El obispo de la Diócesis de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela, advirtió sobre las consecuencias de la violencia y la falta de solidaridad en la sociedad, y llamó a recuperar el respeto por la dignidad humana para avanzar hacia un país reconciliado y en paz.
Durante la homilía de este domingo, el religioso reflexionó sobre el mandamiento de amar al prójimo y cuestionó las conductas que alimentan los enfrentamientos y el sufrimiento de las personas.
“La envidia, el orgullo, la ambición, la avaricia y toda pasión desordenada hacen que el hombre de hoy se haya convertido en lobo para el hombre”, expresó, al referirse a los comportamientos que deterioran la convivencia social.
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Valenzuela lamentó que la historia de la humanidad esté marcada por guerras y conflictos, y mencionó los asesinatos, los abusos y las violaciones como expresiones de una realidad que provoca dolor en numerosas familias.
En ese contexto, recordó las palabras del profeta Oseas sobre la expansión de la mentira, el homicidio y el robo, y advirtió sobre las consecuencias de estas conductas para las comunidades. “El pecado hace infelices a los pueblos”, afirmó.
El camino para lograr la paz
El obispo sostuvo que la paz social no puede construirse únicamente a partir de deseos colectivos, sino que requiere un compromiso individual y familiar.
“Es inútil que yo lo busque fuera de mí, si primero no busco instalar o instaurar dentro de mí y dentro de mi familia la puesta en práctica de este mandamiento. Ámense los unos a los otros”, manifestó.
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Asimismo, explicó que el amor debe orientar las acciones cotidianas y la manera de resolver los conflictos. Al recordar la enseñanza de san Agustín, “Ama y haz lo que quieras”, aclaró que cada decisión debe estar guiada por el bienestar del prójimo.
“Si callas, cállalo por amor. Si hablas, habla por amor. Si corriges, corrige por amor”, señaló.
Hechos y no solo palabras
Valenzuela insistió en que la solidaridad debe demostrarse con hechos y no limitarse a las palabras, especialmente ante las necesidades de quienes atraviesan dificultades. “El que ama tiene siempre algo que hacer”, afirmó.
Finalmente, exhortó a los fieles a no permanecer indiferentes ante el sufrimiento ajeno y a contribuir, desde sus propias posibilidades, a una convivencia basada en el respeto y la ayuda mutua.
“El amor es la fuerza más creativa y poderosa, la que no muere nunca. Por eso tenemos que amar. Debemos amar”, concluyó.