Bajo los focos. Dicen que el arte une almas, y estas tres parejas son la prueba de ello, vibrando al compás de la misma expresión.SONIDO DE AMOR. Historias que nacieron entre canciones y escenarios, donde el amor y la música se convirtieron en el mismo proyecto de vida.
Gilda Orrego y Arol Giménez se conocieron en 2008 en Piribebuy. Fueron convocados para integrar el Elenco Municipal Piribebuy Jeroky y fue allí donde nació una historia de amor que no solo los unió como pareja, sino también en su pasión por la danza. Tras años como integrantes, en 2012 asumieron un nuevo desafío: convertirse en los coreógrafos y directores del mismo grupo. ”Trabajamos juntos coreografiando desde esa fecha hasta la actualidad. Gracias al apoyo de muchas instituciones y personas que nos dieron la oportunidad, crecimos profesionalmente y nos consolidamos”, explican. Ese crecimiento se tradujo en importantes galardones en concursos y festivales, tanto nacionales como internacionales. “En ese grupo es donde sentimos, por primera vez, que éramos un gran equipo”.
Bajo su dirección, el elenco conquistó el Poncho Para’i de Oro y obtuvo primeros puestos en diversas ediciones del Concurso Nacional de Danzas, destacándose en categorías como Mejor Idea Original. Su vitrina de éxitos no se detuvo allí, en el Festival del Takuare’ê obtuvieron el primer Takuare’e Poty de Oro en el rubro danza, y en el Festival del Ñandutí se alzaron con La Bailarina de Oro. “Fuimos escalando, conquistando espacios con nuestro trabajo. Incluso en plena pandemia nos presentamos para competir como pareja nacional de la polca paraguaya, representando nuevamente al Festival del Takuare’ê, recuerdan con orgullo. A través del esfuerzo y una trayectoria construida de a dos, la capacitación fue el siguiente paso. Cursaron juntos la Licenciatura en Danza, decididos a posicionarse en el rubro folclórico, pero con una visión renovada: crear un estilo propio y una nueva forma de interpretar nuestras raíces. Al mirar atrás, la satisfacción es plena. “Nos sentimos orgullosos porque todo lo que alguna vez soñamos lo conseguimos. A veces, nos miramos con complicidad y nos enorgullece recordar todo lo que caminamos juntos”.
La música fue el punto de partida. Jazmín del Paraguay y Álvaro Gahete se conocieron en eventos artísticos, coincidieron en entrevistas y tuvieron un Cupido en común que los presentó formalmente. Pero fue ella quien dio el primer paso: asistió a uno de sus shows y, desde entonces, no dejaron de hablar. “Nos encontramos sin buscarlo”, coinciden. La conexión fue rápida y natural, marcada desde el inicio por una decisión mutua de apostar al vínculo.
Compartir la misma pasión fortaleció la relación. Sobre el escenario, ambos aseguran sentirse “en casa”. Jazmín incluso inspiró una de las canciones de Álvaro, Casita, después de confesarle que él le daba esa sensación de hogar. Para él, cantar juntos le transmite paz y orgullo; verla brillar le despierta admiración y lo impulsa a ser mejor artista y mejor persona. La clave, dicen, es el respeto profundo por el proyecto individual de cada uno.
Aunque trabajan juntos y tienen obras en común, cuidan sus espacios creativos. “Somos una pareja normal”, aclara Álvaro. Las complicaciones son las mismas que las de cualquier relación: agendas cruzadas, shows en distintos escenarios, decisiones profesionales. Pero el hecho de pertenecer al mismo mundo artístico les permite comprenderse y acompañarse sin prejuicios.
De cara al Día de los Enamorados, su mensaje es claro: amar sin miedo, comunicarse siempre y tratarse con honestidad. “No olviden decirse que se aman”, aconseja Álvaro. Para Jazmín, el amor también implica dar, ceder y aprender a recibir. En definitiva, construir juntos una historia que suene afinada.