Héctor Fretes culminó su Licenciatura en Música en la Facultad de Aquiterctura, Diseño y Arte de la Universidad Nacional de Asunción (FADA-UNA) y luego consiguió una beca para hacer una maestría en Dirección orquestal en el Conservatorio estatal de San Petersburgo Rimsky-Korsakov, de Rusia.
Tras tres años de un máximo esfuerzo logró un diploma con honores por desempeño sobresaliente.
En declaraciones a Última Hora, Fretes admite que estudiar en ese lejano y frío país “fue muy extremo”. “Diría inclusive que extremadamente duro, ya que tanto el ritmo de estudio como el nivel que se manejan acá son totalmente distintos a lo que nosotros estamos acostumbrados allá en Paraguay”, expresa.
Explica que si bien tuvo una formación bastante sólida en esta parte del mundo, se encontró con una serie de dificultades que tuvo que sortear para poder responder al nivel de exigencia en el conservatorio.
Uno de esos obstáculos fue el idioma, ya que si bien estudió, al llegar allí no tenía grandes conocimientos del mismo. Afortunadamente, el programa al que asistió contaba con un curso preparatorio de la lengua rusa. Incluía materias como Historia del arte, Historia rusa, Literatura rusa y Estudios sociales.
Entonces obtuvo las herramientas necesarias para afrontar la carrera.
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Igualmente, el músico cree que el ruso fue el menor de sus problemas, debido a que la cultura y la sociedad son muy distintas a lo que los paraguayos estamos acostumbrados. “Estamos acostumbrados a estar más relajados, a tomarnos nuestro tiempo, a disfrutar un poco más de la compañía de la gente que nos que nosotros queremos”, explica.
“En cambio, acá en Rusia son un poco más cerrados, son un poco más reservados”, agrega. Admite, también, que si bien forjó grandes amistades allí, no es igual al Paraguay “y eso pesa mucho” ya que es como “sentirte extraño en una sociedad muy distinta”.
Otra de las dificultades fue el invierno. Señala que esa temporada es muy dura ya que el frío es muy extremo. Las temperaturas suelen estar por los -28 °C. “Si uno no sabe cómo vestirse, cómo comportarse en esas temperaturas, la puede pasar muy mal, advierte.
Asimismo, suele ser muy largo. Las primeras nevadas caen en finales de noviembre y los deshielos empiezan a comienzos de abril, pero inclusive en esa época del año sigue nevando.
“Son varios meses en los que ves el sol, pero hace frío. El paisaje es completamente blanco y gris, es todo muy deprimente”, dice, siendo que en este lado del globo estamos acostumbrados a salir los fines de semana con amigos, comer asado en el patio, entre otras actividades.
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Para Fretes fue un desafío “más psicológico que físico, ya que uno realmente se desespera en esas condiciones”.
Igualmente, hace tres años que no ve en persona a su familia y la extraña demasiado. “Trato de tener contacto constante con mis seres queridos para que sean mi cable a tierra en todo este viaje”, manifiesta.
Como también los amigos que hizo y de los que se separó por distintas cuestiones. “Terminé estando acá yo solo”, agrega.
El ingreso a la carrera
Fretes rememora que el verdadero desafío empezó durante el segundo año de su estadía en Rusia. Se dio cuenta de que estaba “muy por debajo del nivel mínimo que ellos requerían para las clases”.
“Yo tuve que hacer como que un sobreesfuerzo extra para alcanzar a mis compañeros que estaban en mi mismo curso”, explica.
Aunque la ventaja que él tenía con respecto a sus compañeros era el roce con la orquesta. Héctor trabajó de forma estable en la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) y, aparte, se formó en esa parte de la música cuando tocaba el oboe.
Esa experiencia fue lo que muchas veces le salvó. Si bien en algunas ocasiones se preguntó si estaba en el lugar correcto, no desistió y pudo lograr su objetivo.
“Así es como pude finalizar la Maestría con título rojo”, expresa. Esa distinción es una condecoración para los alumnos que se reciben con promedio sobresaliente.
Cambio de planes
El flamante maestro en Dirección orquestal dice que su sueño era volver a Paraguay y poner en práctica todo lo aprendido en Rusia. Pero había mantenido una conversación con un profesor suyo al respecto.
En un principio, su docente le dijo que debía volver a Sudamérica, pero que vea después del examen final, que consiste en dirigir una obra sinfónica completa. Héctor dirigió la Segunda Sinfonía de Tchaikovsky.
“Tuve muy buen rendimiento, tuve muy buena crítica de la mesa examinadora, hubo muy buenos comentarios de parte de los profesores de la carrera”, recuerda.
Luego, su profesor le dice que lo ideal es que siga estudiando. Entonces, el paraguayo se animó a continuar con su especialización y seguir con el doctorado. Empieza el próximo setiembre.
“Es la primera vez de un paraguayo en ese conservatorio”, destaca. Por lo que Fretes dice siempre tratar de mantener en alto el nombre de Paraguay. “Siento que si yo paso vergüenza o no cumplo las expectativas no le estoy fallando solamente a mí mismo y no estoy solamente quedando mal yo sino que estoy fallándole al país entero y estoy dejando mal la imagen del país”, expresa.
Lo que le gustó de Rusia fue que “es un país hermoso, en especial San Petersburgo”. “Le llaman la Venecia del Norte porque está llena de canales por los que se pueden navegar y hay siempre gente yendo en barco a través de los canales en el centro de la ciudad”, señala.
También le impresionó el amor al arte que tienen los rusos. “El movimiento musical que tienen acá en San Petersburgo también es demasiado increíble”, indica.
Finalmente, Fretes asegura querer volver al Paraguay “con todas las herramientas” que consiguió en estos años para “construir algo nuevo” a partir de todo lo que aprendió.