30 ago 2026

Neri Farina: “San Juan Pablo II le dio la extremaunción a la dictadura de Alfredo Stroessner”

Periodista, escritor y editor, Neri Farina es el presidente de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y comparte su perspectiva sobre el ámbito periodístico y literario actual en el Paraguay con esbozos de su propia vida.

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Me llamo Bernardo Neri Farina y nací en Asunción el 21 de agosto de 1951. Mis padres eran don Amado Neri Farina, locutor de radio, y mi madre, Benita Ramírez, comerciante. Éramos la típica familia asuncena de la época, allá por el barrio San Antonio, de Sajonia. Me crié en un ambiente cálido con mis hermanos Amado y María Victoria.

Infancia

Uno de mis recuerdos de infancia era cómo acarreábamos agua todos los días, desde la casa de un vecino que tenía agua corriente, y después mi abuela, doña María Victoria Tola Monges, la matrona del barrio, nos hacía unos bifes a caballo como desayuno. Era una pobreza digna.

Inicié mis estudios en la Escuela San Antonio, a cargo de los padres salesianos, y la secundaria la hice en el colegio Monseñor Lasagna, también con los salesianos, así que tengo esa impronta. Tengo tan lindos recuerdos de esa época, como las conversaciones con el hermano Félix de la Fuente sobre el Quijote.

Como papá era febrerista y locutor, siempre sentí inquietud por el periodismo. Aunque primero probé Medicina, pero no ingresé. Una amiga me sugirió ir a la Facultad de Filosofía de la UNA que me quedaba también cerca, a cursar Periodismo, y aunque no me recibí logré hacer una carrera en el periodismo.

Dictadura

Era un contexto de dictadura, así que en el barrio convivíamos con comunistas, como el vecino Carmelo Galeano, quien era frecuentemente arrestado y con pyragues, que también existían en el vecindario. Compartí mucho con amigos locutores de papá, como Bernardo Aranda, que tuvo un trágico final. De Bernardo, mi amor al rock & roll.

Soy del club Guaraní, aborigen de pura cepa. Recuerdo cómo lo seguíamos al equipo jugara donde fuere.

Aquella Asunción de mi infancia no era como la Asunción actual. En cuanto a la vida política de aquellos finales de los 50 y comienzos de los 60, no teníamos tanta conciencia de lo que pasaba. Había pocos medios informativos, pocas denuncias sociales, pero sí sabíamos que había siempre alguien observándonos, observando todo: un pyrague.

Periodismo

Me lancé al mundo de la música como cantante y en 1976, siendo estudiante en Filosofía UNA, me convocaron para una pasantía en ABC Color. Luego de tres meses, el director me dijo que me contrataría, pero con la condición de que dejara de cantar. Yo entonces ganaba muy bien como cantante, así que no acepté. Pero el tiempo y el destino quisieron que hoy, hacia el final de mi carrera, sea columnista de ABC.

En 1977 ingresé al diario Hoy, con Humberto Domínguez Dibb, y llegué a ser director del periódico. Pero cuando el medio cambió de propietario fui desvinculado en 1992. Los nuevos dueños tenían una visión más neoliberal. Trabajé luego con el hermano de Humberto, Reinaldo Domínguez Dibb, en La Opinión y con Bruno Masi como su guionista.

San Juan Pablo II

Un hecho que marcó mi carrera fue el ser periodista acreditado durante la gira por Sudamérica del papa Juan Pablo II, también conocido como el Papa Viajero, en mayo de 1988, como miembro de su comitiva periodística. Siempre digo que san Juan Pablo II vino a darle la extremaunción a la dictadura de Alfredo Stroessner, fue un punto de quiebre, ya que unos meses después Stroessner iba al exilio para nunca más volver.

Los obispos de la época tuvieron una actuación sobresaliente: Maricevich, Livieres, Rolón, eran una voz unísona de resistencia. Durante la visita papal hubo un acto que el gobierno pretendió suspender unilateralmente, el de “los constructores de la sociedad”.

Estábamos en Cochabamba, Bolivia, con el Papa, cuando llegó la noticia. Hubo estupor en la delegación papal y los demás periodistas nos preguntaban a Carlos Talavera, enviado de Última Hora, y a mí, cómo era posible que un gobierno suspendiera un acto pactado con el Vaticano. Fue algo insólito a los ojos del mundo. Y para evitar el bochorno internacional, Stroessner cedió.

En esa visita, el Papa le lanzó a Stroessner un mensaje muy claro: “La Iglesia no puede estar arrinconada en sus templos”. Al dictador no le gustaba que los sacerdotes cumplieran su misión social. Tras la caída de la dictadura, la situación del país empezó a cambiar, aunque lentamente.

Libertades

La libertad de expresión la ganó la ciudadanía, se la conquistó. Mucha gente tomó esa libertad como una licencia para decir lo que quisiera, sin límite. Pero la libertad de expresión no es para eso, sino para decir lo que se debe decir, de acuerdo con los principios que uno esgrime y en el contexto de la vivencia armónica con la sociedad. Eso es lo primero que todo periodista debe tener en cuenta.

Pienso que algo que no puede faltarle a ningún periodista es la lectura. Yo hice una carrera desde abajo en el ámbito periodístico, pero siempre leí, siempre me informé. No paré de actualizarme. Eso por supuesto ayuda a mantenerse en la carrera.

También tengo la faceta de escritor y mi libro El último supremo (2003), una biografía del régimen de Stroessner, sigue siendo una referencia entre mis publicaciones. Hoy, como presidente de la Academia Paraguaya de la Lengua Española, reconozco que se está escribiendo más, se publica más que antes, aunque lo que habría que ver es la relación cantidad versus calidad. El tema de la IA en publicaciones tiene que ser tomado con responsabilidad. Es una herramienta útil, no se discute, pero también se puede crear “literatura” a partir de la IA y eso sí ya es distinto. Constituye un fraude. No se puede remar contracorriente, la tecnología viene para quedarse. Uno debe adaptarse, con mayor y mejor preparación intelectual. Si no, te lleva por delante, porque esa máquina va a terminar pensando por vos. La libertad de prensa es diferente a la libertad de expresión. La primera es la potestad que tiene un medio para publicar lo que desee y callar aquello que no crea necesario publicar. La libertad de expresión concierne a la ciudadanía toda.

“Pienso que no se puede ser un buen periodista sin lectura. La IA vino para quedarse y uno debe adaptarse con mayor preparación intelectual”.

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