23 abr. 2024

“Vamos a necesitar cirujanos en la ANR para estetizar cicatrices”

Nicanor Duarte Frutos se muestra a favor de un consenso entre el oficialismo y el cartismo.

Consenso sobre grandes temas. El ex presidente señala que el Partido Colorado debe ser escenario de debate sobre grandes temas, como la reforma tributaria, la narcopolítica y otros.

Consenso sobre grandes temas. El ex presidente señala que el Partido Colorado debe ser escenario de debate sobre grandes temas, como la reforma tributaria, la narcopolítica y otros.

Foto: Raúl Cañete.

@cecicolinas

El ex mandatario y actual titular de la Entidad Binacional Yacyretá reflexiona sobre las bases que deben darse para establecer un consenso en el Partido Colorado. Hace hincapié en que el debate no debe limitarse a la búsqueda de personas para estas elecciones, sino debe incorporar cuestiones que tienen que ver con el funcionamiento del Estado, como una reforma tributaria, la lucha contra la corrupción, como frenar la narcopolítica, la discusión sobre legalización de la marihuana, entre otros temas. Dice que los outsiders no salen bien parados de las administraciones públicas, a excepción de Horacio Cartes, de quien dijo que tuvo un mejor gobierno. En la EBY apunta a que la institución deje de ser una institución con manejo clientelar.

–¿Cómo ve la posibilidad de establecer un consenso en el Partido Colorado?

–A mí me parece estratégico que las dos fuerzas mayoritarias polarizantes del coloradismo, que son Añetete y Honor Colorado, conversen y definan un candidato de consenso para la Junta de Gobierno siempre que esta búsqueda no implique de ninguna manera la cancelación del debate, de la competencia interna. Lo que veo es que mientras el otro partido histórico que es el PLRA aparentemente va camino a un cisma por posiciones irreconciliables entre sus líderes, que se amenazan con expulsiones mutuas en una próxima convención, el coloradismo va por un camino opuesto, hacia la construcción con grandes acuerdos de consensos para garantizar la gobernabilidad y la victoria de vuelta de nuestro partido en el 2023.

–¿Qué se va a necesitar para lograr un consenso?

–Vamos a necesitar muchos cirujanos estéticos, no solamente para cicatrizar sino para estetizar las cicatrices, porque las cicatrices están ahí. Por otro lado, no debemos evitar la controversia política. El partido no debe temer a la controversia política, debe más bien buscar que la controversia no derive en confrontaciones estériles, sino en debates públicos sobre cuestiones de fondo: qué modelo productivo necesita el país para las próximas décadas, cuál debe ser el rol de la ciencia y la tecnología en nuestro desarrollo, cómo posicionarnos en un momento donde la globalización es impugnada ya no por el altermundismo sino por las potencias hegemónicas del primer mundo. También debemos discutir sobre qué políticas públicas debemos implementar en la educación, la salud o en el combate de las desigualdades. Para lograr esto, la controversia política no debe darse en el vacío, sino al interior de un marco procedimental eficaz.

–¿Quién es para usted el candidato ideal para la Junta de Gobierno en este momento?

–No tengo ninguna preferencia. La búsqueda de consenso no debe significar el cierre de la controversia, la cancelación de las internas o la impugnación de cualquier correligionario que pretenda disputar la presidencia de la Junta de Gobierno. Veremos quiénes son los candidatos. Si decimos que queremos consensuar solamente sobre una persona que conduzca el partido, estamos hablando de un acuerdo empobrecedor porque necesitamos acordar sobre los grandes temas.

–Usted habla de debatir ideas y proyectos en el Partido Colorado, donde justamente no hay espacio para el debate desde que asumió Pedro Alliana de la mano de Horacio Cartes...

–Todos somos responsables en la dirigencia de cómo funciona un partido. Pedro Alliana no puede ser el único responsable de las cosas que no funcionan ni el único reconocido por los éxitos partidarios. Alliana no deja de ser un presidente que ha generado cierto consenso. Necesitamos incorporar los grandes temas, por eso el consenso no debe agotarse en la búsqueda de un sujeto que satisfaga las demandas de unidad.

–En cuanto a uno de los grandes temas que mencionó, la reforma tributaria. ¿Cómo hablar de eso en el Partido Colorado, si el cartismo no tiene interés en el impuesto al tabaco?

–La posición de Cartes (sobre impuesto al tabaco) se tiene que escuchar y analizar, discutir con franqueza. Ningún país puede sostener su desarrollo sobre un endeudamiento con una baja presión tributaria porque en algún momento esto puede explotar, de modo que tenemos que discutir en el Partido Colorado y llegar a acuerdos sobre una reforma tributaria, de una reforma impositiva que sea más justa, menos regresiva, de modo que tengamos mayores recursos para el desarrollo humano, la educación, la ciencia, la salud y la tecnología. El impuesto selectivo al consumo debe ser objeto de debate y de posiciones coherentes. Es un tema sensible, pero si en el partido no empezamos a hablar de estas cosas, ¿qué entusiasmo, qué adhesión, qué proyección de poder en el futuro vamos a articular?

–Las discusiones importantes se evaden...

–Lo que a mí me preocupa es que en la oposición tampoco hay debate, posiciones vanguardistas, relatos que planteen una transformación del Estado como un lugar con el compromiso con el bienestar general y no como un lugar para legitimar posiciones corporativas, de camarillas. Esto es realmente alarmante porque no veo en mi partido, en la oposición tradicional ni en los partidos emergentes una discusión sobre modelos alternativos.

–En este escenario, el Partido Colorado es el que sigue teniendo la pelota en su cancha...

–Para mí el coloradismo sigue siendo un gran partido de masa que necesita una orientación de espacios de diálogo entre las cúpulas, los sectores medios y las bases. El coloradismo debe pensar en una reconciliación con la sociedad. Para ello debe superar un mal visible, que es la crisis de representación.

La mayoría de los representantes en el Congreso, del partido que fuera, no representan a sus representados. Los bloques que se forman en el Congreso parecen ocuparse de defender sus propios intereses, en abroquelarse para sostener privilegios y evitar en muchos casos las manos de la Justicia.

–En ese sentido, vimos recientemente el caso de Miguel Cuevas.

–Tenemos que ser más justos, si vamos a hablar de actores políticos que chicanean, vamos a hablar de Enzo Cardozo, de Luis Ortigoza, ex titular del Indert, que está buscando cómo zafarse de la Justicia. Vamos a hablar de los ministros de Fernando Lugo, cuya mayoría de ministros están procesados. No es que el chicaneo o el espíritu corporativo para evadir la Justicia se da solamente en el coloradismo, de ahí es que hay una grave y creciente desconfianza de la sociedad hacia los partidos políticos y esto tiene que ver con la necesidad de fortalecer la institucionalidad, trabajar por una mayor independencia del Poder Judicial, y creo que en ese sentido el presidente Mario Abdo Benítez está dando muestras de voluntad para que los jueces actúen libremente, para que el Poder Judicial se emancipe de los grupos políticos de presión que buscan torcer sus funciones. Como nunca, en ningún gobierno, hoy los más pintados de la dirigencia nacional están siendo procesados y muchos ya están en la cárcel. Se pretende enfatizar de manera inconsciente que todos los males y vicios están en el Partido Colorado y no en los otros. Finalmente, los seres humanos somos iguales con debilidades y fortalezas.

–En el marco del consenso, un referente dijo que ambos movimientos se necesitan y que por ello se quiere consensuar. Aseguró que Cartes está en retirada.

–En la política nadie se retira y la posiciones son dinámicas. No hay lugar para el anclaje estable en la política. Yo creo que la decisión de Cartes y del oficialismo a través de José Alberto Alderete tiene que ver con la necesidad de establecer un poco de pacificación y entendimiento básicos para construir una gobernabilidad que nos permita un crecimiento económico con mayor inclusión social, presupuestos razonables y otros acuerdos.

–¿Qué opinión tiene de la posibilidad de que un outsider pueda ser candidato en Asunción?

–No estoy mirando candidatos. Para mí todos los outsiders han sido un fracaso. Lugo no ha sido un éxito, no pudo culminar su gobierno, su gobierno se convirtió en una torre de Babel. Wasmosy no sé si hizo un buen gobierno o no. Cubas Grau cayó al sexto mes y Cartes es quien tuvo un mejor desempeño entre los outsiders, más allá de los intentos de enmienda. No creo mucho en los outsiders. Si bien los partidos políticos han generado mucho repudio, sin embargo tendríamos que imaginarnos cómo construir la democracia sin partidos políticos. Los partidos políticos son cuestionados por la actuación de sus líderes, sin embargo siguen cosechando la mayor cantidad de votos en las elecciones, lo que parecería una contradicción.

–Es común escuchar hablar sobre la falta de liderazgo de Mario Abdo Benítez en su gabinete...

–Son posiciones políticas que se debaten desde lugares de la oposición y desde algunos medios de comunicación. Nosotros vivimos el tiempo de los derechos de las minorías, de la pluralidad radical. Un presidente no puede gobernar desde el dogmatismo, desde la imposición, desde la verticalidad una sociedad que ha cambiado radicalmente. Cuando yo era presidente me trataron de déspota, autoritario, porque probablemente lo era. Ha sido otro tiempo. El presidente debe construir diariamente la legitimidad de su acción y necesita articular con los diversos estamentos. Yo creo que hay una conducción distinta a la que los paraguayos estamos acostumbrados y amamos. A veces simulamos que no nos gusta. La historia política está marcada por el autoritarismo. El advenimiento de la democracia se produce en 1989. El Paraguay nunca tuvo democracia a lo largo de su historia ni posindependencia, ni en los 40 años de liberalismo, donde no se conocieron competencias democráticas reales y obviamente en los 35 años de stronismo tampoco. La cultura del autoritarismo ha permeado hasta los tuétanos de la sociedad y muchos siguen soñando con una conducción vertical, pero la sociedad no va a tolerar a un presidente clausurado, que no escucha , que reprime, que no se reúna con sus ministros. Ese tipo de dirección no tiene cabida.

–Recientemente vimos que el ministro Eduardo Petta fue protagonista de sucesivas noticias por errores en los libros y su egolatría. ¿Usted como ex ministro de Educación cree que Eduardo Petta debe seguir en ese cargo?

–El presidente tiene la potestad de nombrar y remover ministros y la sociedad de formular sus críticas positivas o negativas hacia quienes ejercen sillas de autoridad. En el Ministerio de Educación como en cualquier otro ministerio hay aciertos y errores. En el ejercicio de la función pública hay que ser exigentes con quienes cumplen la tarea pagada por las contribuciones del pueblo. Los errores hay que pagar y las consecuencias tenemos que reparar.

–¿A qué obedece la depuración de funcionarios que está realizando en la EBY?

–Necesitamos recuperar el valor del empleo público, que debe ser honrado con dedicación y compromiso con la sociedad. Cuando uno acepta ser funcionario público y lo que hace es la rabonería, la pereza, no puede permanecer en ese lugar. En la EBY y en muchos otros lugares públicos hay importantes bolsones de personas que no tienen ninguna función específica ni relevancia. Necesitamos un sistema de selección de recursos humanos que nunca tuvo la entidad. Estamos trabajando en ello y en 20 días a más tardar estaría funcionando de manera a poner fin a la discrecionalidad y al voluntarismo que siempre primó. No podemos seguir sosteniendo un sistema que genera mucho resentimiento y repudio en la sociedad.

–El caso más sonado fue el de Raulito Sánchez, pero hay más casos. ¿Es así?

–Así es. No tenían roles, recurrían a reposos indebidos. No asistían... estamos investigando. Unos 20 fueron echados y 80 están siendo investigados con auditorías legales e inclusive con auditorías médicas que evalúen la veracidad de los certificados de reposo y los diagnósticos.

–Indigna la cantidad de funcionarios que ingresa a la EBY cada periodo y los altos salarios.

–Creo que la EBY tiene que funcionar con menos funcionarios, terminar con la clientela política que repitieron todos los partidos que estuvieron en el gobierno. En el Paraguay gobernaron todos. La EBY siempre se utilizó como la caja, dicen qué. Nosotros queremos terminar con eso de que la entidad sea la caja oculta de los procesos electorales y vamos a demostrar que eso es posible...

–¿Cuál es su objetivo en la EBY?

–Este año queremos revisar el Anexo C que tiene que ver con el reordenamiento financiero, la nota reversal Cartes–Macri, que todavía no fue aprobada por el Congreso argentino, pero me dijeron que el Gobierno está interesado en homologar lo que aquí ya se resolvió. Queremos culminar la repotenciación de las 20 turbinas. Estamos reparando 17 turbinas. Queremos terminar la línea paraguaya que nos permita el usufructo de nuestra energía, que nos corresponde y que fue un logro. A pesar de las objeciones avanzamos en la habilitación de la LP1 sin ningún tipo de restricción. Queremos iniciar en poco más las obras de Añá Cuá, adjudicadas a mitad de los precios que en algún momento se publicaron como referenciales.

Estamos hablando con los argentinos para el pago de la morosidad en concepto de cesión de energía. Hoy tenemos una deuda de 100 millones de dólares, aproximadamente.

–¿Podrá pagar Argentina esa deuda, teniendo en cuenta su sobreendeudamiento?

–Estamos preocupados y empezamos el diálogo a nivel de las altas partes para hablar de los problemas financieros. No tenemos director de la binacional del lado argentino desde hace 3 meses, lo cual hace que estemos prácticamente paralizados.

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