12 feb. 2026

Un reformista es electo presidente de Irán y promete acercarse a Occidente

Masud Pezeshkian, un político moderado que aboga por mejorar las relaciones con Occidente, se impuso ayer en la segunda vuelta de las presidenciales en Irán frente al ultraconservador Said Jalili.

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Limitación. El presidente iraní decide solo en cuestiones nacionales, no en política exterior.

efe

El reformista Masud Pezeshkian se impuso en las elecciones presidenciales iraníes con promesas de acercamiento a Occidente y de relajación del velo, medidas aperturistas en medio del enorme descontento de parte de la población en la República Islámica de Irán.

Pezeshkian devuelve así al poder a los reformistas, bloque político que busca cierta apertura del país, casi 20 años después del mandato del ex presidente Mohamed Jatamí (1997-2005), quien insufló a Irán ciertos aires de apertura, y con quien entró en política en el año 2000 como ministro de Sanidad.

De hecho ha presentado durante la campaña su hipotético gobierno como un “tercer mandato” de Jatamí, además de haberse rodeado de ministros del ex presidente moderado Hasan Rohaní (2013-2021).

Pezeshkian obtuvo más de 16 millones de votos, cerca del 54% de los sufragios, y su rival Jalili sumó más de 13 millones, cerca de 44% de las más de 30 millones de papeletas escrutadas, informó el portavoz de la autoridad electoral, Mohsen Eslami.

La participación electoral se situó en 49,8%, añadió el portavoz. En la primera vuelta el 28 de junio, había sido del 39,92%, el nivel más bajo en los 45 años de histórica de la República Islámica de Irán.

“El camino que tenemos por delante es difícil. Solo será fácil con su cooperación, empatía y confianza. Les tiendo la mano”, declaró Pezeshkian, de 69 años, en la red social X tras su victoria.

Unos 61 millones de electores estaban llamados a las urnas para la segunda vuelta.

CLIMA CALIENTE. Los comicios, anticipados tras la muerte del presidente ultraconservador Ebrahim Raisi en un accidente de helicóptero el 19 de mayo, se desarrollaron en un contexto de descontento de la población por la situación de la economía, muy lastrada por las sanciones occidentales.

La comunidad internacional siguió las elecciones de cerca, a raíz de las tensiones en Oriente Medio provocadas por la guerra en Gaza, y de la pugna con las potencias occidentales derivadas del programa nuclear iraní.

Las negociaciones sobre este programa están en un punto muerto desde 2018, cuando Estados Unidos se retiró del pacto internacional firmado en 2015.

“Sus votos le han dado esperanza a una sociedad sumida en un clima de insatisfacción”, afirmó el presidente electo en un discurso de agradecimiento a sus partidarios el sábado en el recinto del mausoleo del imán Jomeini, fundador de la República Islámica, cerca de Teherán.

“No hice falsas promesas en esta elección, no dije nada que no pueda cumplir”, aseguró.

Imágenes difundidas por los medios locales mostraron seguidores del reformista expresar su alegría en las calles de la capital Teherán y Tabriz, en el noroeste, incluso antes del anuncio oficial de los resultados.

“Estamos muy felices de que Pezeshkian haya ganado. Necesitamos un presidente culto para resolver nuestros problemas económicos”, afirmó Abolfazl, un arquitecto de 40 años.

Roya, ama de casa de 50 años, expresó su indiferencia por el resultado. “Estos [candidatos] solo lanzan eslóganes. Cuando llegan al poder, no hacen nada por el pueblo”, opinó.

Pezeshkian, un médico de origen azerí, fue el único reformista autorizado a concurrir y contó con el apoyo de varios ex presidentes, como el reformista Mohammad Jatami y el moderado Hasan Rohani.

En Irán, el presidente tiene poderes limitados y es el responsable de aplicar las principales líneas políticas marcadas por el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

El ayatolá felicitó a Pezeshkian y le instó a “continuar el camino del mártir Raisi y utilizar las muchas capacidades del país, especialmente la juventud revolucionaria y fiel, para el bienestar del pueblo y el progreso del país”.

Pezeshkian afirma su lealtad a la República Islámica, pero al mismo tiempo, defiende un acercamiento entre Irán y los países occidentales, con Estados Unidos –archienemigo de Teherán– a la cabeza, para levantar las sanciones que están lastrando a la economía.

También cuestionó el uso de la fuerza por parte de la policía para aplicar las leyes sobre el uso obligatorio del velo para las mujeres, que rigen desde Revolución Islámica de 1979.

Cierto escepticismo En las elecciones estaban llamados a las urnas 61 millones de iraníes y votó un 49,8% del electorado, lo que supone una mejora respecto al 39,9% de la primera vuelta. Ese 39,9% supuso el récord de abstención en la historia de la República Islámica de Irán, que siempre ha dado mucha importancia a la participación como prueba del apoyo popular y de su legitimidad. “No me interesa la política, importa quién gobierna en este país”, dijo una joven estudiante de piano, que no votó y no cree que vaya a mejorar la situación con el nuevo presidente. EFE

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