El obispo de la Diócesis de Caacupé, monseñor Ricardo Valenzuela, puso el foco en diversas problemáticas sociales que afectan a las comunidades de Cordillera, entre ellas, la migración, la inseguridad y la escasez de oportunidades para los jóvenes.
Durante su homilía en la misa central por la solemnidad de la Santísima Trinidad, el prelado destacó las riquezas históricas, culturales y religiosas del departamento, pero señaló que la realidad cotidiana también presenta desafíos que requieren atención y compromiso.
“También hay muchos desafíos, como la migración externa e interna, la inseguridad que hay en varias comunidades, tales como el abigeato y la falta de ocupación juvenil”, manifestó ante los fieles reunidos en la Basílica de Caacupé.
Valenzuela explicó que, a lo largo de sus recorridos pastorales por las parroquias de la diócesis, pudo conocer de cerca las preocupaciones de las familias cordilleranas.
Mencionó que muchas comunidades enfrentan la salida constante de personas que buscan mejores oportunidades laborales, mientras otras conviven con hechos de inseguridad que afectan especialmente a productores y pobladores de zonas rurales.
A pesar de ello, resaltó los valores humanos que encontró durante sus visitas.
“He constatado la calidez, la fe y la hospitalidad del pueblo cordillerano. Es un tesoro de nuestra tierra adentro”, expresó.
El obispo dedicó parte de su reflexión al ejemplo de san Francisco de Asís, a quien presentó como una figura capaz de ofrecer enseñanzas vigentes para la sociedad actual. Destacó especialmente su cercanía con los pobres, su opción por la fraternidad y su rechazo a toda forma de poder ejercido desde la superioridad.
“Francisco eligió deliberadamente el nombre de hermanos menores”, recordó, señalando que su propósito era mantenerse cercano a los sectores más humildes y evitar cualquier forma de abuso o privilegio.
Asimismo, sostuvo que la transformación de la sociedad no depende únicamente de planes o estructuras, sino principalmente del comportamiento de las personas y de la coherencia entre lo que se predica y lo que se vive.
“La mayor eficacia evangelizadora no está en las estructuras organizativas, sino en la autenticidad del testimonio de vida”, afirmó.
Finalmente, instó a promover una cultura de fraternidad y servicio, especialmente hacia quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad, y alentó a construir comunidades más unidas, solidarias y comprometidas con el bien común.
Según señaló, los desafíos actuales exigen una respuesta colectiva basada en la cercanía, la responsabilidad y el respeto a la dignidad de cada persona.