Todos los países del mundo cuentan con archivos. Aun aquellos que en algún momento de su historia no tuvieron un territorio físico para el asentamiento de su población, pero que gracias a los documentos que certificaban su existencia, pudieron conservar la memoria. Instrumento fundamental para “la voluntad de ser, la fe soberana que centuplica las fuerzas y acrecienta la energía moral, motor de todas las grandes cosas que se hacen en el mundo”, concepto que nos legara Manuel Domínguez.
Al Paraguay le robaron al parecer esa “voluntad de ser” y su misma memoria cuando los brasileños se llevaron sus archivos tras la Guerra de la Triple Alianza. A juzgar por el escaso interés de sus autoridades por recuperarlos. Porque no ha habido –que se conozca– una manifestación concreta para gestionar al menos un retorno de estos, aunque fuera en un formato digital, de manera a verificar su contenido y realizar los análisis y juicios adecuados sobre lo que nos afectara como sobre toda nuestra historia.
En su libro de memorias, el Cnel. Juan Crisóstomo Centurión refiere los detalles de esta sustracción hecho concretado tras la Batalla de Pirivevyi, el 12 de agosto de 1866:
“...El archivo nacional fue sacado de sus depósitos y desparramado en medio de la plaza. Los soldados faltos de leña para cocinar sus pucheros, hicieron uso de los legajos como tizones para alimentar el fuego de sus fogatas (...). Mas tarde el archivo fue enviado al ministro Paranhos quien dispuso su traslación (sic) a Río de Janeiro”.
Sobre el mismo hecho, el historiador brasileño Fernando Batista afirma: “....Al saber que el archivo paraguayo, toda la documentación que probaba la existencia del Paraguay como entidad administrativa desde 1542 hasta 1869 había caído en manos del enemigo, el presidente López por poco no fue atacado de un mal súbito (...)
“¡Una verdadera tragedia!”, termina exclamando el citado historiador, en su libro “Madame Lynch. Mujer de mundo y de guerra” (Pág. 345).
En el libro “El Napoleón del Plata”, Manlio Cancogni e Iván Boris, historiadores italianos, lo confirman: “Los brasileros entraron en la ciudad (Pirivevyi) buscando a López por todas partes; rebuscaron en los Ministerios que fueron saqueados, en los hospitales, en la casa del presidente. López no estaba” (Pág. 255).
Tras la mencionada batalla, el archivo “más importante del Río de la Plata y uno de los más ricos de la América del Sud” fue depredado de la manera más ruin. Tras el fuego que consumió una parte importante de dicho archivo, acción ejecutada por los soldados del Imperio para atenuar el rigor de las frías noches invernales, Jose Maria da Silva Paranhos hizo juntar el resto y los hizo acondicionar en dos remesas hasta Asunción. Desde donde serían conducidos a Río de Janeiro para convertirse en la famosa colección Rio Branco. Pero no sólo papeles del Archivo Nacional salieron de Pirivevyi en esa ocasión. También los caudales públicos guardados allí fueron objeto del pillaje imperial..
Este acontecimiento es definitivamente la razón más importante por la que los paraguayos ignoramos muchos detalles de nuestro pasado. Los que promueven al mismo tiempo las mayores discrepancias y confrontaciones en las que solemos incurrir. Tanto como ignoramos los detalles de los últimos tramos de la guerra y especialmente lo acontecido en Cerro Corá en el día final de la contienda, cuando la muerte e inhumación de los restos del Mariscal.
Y fue también la razón principal por la que el Gobierno nacional instalado tras el “golpe de Febrero de 1936”, cometió tantos errores, comprometido a restaurar la memoria de López y trasladar sus restos hasta la capital, sin indagar mucho sobre el asunto. Momentos en los que no estaba precisamente en la mente de las autoridades, la voluntad de saber todo lo necesario sobre sucesos que promovían –y promueven todavía– enormes controversias y pasiones en el alma del colectivo nacional.
Y con relación a los documentos que en los últimos tiempos fueron llegando desde archivos brasileños, es posible que las autoridades de ese país hayan diseñado este misterioso “goteo” de documentos hacia el Paraguay, con la intención de que discutamos nuevamente sobre nuestra historia y sus protagonistas.
Pues los documentos ahora conocidos –supuestamente apócrifos o supuestamente auténticos– solo hicieron que la duda se instalara nuevamente entre nosotros. Como para que renovemos con ella, las discusiones y la hostilidad como sucede cada vez que hablamos del tema.
Aunque debemos considerar también que lo conseguido con el mecanismo “disuelve” al mismo tiempo el conjunto del Archivo, precisamente una de las razones de su importancia. Porque despedazados ahora en tantas partes como interesados haya en comprar sus componentes, la colección ha perdido el valor que se consigue en la “totalidad”. Lo que sucede cuando los documentos “salen” del debido contexto, cronológico e histórico, que requieren para ser investigados.
Pérfidamente simple….
- “Los documentos ahora conocidos -supuestamente apócrifos o auténticos- sólo hicieron que la duda se instalara nuevamente entre nosotros”.