El reciente episodio en el que una mujer, que se encontraba corriendo en el Parque Guasu Metropolitano, en Asunción, la mañana del domingo, fue atacada por un hombre que la llevó a un matorral y abusó sexualmente de ella, nos muestra claramente el nivel de impunidad con el que operan los agresores machistas. Al mismo tiempo, exhibe la lamentable realidad de desprotección de las mujeres por parte de las instituciones del Estado. Es urgente un cambio de mentalidad que deje de justificar este tipo de acciones contra las mujeres.
Cuando a plena luz del día una mujer es atacada sexualmente en un espacio público con absoluta impunidad, no cabe duda de que nos encontramos ante un grave problema.
Una joven corredora fue atacada sexualmente por un hombre dentro del Parque Guasu Metropolitano, en Asunción, el pasado domingo. La joven fue manoseada, despojada de su ropa y el atacante intentó además ahorcarla; al final, el atacante dejó en el lugar la ropa y todas las pertenencias que le había arrebatado, el teléfono celular, reloj, llave del vehículo, y otros objetos. “No llevó nada, su intención era violarme”, había afirmado la víctima.
Este hecho nos ubica ante una realidad que ya no es posible que como sociedad la sigamos ignorando. No se trata de un hecho aislado, sino que forma parte de la cultura de la violencia machista que a diario cobra decenas de víctimas. Lamentablemente son cotidianos los casos de acoso, de abuso, y de formas de violencia extrema que tristemente suelen terminar con feminicidio.
Tras los hechos, el ente administrador del parque, el Ministerio de Obras, ha anunciado que se instalarán cámaras, habrá un monitoreo, además, a partir de ahora se pedirán cédulas a cada persona que ingresa con el número de chapa.
Por su parte, la organización Salvemos el Parque Guasu, a través de un comunicado recuerda que desde hace más de dos años vienen planteando los “problemas de seguridad, la falta de iluminación, el puesto de salud con mucha publicidad, pero pocos elementos de emergencia; el orden de circulación, demarcación, mantenimiento y su limpieza para lograr una convivencia armónica entre el público usuario, flora y fauna”. También critican que “casi siempre se actúa luego de las desgracias ocurridas”.
En el Paraguay se han hecho algunos avances para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas; uno de ellos es la Ley 5777 “De Protección Integral de las Mujeres Contra Toda Forma de Violencia”, que tiene por finalidad, promover y garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, y establece que la violencia feminicida es la que conduce a la muerte o inflinge daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, patrimonial o económico a la mujer, solamente por su condición de mujer. La ley establece incluso penas de cárcel de 10 a 30 años para los feminicidas. No obstante, resulta evidente que, a pesar de las penas y la legislación, es mucho el trabajo pendiente para erradicar la violencia.
Es grande la tarea pendiente. Así lo atestiguan las pruebas de los cotidianos hechos de violencia y brutalidad cometidos contra las mujeres, y el primer paso es reconocer que nos queda mucho por hacer como sociedad y como Estado para poner un freno a la violencia de género. Esto significa que se debe analizar en qué se está fallando, si incluso con una herramienta legal y con instituciones, la violencia machista sigue ganando espacio.
Hace apenas unos meses, el Gobierno había presentado su Estrategia Integral para la Protección de la Familia, que contemplaba la evaluación de riesgos para la prevención de los feminicidios y un mayor involucramiento de la sociedad para eliminar la violencia dentro de las familias. Lamentablemente, todo aparentemente quedó en una estrategia comunicacional, que no evolucionó en las necesarias políticas públicas basadas en la realidad y los datos.
Paraguay debe hacer mayores esfuerzos por cambiar la cultura machista, y, sin duda, la clave está en la educación, para poder destruir la histórica visión machista de ver a las mujeres como objetos, y no como sujetos de derechos.
Porque todos los paraguayos merecen vivir con bienestar y en ambientes seguros.