El mote de la Cámara de la Vergüenza que se le había asignado exclusivamente a los diputados, ahora también se extendió al Senado.
Una radiografía rápida deja en evidencia tácticas que apuntan a silenciar a la disidencia, y en la que hay parlamentarios que amenazan a sus propios pares, agreden a periodistas y priorizan el contrato de sus parientes, en un abierto corporativismo.
El escándalo del nepotismo en el Parlamento y del propio vicepresidente de la República, Pedro Alliana, fue solo la punta del iceberg para una serie de atropellos que llegaron hasta el punto de expulsar, incluso a una senadora opositora, Kattya González.
El pecado de la misma fue haber dejado en evidencia, tras una serie de investigaciones en forma conjunta con su dupla del mismo partido, Raúl Benítez, el supuesto título falso del senador de Honor Colorado Hernán Rivas, considerado uno de los mimados e intocables de su sector.
Aprovechando siempre la mayoría que tiene el cartismo con sus aliados en la Cámara Alta intentaron presionar el desafuero del ex presidente Mario Abdo Benítez, denunciado por el propio Horacio Cartes por supuestas filtraciones durante su gobierno.
Al no tener los números, lanzaron otra jugada que consistió en devolver el blindaje a Erico Galeano, procesado por lavado de dinero y asociación criminal, y Hernán Rivas, por supuesto título falso.
Ante los cuestionamientos, finalmente, tuvieron que recular e inventaron una nueva palabra el “desdesafuero” para que Erico y Rivas sigan siendo investigados por la Justicia.
Otro que está en escena permanente por sus constantes exabruptos, agresiones y haciendo gala de su prepotencia es el diputado colorado, cartista Yamil Esgaib.
Este no demuestra ningún escarmiento ni tampoco voluntad de bajar los decibeles, sino todo lo contrario se volvió casi común para él maltratar solo a las mujeres sean parlamentarias o periodistas.
Ya había sido sancionado por 60 días sin goce de salario, luego de una serie de agresiones y amenazas contra su propia colega Rocío Vallejo.
Su última hazaña consistió en agredir a dos periodistas que le consultaron respecto al cargo de su hija, beneficiada con un puesto en el servicio exterior.
Sin embargo, esta vez, se sintió el corporativismo en la Cámara de Diputados, en donde lo salvaron de la sanción que fuera promovida –justamente– por Vallejo.
Esto a su vez desencadenó en un enojo e intento de pase de factura ya que inmediatamente surgieron fuertes rumores desde la Cámara Baja acerca de la intención de expulsar a la parlamentaria.
Algunos referentes del cartismo, entre ellos, el propio líder de la bancada en el Senado Basilio Bachi Núñez descartó esa posibilidad, pero se mantiene la duda, ya que en el caso de Kattya también negaron que la expulsarían y, sin embargo, la suerte ya estaba echada y quedó fuera.