La elección de un Papa se atribuye a la intervención del Espíritu Santo, pero a lo largo de la historia de la Iglesia Católica, la política se ha confundido a menudo con las actividades pastorales y los Papas no han esquivado el bulto a la hora de influir en los Gobiernos. Por eso la paloma no siempre tiene la última palabra.
Es que desde la coronación de Carlomagno como emperador en el año 800 a manos de León III, hasta la intervención de Juan Pablo II a favor de las movilizaciones en su natal Polonia en 1980, la política no ha sido extraña al Vaticano, pues la elección del Sumo Pontífice suele tener consecuencias que exceden el ámbito religioso. Y Jorge Bergoglio no es la excepción.
Su biografía está recogida en diversos artículos, y las notas al respecto se han multiplicado, comprensiblemente, después de su consagración como Papa. Es la historia oficial y en la página del Vaticano se puede leer un relatorio completo de la vida del actual Pontífice y de su carrera sacerdotal. Pero, para conocer los claros y los oscuros de una vida llena de matices, hay que escuchar también a quienes no son sus partidarios.
A la silla
La elección de Jorge Bergoglio como Papa en 2013 generó situaciones inéditas en la milenaria historia de la Iglesia Católica: no solo es el primer jesuita en ocupar el solio de Pedro, sino también el primer latinoamericano.
Mucho se ha dicho sobre los motivos que influyeron en la designación del cardenal argentino como nuevo Papa, tras la renuncia de Benedicto XVI. Las presunciones de que, con la elección de Francisco, el Vaticano pretendía lavar el rostro de una Iglesia acosada por las acusaciones de corrupción y de proteger a sacerdotes abusadores de menores parecieron confirmarse luego.
El nuevo Papa no tardó en condenar a los curas pedófilos y en tomar acciones concretas en contra de ellos. También renunció a la pompa vaticana y a la parafernalia que rodea al Sumo Pontífice.
Pero estas actitudes también son consideradas demagógicas por sus detractores, quienes sostienen que la asunción de Bergoglio solo responde a la necesidad de maquillar el viejo rostro de la Iglesia y cambiar para que todo siga igual. Las contradicciones parecen marcar la vida y la carrera del Papa actual, y hasta su actuación política muestra más de una faceta.
Muchacho peronista
Bergoglio se acercó al peronismo en su juventud, presumiblemente porque este adoptó la doctrina social de la Iglesia, a la que el futuro Papa se adhería. Existen versiones que lo vinculan con la Juventud Peronista y, concretamente, con Guardia de Hierro, una agrupación de derecha conformada por seguidores de Juan Domingo Perón e inspirada en un movimiento fascista y racista rumano, del cual tomó el nombre.
Sin embargo, el fundador de Guardia de Hierro, Alejandro Álvarez, negó que Bergoglio haya militado en la agrupación, aunque sí reconoció que el sacerdote era un amigo cercano del movimiento y aseguró que era peronista.
Guardia de Hierro se definía ideológicamente como perteneciente al nacionalismo populista, que predica la armonía de clases —tomando distancia de los imperialismos, tanto de Estados Unidos como de la Unión Soviética— y la supresión del comunismo por ser una ideología materialista.
A la agrupación se la acusa de haber colaborado con la dictadura militar que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, específicamente con el jefe de la Armada, el almirante Eduardo Emilio Massera. La supuesta pertenencia de Bergoglio a Guardia de Hierro y la cercanía del movimiento con el marino le traerían, más tarde, dolores de cabeza al cardenal.
En efecto, el periodista Horacio Verbitsky —en un artículo publicado en 2010 en el diario Página 12 con el título de Operación cónclave— afirma que Bergoglio, provincial de la Compañía de Jesús en ese momento, tuvo que ver en el secuestro de los jesuitas Francisco Jalics y Osvaldo Yorio, en 1976, a manos de la dictadura, no solo por omisión, sino que incluso los habría delatado. Ambos religiosos estuvieron presos en las celdas de la Armada.
A Bergoglio también se le señala como cómplice, por su silencio, de la apropiación de bebés, de la cual habría tenido conocimiento en 1977. El entonces provincial jesuita está acusado de haberse desentendido de un caso en particular: el del nieto de Licha de la Cuadra —la primera presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo—, a quien le comunicó por un intermediario que, según sus indagaciones, el niño estaba en manos de una buena familia cristiana.
Pero al Papa le han salido defensores de prestigio, como el Premio Nobel de la Paz y luchador por los derechos humanos Adolfo Pérez Esquivel —quien dijo que el Pontífice nada tuvo que ver con la dictadura— y la presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, quien le ofreció disculpas por haber creído “las mentiras” con las que lo acusaron.
A las versiones de haber sido tibio durante la dictadura militar en Argentina, se le oponen las declaraciones de quienes vieron su trabajo en las villas miseria y los testimonios y documentos presentados por quienes aseguran que el jesuita realizó gestiones ante los jefes militares para rescatar a las víctimas del terrorismo de Estado.
Bergoglio también fue un crítico de los Kirchner y estuvo enfrentado tanto con Néstor como con su esposa, Cristina, a quienes se opuso durante la crisis con los productores agropecuarios.
Buenos amigos
No obstante, la relación con la mandataria argentina hoy está recompuesta, al punto de que la oposición a Cristina fustiga el actual acercamiento entre Francisco y la presidenta, sobre todo en un año electoral.
La ley que aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo también fue un punto de fricción entre el Gobierno argentino y Bergoglio; y una muestra de que el Papa, a pesar de los gestos de apertura hacia la comunidad gay, sigue defendiendo la postura conservadora de la Iglesia en este campo.
Sus críticas al capitalismo y su encíclica Laudato si (Alabado seas), en la que responsabiliza del cambio climático a las naciones industrializadas, le han valido recientemente ser tildado de comunista en Estados Unidos.
En su encíclica, Francisco tampoco ha perdido la oportunidad de volver a referirse a Paraguay. En ella no solo reclama atención y cuidado del medioambiente, sino que también menciona el derecho a la tierra por parte de los campesinos paraguayos y hace referencia a la carta pastoral El campesino paraguayo y la tierra, de la Conferencia Episcopal Paraguaya del 12 de junio de 1983.
Más allá de las eventuales contradicciones, Francisco no dejó de ser coherente a la hora de hacer evidente su compromiso social y con los más pobres. El nombre elegido para su pontificado, más que una señal, es un sello de compromiso.
Fotos: EFE.
El camino a Roma
Jorge Mario Bergoglio nació en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936. Hijo de inmigrantes piamonteses, su padre, Mario, era contador, empleado en el ferrocarril; su madre, Regina Sivori, era ama de casa y se ocupaba de la educación de los cinco hijos del matrimonio.
El joven Bergoglio se graduó como técnico químico, y decidió abrazar el sacerdocio entrando en el seminario diocesano de Villa Devoto. Fue profesor de literatura y sicología. De 1967 a 1970 estudió teología en el colegio San José, y obtuvo la licenciatura.
El 13 de diciembre de 1969 recibió la ordenación sacerdotal y en 1973 fue elegido provincial de los jesuitas de Argentina, tarea que desempeñó durante seis años.
Juan Pablo II lo hizo cardenal en el Consistorio del 21 de febrero de 2001, asignándole el título de San Roberto Belarmino. En abril de 2005, tomó parte en el cónclave en el que fue elegido Benedicto XVI. El 13 de marzo de 2013 fue designado Papa y adoptó el nombre de Francisco.
Más detalles de la biografía de Jorge Bergoglio se pueden encontrar en la página oficial del Vaticano: www.vatican.va (tiene opciones de idioma).