Su ejemplo me llegó profundamente. Vivenciando así, la expresión que lleva como título de su mensaje “no apartes tu rostro del pobre” del profeta Tobías (Tb 4,7) al dedicar a estas personas más que una lectura, al dar su tiempo para compartir un encuentro.
Es que todos somos pobres, en algún momento o de alguna forma. Un amigo que estuvo internado con un problema serio de riñón me decía: “Estando mi vida en riesgo, me di cuenta del valor de la amistad y la cercanía. Estuvieron conmigo solo unas pocas personas que me cuidaron y que hubieran dado un riñón si les fuera posible. Luego algunos que me visitaron y me regalaron lo más valioso, su tiempo, y otros solo enviaron saludos, oraciones y la frase favorita: “avísame, cualquier cosa...”. Así mismo, algunos que consideraba amigos, no se enteraron o nunca aparecieron”.
Esto también sucede con la cercanía que tenemos con quienes más necesitan. Si bien hay maravillosos ejemplos de solidaridad, claramente no son suficientes con los “ríos de pobreza” que cruzan nuestro país con tantas necesidades insatisfechas, como tampoco alcanzan las políticas y programas que se apartan del rostro de los más vulnerables y no apuntan al desarrollo integral de las personas, lo que tiene consecuencias graves porque no solo comprometen las posibilidades de una vida digna para muchos, sino también afectan la cohesión social, tan necesaria para vivir y crecer a pesar de nuestras diferencias. “Achicar la brecha de la desigualdad social” fue el reciente pedido del cardenal Adalberto al Gobierno que acaba de cumplir sus primeros 100 días de gestión.
A nivel de empresarios y dirigentes, el llamado de crear empleo digno y promover el emprendedurismo, antes que el asistencialismo es fundamental. Igualmente lo es, pagar salarios justos y respetar los derechos de los trabajadores, así como proteger el medio ambiente.
Uno diría que actuando con “responsabilidad social” y sentido de sostenibilidad, nos hacemos buenos ciudadanos. Sin embargo, la invitación del papa Francisco, igual que Jesús con la parábola del buen samaritano, es dar un paso más, es entrar en una relación personal con el que más necesita y está cerca nuestro. No solo dar algo, sino escuchar, dialogar, compartir, y aprender.
Se acercan las fiestas de fin de año y además de las celebraciones y regalos en el trabajo o en la familia, quizás tenemos la oportunidad de hacer algo distinto como regalar “cercanía”, especialmente con los más necesitados (material, emocional o espiritualmente) de la puerta de al lado, que pueden estar en nuestra familia, en el trabajo, o en la comunidad.
Como dice Evangelii Gaudium, “estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos”.