No hay mejor época para conocer a nuestros políticos que la época del análisis del Presupuesto General de la Nación. Es cuando se detecta la gran diferencia entre el discurso y la realidad, la responsabilidad de la irracionalidad, la mentira de la verdad y, en muchos casos, la locura de la cordura.
Los parlamentarios y sus líderes utilizan la palabra generalmente para mentir, tergiversar, edulcorar y, muy pocas veces, para la verdad.
El Congreso -especialmente, la cada vez más decadente Cámara de Diputados (excepto, exceptísimas excepciones)- infló desquiciadamente el presupuesto. Entre ellos, aumentos salariales del 20 % a los estatales (rebajado al 10 % por el Senado, pero vuelve a manos de los diputados), recortes irracionales a programas sociales y otros desbordes políticos.
Pero además del Presupuesto General, otros temas claves y que generalmente benefician a la población o apuntan a dar más poder a los ciudadanos contra los partidos políticos sirven también como termómetro para conocer a los dirigentes.
ALIANZA PARA EL ATRASO. Un tema en boga hoy es el metrobús, sistema de autobús de transporte rápido que pretende unir San Lorenzo con el centro capitalino y que beneficiará a unos 300.000 usuarios que sufren día a día el inhumano sistema del transporte actual.
Como era de esperarse, los empresarios transportistas se oponen porque afecta su millonario negocio. Y como era de esperarse también, el Partido Colorado salió a frenar este atisbo de modernidad.
Craso error colorado. Como principales responsables de la mayor calamidad que sufrió este país después de la Guerra de la Triple Alianza, lo mínimo que pueden hacer es apoyar cuando se plantea un proyecto que beneficiará a la gente.
Pero no, voceros que precisamente no pueden fungir de funcionarios honestos salieron a cuestionar el plan. ¿Es Víctor Bernal, extitular de Itaipú y hombre fuerte de la era Nicanor, un referente en materia de honestidad pública?
Apoyar el metrobús no implica dar un cheque en blanco al Gobierno. Cuando se trata de préstamos que pagarán generaciones no hay que desechar sospechas de corrupción. Es un proyecto que hay que controlar con lupa, pero no por ello rechazar de plano porque los lobos de ayer hoy pretenden hacerse pasar por corderos y fiscales del dinero público que antes dilapidaban sin rubor.
La ANR se opone porque los transportistas son sus cómplices, su motor en las elecciones. Son los que transportan a sus miles de votantes cautivos. Y gracias a este pacto se dieron licitaciones, millonarios préstamos del BNF nunca devueltos y muchos otros desvergonzados privilegios.
La airada crítica ciudadana aparentemente los hizo recapacitar. Ahora los colorados dicen que no rechazan el plan, sino cuestionan la “falta de información”.
Pero no solo los colorados (excepto, Hugo Estigarribia y Jorge Céspedes) boicotearon el pasado jueves la sesión del Senado donde debía tratarse el tema. También hubo sugestivas ausencias de senadores de otros partidos y apuros por levantar la sesión.
El martes está previsto que el Senado analice el préstamo del BID de 125 millones de dólares para el metrobús. Allí veremos cuánto dista el discurso de la realidad.
Este Gobierno tampoco podría definirse como desarrollista y moderno. Si bien está apostando fuerte por el metrobús, se aplazó con la modernización del aeropuerto en el que se alineó con los sindicalistas para seguir manteniendo en el atraso la principal estación aérea del país.
En urbanismo, Asunción y alrededores crecen a pasos agigantados, pero las autoridades siguen ancladas en el siglo pasado. Los edificios modernos inundan la capital, se instalan emblemáticos hoteles, poderosas corporaciones con sus soberbios edificios, pero la ciudad hace agua por todas partes.
Hay oposición al metrobús (de la ANR, especialmente), hay oposición a modernizar el aeropuerto (de Lugo y los colorados); los servicios públicos (agua y electricidad) no abastecen por ineficacia estatal, y las calles siguen desastrosas por la mentalidad obsoleta y troglodita de los intendentes. ¿Hay acaso un proyecto urbanístico ambicioso del intendente de Asunción, Fernando de la Mora, San Lorenzo o Luque que no vaya más allá de tapar baches, asfaltar calles o inaugurar plazas? El límite de sus planes terminan en sus barrios.
La modernidad vuela, pero las autoridades siguen en carreta.
La clase política ya no puede dar la espalda a esta realidad que se impone con una fuerza arrolladora. La gente quiere una ciudad moderna y solidaria con sus habitantes. El país necesita políticos racionales a la hora de decidir los fondos públicos.
Por eso hay que dudar de aquellos líderes que dicen una cosa, pero hacen (o mandan hacer) otra.
Cuando Horacio Cartes habla de modernidad, honestidad y compromiso, que su bancada en el Parlamento actúe en consecuencia.
Cuando Federico Franco critica el inflado presupuesto, que su esposa diputada y su hermano senador voten contra los desbordes.
Cuando el presidente Lugo habla de unidad, que frene a su primer anillo que está pulverizando la alianza.
De lo contrario son mentirosos e hipócritas o simplemente no tienen el liderazgo que pretenden vender al electorado.