22 oct 2026

Obesidad: La mayoría de los fármacos no mejoran significativamente la calidad de vida

A pesar de la considerable pérdida de peso, la mayoría de los medicamentos para la obesidad no mejoran de forma significativa la calidad de vida y pocos muestran beneficios cardiovasculares al cabo de un año, según un análisis que reúne datos de casi 100.000 participantes.

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Los fármacos no mejoran significativamente la calidad de vida, según un estudio.

Foto ilustrativa (Pexels).

Además, una mayor pérdida de peso suele ir acompañada de más efectos adversos, como síntomas estomacales, fatiga y pérdida de masa magra (muscular), y las mejoras no se mantienen tras interrumpir el tratamiento.

Estas son las principales conclusiones de un análisis realizado a partir de la evidencia más reciente y publicado este jueves en la revista The BMJ.

Después de una búsqueda en bases de datos científicas, los investigadores -de varios centros de China, Canadá y el Reino Unido, entre otros- encontraron 262 ensayos elegibles en los que participaron 99.791 personas (edad media de 49 años; 63 % de mujeres; índice de masa corporal medio de 35).

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Estos evaluaban 19 fármacos contra la obesidad, tanto los ya disponibles como los de nueva aparición, con un seguimiento de entre 12 y 172 semanas.

Entre los beneficios se incluían cambios en el peso corporal, la masa grasa y la calidad de vida, mientras que entre los posibles efectos adversos figuraban modificaciones en la masa magra, efectos adversos gastrointestinales, trastornos relacionados con la vesícula biliar y fatiga.

Según el análisis, la tirzepatida y la cagrilintida-semaglutida (CagriSema) lograron (con una certeza de moderada a alta) la mayor pérdida de peso después de un año, pero los mayores beneficios generalmente se acompañan de más interrupciones del tratamiento, síntomas gastrointestinales, fatiga y pérdida de masa muscular magra.

Esto, según los autores, indica una clara relación entre beneficios y riesgos.

El estudio describe asimismo que la tirzepatida fue el que más redujo la masa grasa, pero también la masa magra.

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La semaglutida subcutánea es el único fármaco con evidencia de reducción de la mortalidad por todas las causas, el infarto de miocardio y la insuficiencia cardíaca (esta última también demostrada para la tirzepatida).

Ningún fármaco redujo de forma convincente la insuficiencia renal ni mostró mejoras clínicamente importantes en la calidad de vida, apuntan los autores.

Limitaciones del estudio

Entre las limitaciones del trabajo está que la mayoría de los ensayos tuvieron un seguimiento relativamente corto, tal y como reconocen los autores. Esto condiciona las conclusiones sobre seguridad a largo plazo, calidad de vida y efectos sobre la salud cardíaca y renal.

Además, la evidencia sobre varios fármacos más recientes era escasa y de baja certeza, y es posible que las poblaciones de los ensayos no representen plenamente a los pacientes del mundo real.

Sin embargo, aseguran, esta revisión ofrece “una comparación exhaustiva y actualizada” de los fármacos para la obesidad disponibles y de los que están surgiendo, en relación con un amplio conjunto de resultados importantes para pacientes, médicos y responsables políticos.

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“Las decisiones en la práctica clínica deben considerar el equilibrio entre beneficios y riesgos en el contexto de la toma de decisiones compartidas”, escriben los autores en su artículo.

Para José M. Ordovás, del Centro de Investigación Jean Mayer USDA sobre Nutrición Humana y Envejecimiento (Estados Unidos), este es un trabajo sólido y de buena calidad, aunque con algunas limitaciones, como que haya pocas comparaciones directas entre fármacos.

“Encaja con lo que ya sabíamos: algunos fármacos producen pérdidas de peso importantes, pero perder peso no significa automáticamente mejorar todos los aspectos de la salud. La báscula cuenta una parte de la historia, pero no toda”, señala a Science Media Centre el experto, que no participó en el estudio.

Que el perfil cardiovascular mejore poco -dice- puede explicarse porque el riesgo cardiovascular depende de muchos factores además del peso: presión arterial, glucosa, lípidos, inflamación, edad, enfermedad previa, dieta, actividad física y masa muscular. Además, un año puede ser poco tiempo para detectar beneficios claros en eventos cardiovasculares.

Fuente: EFE.

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