18 may. 2026

¿Seré zurdo, señor?

Luego de cargar por años con el mote de neoliberal por apoyar la privatización de empresas públicas me vengo a enterar de que en realidad soy zurdo. Lo descubrí en las redes sociales donde se desarrolla buena parte del debate nacional tras la destitución de Lugo.

En realidad no estoy muy seguro de mi lugar en el espectro ideológico local, una cuestión que se ha tornado de vital importancia porque ella determina por lo visto si somos patriotas o legionarios.

Pero permítanme explicar el porqué de mi confusión.

Creo que fue un terrible error destituir a un presidente (una acción traumática reservada exclusivamente para situación de crisis insalvables) al que solo le faltaba un año de mandato, sobre todo porque no veo que haya habido razones convincentes para hacerlo.

Por lo que leí en las redes, semejante opinión me convierte automáticamente en militante de izquierda.

Creo, sin embargo, que la destitución no se apartó un ápice de la Constitución, y que la sucesión se ajustó a derecho.

Eso me retorna a la derecha y para colmo me convierte en golpista.

Creo, empero, que los sectores más conservadores de la sociedad, azuzados por analistas que vaticinaban una escalada de la violencia como parte de un plan para impedir las elecciones, crearon el escenario para la destitución del presidente; y creo que tales vaticinios nacieron del honesto delirio de esos analistas afectos a todo tipo de teorías de conspiración.

Esto me coloca nuevamente a la izquierda.

Creo, sin embargo, que el mayor conspirador contra el gobierno depuesto fue el propio presidente que gobernó desordenadamente sin establecer jamás prioridades y manteniendo una actitud ambigua y hasta indolente ante los graves problemas que prometió resolver.

Dicha opinión me inclina otra vez a la derecha.

Creo que el Mercosur se aprovechó de la destitución desprolija del presidente para sacarnos temporalmente del club y meter por la ventana al socio al que, de hecho, siempre prefirió y por razones meramente comerciales, que son las únicas que importan a la hora de la verdad en las relaciones diplomáticas.

Estoy seguro, además, de que Venezuela intentó influir en nuestra crisis política para salvar al gobierno de Lugo, con lo que paso ya de la simple derecha a las filas del imperialismo apátrida.

Creo, sin embargo, que si hubiera tenido algún interés en particular lo mismo habría hecho la Embajada de EE. UU., probablemente a favor del Congreso, lo que hubiera provocado el aplauso o, cuanto menos, el silencio cómplice de los mismos que hoy se desgañitan vociferando contra esta clara intromisión extranjera.

Retorno, pues a la izquierda.

Creo, finalmente, que en un año habremos regresado al Mercosur, habrá nuevo mandatario, el presidente destituido será senador y estará negociando con sus verdugos de hoy una vicepresidencia en la Cámara, la gente seguirá con sus dramas de siempre y yo seguiré sin saber si soy de izquierda o de derecha.