La destrucción política de la economía paraguaya ha sido una realidad permanente desde febrero de 1989, cuando se abrieron las puertas de la libertad y empezamos a caminar en dirección a la democracia. Cayó la dictadura stronista pero la democracia politiquera y socialera -sin olvidarnos del militarismo oviedista- vive desangrando la economía. Hoy no tenemos mejor economía, con más pan en la mesa, por el juego político sucio, que no pone al país en primer lugar, sumado a gobiernos con presidentes prisioneros de grupos de poder político, económico y social, y que no pisan tierra, atrapados por sus ideologías populistas, con la complicidad de partidos en el Parlamento que bailan al compás de sus intereses. La destrucción política de la economía vuelve hoy a sembrar incertidumbre, inestabilidad, con el temor de sufrir tiempos de anarquía.
¿Causas? El subsidio privilegiado, o dinero fácil, que se quiere dar a un sector de los sesameros, en línea con el objetivo político de apoyar a partidos y movimientos sociales lugistas, como Tekojoja, el P-MAS, el Frente Social y Popular, aunque luego la producción se pierda. Las amenazas de José Pakova Ledesma, Elvio Benítez, Sixto Pereira, entre otros, son un chantaje. Y el presidente de la República, Fernando Lugo, es el gran derrotado, aun con una temporal corta victoria populista, si se autosuicidara firmando el decreto fantasma. No extraña entonces que el Parlamento postergue por tercera vez el Impuesto a la Renta Personal (IRP). La mafia está muy agradecida a colorados y oviedistas, con la excusa de la “crisis mundial” como escudo. Claro está que la autoridad negociadora del oficialismo es pobrísima. Y, en consecuencia, hay que decir adiós al plan anticrisis del ministro de Hacienda, Dionisio Borda, basado fuertemente en endeudamiento externo, porque Fernando Lugo no tiene capacidad para lograr un “pacto político”, que respalde el paquetazo. En verdad, su poder de convocatoria no sirve ni para hacer firmar una libreta de almacén.
Y justo cuando se confirma que nuestra economía terminó sus seis años de crecimiento consecutivo, con un avance final del 5,8% en el 2008, para entrar en recesión en el 2009, como en el 2000, con una caída esperada del 0,5%, en términos del Producto Interno Bruto (PIB), según una última y actualizada estimación de la Comisión Económica Para América Latina de las Naciones Unidas (CEPAL), que tuvo que corregir sus anteriores pronósticos de marcha económica del 2% al 3% (divulgados el 19 de diciembre de 2008). Y cuando en el Gobierno luguista, la gente “seria” ya cree imposible que podamos caminar dando pasos por lo menos del 1% al 2%. La nuestra es una de las cuatro economías latinoamericanas que cae. La región retrocedería 0,3%, cuando ayer (tres meses atrás) se pensaba poder crecer 1,9%, después del aumento del 4,6% en el 2008.
Casi en un cerrar y abrir de ojos se pasó del frenazo esperado al derrumbe inevitable. “Los efectos de la crisis internacional se dejarán sentir con fuerza este año en la región”, expresó el miércoles 1º la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, durante el Latin America Emerging Markets Forum 2009, desarrollado en Bogotá, Colombia. La economía de América Latina y el Caribe decrecería 0,3% en 2009, su primer retroceso tras seis años de crecimiento. La tasa de desempleo regional aumentaría a niveles cercanos al 9%, tras ubicarse en cerca de 7,5% en 2008, lo que incidiría en un alza de la pobreza. Los países más afectados serían México (-2,0% de crecimiento), Brasil (-1,0%), Costa Rica (-0,5%) y Paraguay (-0,5%), mientras que Panamá, Perú, Cuba y Bolivia mantendrían un crecimiento positivo igual o superior al 3,0%. En tanto, Ecuador y Chile anotarían un nulo aumento en su Producto Interno Bruto en 2009.
En la visión de la CEPAL “los efectos negativos se aprecian en la desaceleración del comercio internacional y la caída de los precios de los bienes primarios, con lo que los términos de intercambio para la región en su conjunto caerían un 15%. También se verá una fuerte disminución de las exportaciones -que afectará principalmente a economías abiertas como las centroamericanas y México-; una reducción de las remesas, menores ingresos por turismo -especialmente en el Caribe y Centroamérica-; y una disminución de los flujos de la inversión extranjera directa”. Esto se da en un contexto de creciente incertidumbre a nivel regional y global, que afecta las expectativas del sector privado, con consecuencias negativas sobre la inversión y el consumo. En nuestro caso en particular, y más ahora al conocerse la tremenda caída del 43% en la cosecha sojera, la flamante estimación de una recesión del -0,5% en Paraguay nos parece “muy generosa”, porque nuestros cálculos más realistas reconocen y proyectan un 2009 con un retroceso superior al -1% como mínimo. Insisto: no tenemos mejor economía, con más pan en la mesa, por culpa de la máquina de destrucción política, de la que ahora Fernando Lugo es padre y víctima a la vez. Duele decirlo, pero hay que decirlo.