La filmación del castigo físico del que fue objeto una niña de 7 años por parte de su madre y su posterior difusión en las redes sociales, despertó nuevamente en la sociedad un debate sobre la eventual diferencia entre corrección mediante el castigo corporal y violencia extrema.
Al respecto, la Unicef señala que estos hechos son muestras claras de que “ambas formas de corrección no pueden ser aceptadas y que es muy fácil sobrepasar el límite”.
“En realidad se trata de una cuestión de principios ¿por qué estaría bien golpear a un niño, niña y adolescentes si no está socialmente aceptado golpear a un adulto o a una mujer para resolver los conflictos? ¿Acaso no son personas iguales e inclusive más indefensas?”, indica el comunicado difundido a los medios de comunicación.
Un estudio realizado por Unicef y la Ong Beca, en Paraguay, durante el 2009, en una población representativa a nivel nacional de niños y niñas en edad escolar, reveló que el 61 % recibía algún tipo de violencia por parte de su familia.
Para la Unicef, un aspecto llamativo es que la mayoría de los casos de violencia están catalogados como del tipo grave con un 35% (golpes con objetos, patadas, quemaduras, etc.), frente a 13% de violencia psicológica y 13% de violencia física leve (por ejemplo, nalgadas). “El maltrato psicológico es aquel que implica menosprecio e insultos entre otras cosas. Esto es relevante si tenemos en cuenta que la mayoría recordó haber recibido más castigo físico severo en el país entre los 3 y 5 años”.
Los especialistas señalan que el niño frecuentemente no recuerda la razón por la cual se lo golpea, y sólo evitará comportarse mal si se siente amenazado de ser golpeado. “Este tipo de castigo les lleva a ciertos comportamientos por puro temor: no les ayuda a querer comportarse bien, ni les enseña autodisciplina ni alternativas”, señala el organismo.
En el informe, afirman que incluso un niño de 2 años puede llegar a distanciarse de sus progenitores si reciben castigos físicos, en este caso deliberados. “Parte de la lección para el niño o niña es que el progenitor es una fuente de dolor a ser evitada”.
Es claro que la violencia no educa y tiene consecuencias inmediatas, más visibles en niños y niñas, asegura la Unicef. Los niños que sufren este tipo de violencia tienen problemas en el aprendizaje, retraso en el desarrollo físico, lesiones que causan -en el peor de los casos- la muerte, y a esto se suma la terrible experiencia por la que debe pasar el niño al observar un trato doloroso o degradante que ni siquiera pueden entender y tampoco pueden impedir.
“Estas consecuencias incluyen sensaciones de rechazo y abandono, se originan los sentimientos de desprecio, trauma, temor, ansiedad, inseguridad y pérdida de autoestima”, señala el comunicado, instando finalmente a eliminar la violencia a la hora de educar a los más pequeños.