Analistas sostienen que Paraguay es un país chico que difícilmente puede negarse a un gigante como EEUU. Pero al mismo tiempo advierten que Santiago Peña se está prestando a la jugada del presidente Donald Trump, mostrando de paso su servilismo.
Para el politólogo Guzmán Ibarra, la Junta de Paz impulsada por Trump puede entenderse como una iniciativa que busca generar un bypass a los organismos multilaterales. Aunque originalmente se enfocó en la situación de Gaza, advierte que el proyecto es más ambicioso y busca competir con la Organización de las Naciones Unidas.
Asimismo, le llama la atención la “lógica de club”, donde se pagaría por mantenerse, la integración vía invitaciones a selectos países y, en cierto modo, el abandono de la integración de cuerpos basados en la lógica de Estado-nación. Sin embargo, indica que la supervivencia de esta iniciativa diplomática más allá de la actual administración estadounidense todavía está por verse.
En relación con la integración de Paraguay y su interés nacional reflexiona: “Hay música en el barrio y Paraguay tiene invitación para el baile”. Aquí hay un mérito del Gobierno de Peña, que interpretó los “sonidos del ambiente” y “pasó de las sanciones y el frío relacionamiento a volver al histórico sitial de Paraguay de alineamiento con la política internacional norteamericana”.
Si bien es cierto que puede plantearse una incoherencia estratégica, ya que por un lado se celebró el multilateralismo institucional con el Acuerdo UE-Mercosur y, por otro, Paraguay se suma a iniciativas que socavan ese orden multilateral, Ibarra sostiene que para países periféricos o de menor importancia, como nuestro país, jugar con esa inconsistencia puede ser una estrategia para sobrevivir en un convulso concierto internacional.
Aunque advierte que el beneficio concreto de la participación de este organismo es difuso, reconoce que es impensable que Paraguay rechace una invitación de Estados Unidos.
Con pinzas. El analista Carlos Peris coincide en que un acuerdo como este es importante para un país chico como el Paraguay. A su criterio, Trump es un presidente disruptivo que rompe consensos y marca su propia lógica y, en este sentido, quiere imponer su pensamiento.
La adhesión de Paraguay significa para Peris prestarse al show del presidente estadounidense.
“Esta iniciativa pareciera que es más un capricho del presidente de los Estados Unidos para llevar una acción como esta, y también a eso se suma el servilismo del Paraguay, el cipayismo del Paraguay, que hace absolutamente todo lo que diga los Estados Unidos, sin poner ningún tipo de crítica”, manifestó.
A su vez, el criminólogo Juan Martens considera que estamos viviendo una “perplejidad internacional”, teniendo en cuenta que Estados Unidos es el corazón de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, cuyo objetivo es justamente garantizar la seguridad de los países miembros por medios políticos o militares.
Cree que EEUU solo estaría usando a Paraguay para legitimar sus cuestionadas decisiones, mientras que Peña se estaría aprovechando para estar en la vidriera.
“Para mí, personalmente, más que nada es una cuestión de marketing político del presidente de la República”, refirió.
Hay música en el barrio y Paraguay tiene invitación para el baile. (Santiago Peña) interpretó los sonidos del ambiente.
Pasó del frío relacionamiento al histórico sitial de Paraguay de alineamiento con la política norteamericana. Guzmán Ibarra, politólogo.
Otros acuerdos
Peris y Martens también hablaron sobre los otros cuatro acuerdos militares entre Paraguay y EEUU.
Coinciden en que el país norteamericano siempre se valió de la inmunidad de sus funcionarios.
Por otro lado, Peris destacó la cooperación que implica en materia de equipos y formación para combatir el crimen organizado, en tanto que Martens sostiene que si el país no sabe aprovechar para su fortalecimiento institucional, EEUU estaría monitoreando sus intereses sin aportar nada a cambio.