Hoy meditamos el Evangelio según san Lucas 5, 1-11.
“Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase un poco de tierra”. El Señor ha subido a nuestra barca para entablar una relación personal con cada uno. De nosotros depende que el desenlace sea una nueva historia de amor, como sucedió en la vida de san Josemaría.
En el lago de Genesaret confluyeron dos dimensiones. En un lado, estaba Dios. En otro lado, unos pescadores. El primero tenía un plan eterno. Los segundos, el plan de todos los días.
Lo que pasó en Genesaret se ha repetido infinidad de veces, tantas como seres humanos han poblado la tierra. Muchos, por desgracia, no se dieron cuenta. Y entonces su vida se desarrolló siempre en una sola dimensión.
Pero afortunadamente, muchos otros sí se dieron cuenta. Antes de Genesaret, Dios había ido a Nazaret a contarle a María su plan eterno. Siglos después, fue a Milán a remover a Agustín. A Siena a avisar a Catalina. A Pamplona a sacudir a Íñigo. A Uganda a llamar a Carlos. Todos dijeron que sí, y como aquellos primeros pescadores, cambiaron el curso de la historia.
“Parece que os han escogido uno a uno, decía. –¡Y así es!” (Surco 220).
Pasados los siglos, decidió también ir a Logroño, a despertar con unas huellas en la nieve a un chico nacido en Barbastro llamado Josemaría.
Como ya dijimos, Dios había decidido que el plan de todos los días había de convertirse en un plan eterno.
La fiesta de san Josemaría es un motivo de acción de gracias a Dios porque nos recuerda con particular fuerza ese deseo que tiene el Señor de unir su vida a la nuestra, ese anhelo que tiene desde siempre de que escribamos la historia de nuestra vida a cuatro manos, dejando que Él sea también autor y protagonista.
“Si respondes a la llamada que te ha hecho el Señor, tu vida –¡tu pobre vida!– dejará en la historia de la humanidad un surco hondo y ancho, luminoso y fecundo, eterno y divino” (Forja 59).
Todos, sin excepción, estamos llamados a ser santos. Esa es la voluntad de Dios, y ese es el único camino que conduce a la felicidad plena.
Cristo ha subido a tu barca, a la mía. De nosotros depende que el desenlace sea una nueva historia de amor. Como la de Josemaría y todos los santos que existieron antes que él.
(Frases extractadas de https://opusdei.org/es-py/gospel/2026-06-26/)