Hay quienes defienden el uso de los videojuegos de parte de niños y adolescentes, señalando que pueden generar algún beneficio.
La psicóloga infantil Belén Espínola pone en duda que pudiera haber un beneficio directo en su uso. Según explica, ha sido creada una especie de necesidad para que tanto niños como adolescentes hagan uso de ellos.
“Pasa como con las redes. Si uno no las tiene, prácticamente no existe. Entonces se creó una “necesidad” como tal. Si los niños o adolescentes no juegan tal o cual juego, no son partícipes de las actividades o conversaciones casi no tienen cabida”, explicó.
Una opinión distinta tiene el magíster en Piscología Clínica, Iván Pineda. Desde su punto de vista, tanto las redes como los juegos pueden ofrecer beneficios para el desarrollo de los niños y jóvenes.
Los juegos que fomentan la colaboración, la estrategia y la resolución de problemas pueden mejorar habilidades cognitivas como la memoria, la velocidad de procesamiento y la capacidad de concentración, describe.
Claro que su uso debe darse bajo un marco de control parental o de otros adultos, aclara. Los padres pueden entrar en el mundo de sus hijos a través de ellos.
En el caso de los docentes, pueden darle un uso estratégico para conectar con sus estudiantes, sugiere el psicólogo. Puede ser una herramienta para la socialización de jóvenes introvertidos.
El uso excesivo de redes sociales y videojuegos ha hecho que la nueva generación e ya no conozcan el entretenimiento al aire libre.
“Están sumergidos únicamente en plataformas como Roblox, Fortnite o similares. Esto trae consecuencias directas en su salud emocional y física”, alerta por su parte el doctor en Pediatría Robert Núñez.
Riesgos. El estrés y la ansiedad son algunas de las consecuencias que genera el uso excesivo y sin control, señala el pediatra.
Los profesionales psicólogos también advierten de otros riesgos. Uno de ellos, es la pérdida de interés en realizar otras actividades o el interés por interactuar con otras personas fuera de estar pendientes de las reacciones en redes sociales o de superar el récord anterior.
“La cuestión extrema ya va cuando hay una necesidad imperiosa, que el adolescente no puede concebir la vida sin el uso de las pantallas”, especifica Belén Espínola sobre el impacto de la dependencia tecnológica en exceso.
Este diagnóstico es compartido por su colega Pineda, quien a su vez coincide con el pediatra Robert Núñez en cómo afecta a la salud cuando ya llega a ser un trastorno.
Los profesionales describen otras consecuencias como dolores de cabeza, fatiga crónica, entre otras. También el sedentarismo y la obesidad están presentes.
A ello puede sumarse la dejadez en las responsabilidades de las que deben hacerse cargo, como las tareas escolares, lo que afecta a su rendimiento académico.
“La situación es grave cuando el uso de la tecnología genera una disfunción significativa en la vida del adolescente. Esto se manifiesta cuando el joven miente sobre el tiempo que pasa en línea”, observa Pineda.
Espínola puntualiza también cómo las imágenes que proyectan personajes virales, los autodenominados influencers, venden una imagen fuera de lo real, que pueden causar frustración a quienes no pueden alcanzarlos. Esos contenidos llegan sobre todo a los adolescentes.
Sin embargo, si bien los niños y jóvenes son protagonistas directos de la problemática planteada, hacerle frente no está solo en manos de ellos.
El cambio también debe involucrar a los adultos que están encargados de su cuidado. Mediante el compromiso, será posible encontrar soluciones que permitan apagar las pantallas más tiempo.