas de los colegas músicos de sus padres y también presenciaba los ensayos. A temprana edad ya se sintió atraído por el instrumento de 36 cuerdas. “Recuerdo que me gustaba mucho apoyar el oído en la caja de la resonancia. Como un juego, iba tocando cuerda por cuerda y sentía la vibración que nacía de ellas. Era una sensación muy agradable. Por ahí empezaron las ganas de querer ejecutar el arpa”, rememora el destacado arpista, que a los 12 años ganó su primer premio como solista en un festival escolar.

Cuando tenía seis años, sus progenitores se separaron y durante unos meses fue a vivir con su padre para luego volver con su madre. Cuatro años después, don Raimundo dejaba de existir. Durante el día, Luisa iba a trabajar. lsmael se quedaba solo en la casa, ejecutando el arpa o jugando con sus amigos. En las noches, madre e hijo iban juntos a las actuaciones. El arpista recuerda que, durante varios años, la relación con la mujer que lo trajo al mundo estuvo marcada por conflictos y desacuerdos.

“Yo no viví una infancia normal. De chico era artista y animador. Mientras yo tocaba en los cumpleaños, los chicos se divertían. Como todo niño, tenía ganas de jugar también, pero eso no podía hacerlo porque estábamos tocando y divirtiendo a la gente. Pero tampoco me siento frustrado por eso”, revela. En varias ocasiones, las peleas entre madre e hijo propiciaron la huida del hogar del menor.

La fuga

Una de sus primeras escapadas memorables la hizo a los nueve años, cuando, con G. 1.000, llegó hasta Ciudad del Este y de ahí cruzó el Puente de la Amistad hasta Foz de Iguazú, Brasil, donde estuvo casi un mes. Esta escena se repitió hasta que cumplió 15 años. En su primera fuga sobrevivió realizando mandados para un taxista, ejecutando el arpa si tenía una a mano y refugiándose en obras en construcción. También recuerda que iba a restaurantes y antes de pagar la cuenta salía corriendo. En una de esas ocasiones fue detenido por un policía brasileño que lo trató de paraguayo vagabundo. Fruto de esta anécdota nació su composición El vagabundo. “Siempre fui superrebelde. A veces íbamos a actuar y mamá se sentaba en la cabina de los camiones y yo debía ir atrás, con el arpa en la carrocería. Un día no estuve de acuerdo con esa situación y me tiré del vehículo. Llegó el arpa, pero yo no. Esa es una anécdota que mi madre nunca olvidó”, recuerda Ismael. Con el paso de los años, la relación entre ambos mejoró y, a pesar de haber vivido situaciones difíciles, el músico señala que se siente agradecido por todo lo que ella hizo por él. Luisa falleció en 1997.

El techaga’u

Casado con Helene y padre de Lena (23) ─ella ejecuta guitarra y lo acompañó en una de sus visitas al país─ y Johanna (18), el arpista actualmente estudia para ejercer la docencia en el área musical. Su intención es aplicar los conocimientos del arpa paraguaya a la céltica, la más utilizada en Europa. Su estadía en el país galo le aportó un mayor conocimiento de la cultura y nuevos sonidos musicales.

Pero a pesar de la trayectoria y de tener un público en Europa que lo sigue y admira su obra, Ismael no olvida un solo momento a su tierra. A través de las redes sociales y en permanente contacto con su familia, amigos y conocidos, está al tanto de lo que ocurre en el país. Y siempre está en su mente la permanente idea de volver para asentarse definitivamente en Paraguay. Pero eso no ocurrirá hasta dentro de unos 12 años, explica.

“Extraño todo, es terrible. Siempre tengo las ganas de estar acá. Hace 32 años que estoy así. No sé cómo explicarlo. Acá me siento en mi casa y allá no. Me he adaptado e integrado, pero no es mi mundo. No me siento totalmente libre, porque tengo que pensar y traducir para poder responder. Allá soy más reservado, no hablo espontáneamente como acá. Eso me cansa. También el clima, ya que durante siete meses hace frío. Me hace falta el sol, así como los amigos. Acá uno tiene tiempo de hablar con la gente, allá no. No hay tiempo para nada. Todo eso me falta”, dice y sus palabras denotan la terrible añoranza.

Para la melancolía

En sus visitas al Paraguay aprovecha para cumplir con rutinas que no puede realizar en Francia. “Lo primero que hago es tomar un colectivo y entrar definitivamente en el ambiente. Tereré no tomo, porque me hace mal. Pero busco el tiempo para hablar libremente con mis amigos, bromear con ellos y también ir a la cancha para ver a mi club, Guaraní. Esas son las sensaciones que me gustan. Cuando hago todo eso, siento como que nunca me fui de acá”, indica el artista.

Otra ritual que cumple durante su estadía temporal en Paraguay es jugar al fútbol, un deporte que lo tuvo en sus filas profesionalmente en clubes como Presidente Hayes, Fernando de la Mora y Potrerito de la Liga del Sur. Ocupaba el puesto de lateral, jugando por izquierda y derecha, y llegó incluso a desplegar su talento en el Líbano, como mediocampista en el Ahali Sarba. Finalmente decidió colgar los botines para dedicarse a la música, en la década del 80.

Sus composiciones reflejan su personalidad y su trajinar por la vida. El arpista se identifica con el creador de la guarania por no estar de acuerdo con las injusticias, la dictadura, la prepotencia ni el abuso de la autoridad, situaciones que vivió de cerca. Siente además que tiene el alma del indígena, siempre en la búsqueda de una tierra sin mal. Así es Ismael Ledesma, el músico paraguayo para quien el arpa es una prolongación de su cuerpo y de su alma.

Texto: Carlos Elbo Morales

Fotos: Fernando Franceschelli.

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