Opinión

Supervillanos

Brigitte Colmán – @lakolman

Brigitte ColmánPor Brigitte Colmán

Ayer publicaba este diario una información sobre el estado de grave abandono y deterioro del mobiliario urbano de la legendaria calle Palma, en Asunción.

De esta manera describían la situación en aquel reportaje. Las aceras rotas y con baches. Las rampas para personas con discapacidad dañadas e inutilizadas. Los faroles sin focos y con los cristales rotos. Las palmeras olvidadas y secas, y de los basureros ya solo quedan restos.

Pero no es solo la calle Palma, es la cara que muestra el microcentro de Asunción. Y es aún peor porque se debe agregar a este triste inventario, que ya casi no quedan aquellas casas antiguas que le daban un aire de ciudad con historia. El escaso patrimonio arquitectónico que tenía Asunción, la ex Madre de Ciudades y Cuna de la Libertad en América, ha sido destruido.

Esto, sin mencionar, por supuesto, la abundante basura acumulada y esparcida por todos lados, y la falta de conciencia y compromiso que nos caracteriza a los paraguayos: por eso tiramos basura en los raudales cuando llueve, no cedemos el paso a los peatones, atropellamos la luz roja del semáforo, somos ñembotavy y prepotentes.

Pero volviendo a Asunción y al estado de su infraestructura, cabe aclarar que por acá no pasó ningún tornado, no hubo terremoto alguno ni explotó ningún volcán. Y, por supuesto, tampoco es el resultado del ataque de la malvada mujer voladora, Savage Fire (Fuego Salvaje), quien vino a atacar con sus superpoderes el microcentro de Asunción. De quien por suerte nos vino a salvar la Mujer Maravilla, faltaba más.

La historia, que llegó en formato de cómic, se hizo conocida hace poco a través de una crónica publicada por Andrés Colmán, en UH.COM.

Resulta que en la revista Wonder Woman #49, publicada en los Estados Unidos, unos malandros atacan e incendian varias ciudades del planeta, incluida Asunción.

Al parecer el ataque tuvo lugar específicamente en el microcentro de la ciudad, y más concretamente contra el edificio del Banco Nacional de Fomento. Todo es un despelote, hasta que llega la Mujer Maravilla para impedir que la ciudad sea destruida.

Pero estamos en Paraguay, y acá ni Diana Prince, la Mujer Maravilla, nos podrá salvar de nosotros mismos, ni de las sucesivas ineptas, inoperantes e incompetentes administraciones municipales, de todos los colores y todos los partidos. Ella no nos podría ayudar ni si les invita a sus amigos de la Liga de la Justicia, quienes sin lugar a dudas apenas van a soportar el olor a pipí que tienen las calles de nuestra ciudad capital.

Tampoco creo que los justicieros soporten ver a tantos niñitos indígenas abandonados, olvidados y metiéndose crac todo el día, sin que se les rompa el corazón.

Pero, sin lugar a dudas, creo que lo que les va a hacer volar de acá y no querer volver nunca, nunca, nunca más es si tratan de entender el debate sobre la jura de Nicanor o escuchan los argumentos de algún ex ministro de la Corte Suprema justificando violaciones a la Constitución Nacional como si fuera lo más normal del mundo, o si llegan a toparse con algún terrícola con la etiqueta llanocartoabdista.

De todos ellos, líbranos por favor, Señor, porque son la criptonita de la democracia.

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