10 feb. 2026

Venezuela: Causas y consecuencias

La operación militar Absolute Resolve (Decisión Firme) se desplegó sin ambages.

Tenía un objetivo claro. Entrar al espacio aéreo venezolano y secuestrar a Nicolás Maduro y su esposa. Poco importaba que el plan violase el artículo 2.4 de la Carta de Naciones. Se trataba de capturar a un narcoterrorista y presidente ilegítimo. La operación se hizo sin fisuras y con apoyo de adentro de la propia seguridad madurista. Generando expectativas en la diáspora y oposición venezolanas. Convencidos estos de que así se daba un primer paso hacia la libertad y la democracia en su país.

A pesar del optimismo señalado más arriba, con el correr de las horas y los días, el análisis fue desentrañando una maraña mucho más compleja de razones por las cuales EEUU tomó la decisión. La mayoría no tiene que ver con la libertad y la democracia, sino más bien con los intereses geoestratégicos del poder hegemónico. Capturar al líder del Cártel de los Soles y desencadenar un proceso de transición era el revestimiento. Las motivaciones reales, eran otras. Se trataba de la apropiación del petróleo venezolano; se ha insistido en la recuperación de rentas perdidas por las compañías petroleras americanas a raíz de la nacionalización del 70. Por otro lado, se trata de la eliminación de la presencia de China, Irán y Rusia en el Hemisferio Occidental. Se ha mencionado también la extracción de minerales estratégicos (tantalio, cobalto, tierras raras) en el arco minero del río Orinoco. Por otro lado, se dice que la acción es parte de un proceso de estrangulamiento económico de Cuba con el fin de que esta se quiebre; objetivo acariciado por Marco Rubio. Finalmente, no hay que menospreciar a los que interpretan el suceso como un elemento distractor destinado a ponerle paños fríos al creciente descontento con la administración de Trump, según los últimos sondeos de opinión.

Las consecuencias de la acción son varias y serias. Por lo pronto, podemos señalar las repercusiones del control de las entradas y salidas de buques petroleros. Ello está afectando lo que se llama el sistema de navegación en la sombra, por el que circulan navíos que mueven bienes destinados y controlados por Rusia, China e Irán, como el caso de la nave Bella 1 detenida cerca de Islandia. China es uno de los principales recipientes del petróleo de Venezuela, aunque no representa más del 4% de sus importaciones. Esto enerva las tensiones entre los poderes y pone en peligro la paz mundial. Por otro lado, también han surgido más dudas que certezas sobre lo que significa que Estados Unidos vaya a “manejar” Venezuela; surgen interrogantes sobre si la administración Trump tiene un plan claro. Mientras tanto, la región se encuentra dividida en sus opiniones y posicionamientos, incapaz de llegar a un acuerdo sobre qué es lo que hay que priorizar.

En esa búsqueda de qué priorizar, desde una perspectiva latinoamericana, nos parece que el punto de partida ineludible es la emergencia de un nuevo tipo de imperialismo americano. Uno que declara abiertamente su desapego al derecho internacional y que está dispuesto a usar su enorme poderío militar para avanzar sus intereses. Muchos de ellos relacionados con la extracción de recursos naturales.

Puede que en algún punto del proceso se llegue a una transición democrática en Venezuela y que eso redunde en beneficio de los venezolanos. Ojalá que así sea. Sin embargo, eso no será sino un efecto colateral. La cuestión es cómo deben los países grandes, intermedios y pequeños de la región procesar la presencia de un actor “anárquico” y militarmente inigualable, ubicado al margen del derecho internacional. En última instancia, ver cómo resguardar la soberanía y dignidad en un contexto de total asimetría.

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