Emprendedora e innovadora en el mundo del diseño gastronómico, Verónica Pardo comparte con Vida una charla en la que deja claro que su universo gira en torno a sus dos soles: Laia y Paula.
Antes de que el sol asome por el horizonte, alrededor de las 5.30, Verónica Pardo (35) inicia otra jornada, respondiendo los mails o saliendo a correr. Luego, durante el resto del día, la diseñadora distribuirá su tiempo atendiendo a los clientes a quienes enviará los pedidos o mostrará nuevos trabajos. También las horas irán marchando entre las reuniones con empresarios para ver mercados ya abiertos y otros futuros, con las tejedoras (negocia con cerca de 100) y las personas que la acompañan en su empresa; un ritmo frenético que se extenderá hasta que el astro rey, ya bien oculto, ceda su espacio a las estrellas. Pero ya cuando las agitadas aguas de la rutina diaria estén más calmadas, dedicará su tiempo a sus dos hijas, Laia (6) y Paula (3), los soles que iluminan su vida y la de su marido, Pablo Ortiz (35). Verónica relata que la alegría comienza cuando despierta a sus nenas para ir al colegio y ellas, con una sonrisa, le responden: “Buenos días, mami”.
La clave
¿Cómo hace una mujer con tantas actividades para poder criar a sus hijos? Verónica responde sin titubear que es difícil, pero que lo logra gracias a la importante ayuda de su marido. Y es que Pablo, quien era profesor de música y ahora se dedica por entero a ayudar a su esposa en la casa y el negocio, cumple el rol de padre con todas las letras. Él se encarga de llevar a las niñas al colegio y también es quien tiene a su cargo la preparación de la comida, cuenta Pardo.
“A lo que hemos llegado también es a la calidad del tiempo, no a la cantidad. Estamos con ellas ciento por ciento, dos o tres horas por día. Jugamos, tratamos de estar lo mejor posible, sin conflictos ni nada. Otra ventaja es que acá en la casa tengo mi negocio. Eso ayuda porque ellas de repente vienen, me dicen que están haciendo algo y entonces tengo los oídos siempre atentos”, explica la empresaria que innovó la manera de vestir de los chefs en el país.
Entre los momentos que comparten juntos, además de los juegos, destaca que se juntan a orar. “Las tres por lo menos lo hacemos, sí o sí. El papá a veces viene muy tarde, por todos los compromisos que tenemos. Esta costumbre la empezamos hace tres años, y nos encanta. Ellas le agradecen a Dios por su día y piden por el siguiente. Hay veces que estamos con gente y pedimos permiso para ir a orar. Somos —detalla Pardo— una familia de valores cristianos”.
Ellas
Los momentos entre la llegada de una y otra niña son bastante diferentes. Cuando Laia nació, su madre y su padre vivían en Barcelona (España). Ella estudiaba y él ejercía su rol de docente. Mientras que cuando lo hizo Paula, la situación económica del matrimonio no era la mejor, cuenta Verónica. Además del talento que poseía para realizar sus creaciones, ya se había recibido y seguía estudiando, pero nadie quería encargarle trabajos porque estaba embarazada. Una semana después de que Paula llegó al mundo, la situación cambió para mejor.
La primera es muy parecida a la madre en su manera de ser, y la segunda al papá, describe Vero. Una es de carácter más tranquilo, y la otra es más explosiva. “Son muy diferentes, pero también iguales. Laia es una nena muy pícara, excelente en el colegio (va a Las Teresas en el preescolar), no tiene problemas con nada, tiene amiguitas mujeres. Es más reflexiva e investiga todo. Y Paula es todo un caso. Es la que tiene amiguitos varones, ya se moqueteó dos veces, ya me mandaron a llamar desde el colegio (la misma institución que su hermana en el nivel prejardín), ya le mordió a alguien, la mordieron a ella. Es la que viene y te canta cuando llega un cliente. Es un show. Y bueno —expresa—, son nuestras alegrías diarias”.
El día a día
Aun siendo muy apegadas a su padre, las niñas también siguen los pasos de su madre, dibujando ellas sus diseños. Ambas quieren ser como ella, señala, y están a su lado en el negocio, incluso asesorando. “Mis hijas quieren ser como yo. La vez pasada, una le dijo a un cliente que no le quedaba bien el color rojo y que eligiera otro”, cuenta entre sonrisas y resalta que su primera hija apunta a ser una gran diseñadora. En contrapartida, su hermana se encargará del marketing, dice la madre al definir los roles.
Por supuesto que las anécdotas no faltan, teniendo a dos niñas de corta edad en la casa. Y la protagonista de las más memorables es Paula. “Una vez estaba acá un grupo que representaba a Cedial. Yo no sabía que había venido, y la estaba bañando y ella gritaba. Luego mi asistente me avisó y me dije: '¡Dios mío, qué vergüenza!’. Y la siguiente —evoca— fue cuando estaba reunida con gente de EE.UU. Paula se estaba bañando con la persona que nos ayuda en las tareas de la casa. Un rato después sale corriendo, en bolas. Me puse roja y me dije: '¡Chau, seriedad!’”.
Pero las intervenciones de las niñas no solo dejan un recuerdo imborrable, sino que ayudan a dibujar sonrisas con gente ajena al negocio-hogar. En otras ocasiones, cuando es un día bastante pesado y las cosas no salen, las ocurrencias de la más pequeña ayudan a distender el ambiente.
Lazos familiares
Verónica Pardo y sus hijas Paula (3) y Laia (6).
Verónica es la mayor de los cuatro hijos de Luis Fernando Pardo y Bella Rosa Estigarribia, y la única mujer. Sus tres hermanos, Fernando, Daniel y Gonzalo, trabajan para la empresa de su progenitor, al que ella se siente muy apegada, confiesa. Tener cerca a sus padres —viven frente a su hogar— hace que sus hijas refuercen los lazos familiares con los abuelos, dice la diseñadora que el año pasado fue una de las finalistas, entre más de 860 participantes, del concurso Innovadores de América, realizado en Colombia.
Cuando era adolescente, a los 16 años, Vero tomó las riendas de la empresa de su padre, Luis, mientras él estaba de viaje. Asumir esa responsabilidad le sirvió de training para hacer frente a los compromisos que vinieron en los siguientes años, comenta. La persona clave para enfrentar ese desafío fue su madre, quien también la alentó en la decisión de innovar en las prendas de los cocineros.
“Le agradeceré toda mi vida ese voto de confianza que tuvo hacia mí”, resalta, contando que su madre la tuvo con 19 años, por lo cual el oficio de ser mamá resultó todo un aprendizaje. Además, valora las veces que su progenitora la tranquiliza cuando las cosas se muestran complicadas, resaltando los valores cristianos que le inculcó —y que ella transmite a sus hijas— y la frase que le dio y la llena de energías para superar las situaciones difíciles: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.
De Cataluña con humor
El apellido Pardo le viene del otro lado del océano a través de su abuela Rosita, de origen catalán. “Ella era una persona que nació en cuna de oro, se casó con un español, tuvo cuatro hijos y luego se separó de él. Ahí empezó a cocinar para mantener a sus hijos. Así pudo llevar adelante el hogar. Recuerdo los almuerzos de los domingos en su casa, con cubiertos de plata y música clásica. Mi Yaya —recuerda con nostalgia— nos unía mucho como familia. Ese ejemplo de ir hacia adelante contra viento y marea lo tomo de ella”.
Con su abuela materna, Esperanza Ríos, las reuniones familiares eran con asado cortado con cuchillo Tramontina y la polca del Partido Liberal. La diseñadora destaca que la unión de esos dos mundos, catalán y paraguayo, hace que pueda tratar con personas de distintas clases sociales. Pero está claro: Verónica no heredó el gusto por el trabajo con las sartenes. “Vi lo que era, y no tengo paciencia”, reconoce. Por cómo se ve, Pablo seguirá encargándose de preparar la paella —uno de los platos preferidos de su esposa— y las pastas, las elegidas de la mesa familiar.
La propietaria de la marca Vro Pardo se sincera al decir que posee un carácter fuerte. "¿Eso tiene que ver con su ascendencia catalana?”, es la pregunta. La respuesta es un estentóreo y más que sincero "¡Síii! Eso tiene mucho que ver con los catalanes. Soy testaruda, pero también ahorro mucho. Me siento catalana todos los días, no solo por eso, sino también porque estuve durante siete años en Barcelona. Y soy sincera, todos los días extraño esa ciudad”, manifiesta y añade que sus hijas —principalmente Laia— ya la conocieron y que en breve volverán para visitar a los muchos amigos que los esperan siempre con los brazos abiertos.
La casita
Rock argentino, español, música interpretada por el padre para sus hijas, canciones de Violetta; estos son los sonidos que predominan en los rincones de la casa de la familia Pardo-Ortiz, ya sea para trabajar, entretener o distenderse. Los vínculos se refuerzan con los viajes que realizan, al interior o al exterior. Verónica recuerda el comentario de una vecina española cuando le contó que tuvo a su hija: “A partir de ahora ya no vas a poder dormir tranquila en tu vida”.
Y esto se cumplió, cuenta la empresaria. Pero a cambio ha recibido muchas satisfacciones personales. Desde su rol de madre, dice que el amor está por sobre todas las cosas. “Cuando hay amor, soportás más el día y vas para adelante”, admite. Y también deja un consejo para quienes no desean ser madres: que den ese mismo amor para muchos niños que esperan ese cariño. Y desde su experiencia lo sostiene: tener niños cerca es una bendición.
Texto: Carlos Elbo Morales / Fotos: Javier Valdez.
Destacada a nivel internacional
Osvaldo Gross, Lisa D. Walker, Narda Lepes, Paco Torreblanca; estos son solo algunos de los nombres de una extensa lista de personalidades de la gastronomía que lucen las prendas Vro Pardo. Indumentarias que van hasta España, Colombia, Argentina, Brasil, Estados Unidos, demostrando una calidad única, pensada en los más mínimos detalles en cuanto a seguridad y comodidad. Con esta ropa, los cocineros no solo se lucen por sus preparaciones, sino también por la elegancia. “Hasta el día de hoy mi decisión es clara, que las mejores chaquetas de chef salgan con la denominación: ‘De origen paraguayo’. Y que en el mundo se le conozca a este país como el lugar donde se fabrican”, declara Pardo y adelanta que, además de los diseños de Ricardo Migliorisi, que ya se comercializan, tiene previsto lanzar una serie de prendas para las machu (cocineras) tradicionales.
Adicta al estudio
Además de su visión para desarrollar nuevos diseños, Verónica Pardo se ha capacitado constantemente para llevar adelante su empresa. Posee cuatro postgrados y dos títulos en master business application (MBA) en Hotelería y Turismo. Y más adelante quiere realizar un postgrado más. Sus creaciones nacen de las cosas que la inspiran, como los colores, la calle, la música, el rock argentino y algo de rock español. “Al ver la tendencia ya sé lo que voy a hacer, mi cabeza vuela. Gracias a Dios tengo esa visión”, describe.
Su postura sobre la niña-madre
Verónica Pardo también sienta postura sobre el caso del embarazo de la niña de 10 años. “Ella no está capacitada para asumir esa tremenda responsabilidad que significa ser madre”, indica. A ello le suma los cambios que se dan en su cuerpo cuando se produce la maternidad. También alerta sobre las falencias desde el Estado, la falta de educación sexual, las madres que no asumen su rol y el machismo de esta sociedad. “Lo mejor es que su cuerpito (el de la niña) no sufra ni un segundo más. Creo que mi Dios no es un dios que va a poner una responsabilidad tan grande en una niña de 10 años. Ella no debería tener a la criatura”, dice convencida.
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