Revista Pausa

Millennial, una filosofía adaptada a nuestro tiempo

Rita y Merlí tienen tramas similares, abordan la vida de una maestra y un maestro respectivamente, la relación con sus hijos, con los alumnos y con los recortes en la educación pública. ¿Cómo hablar de filosofía en tiempos de hiperconectividad y fake news en el código de los y las jóvenes?

“Apuntad el nombre de esta filósofa contemporánea”, pide Merlí a los peripatéticos, como llamaba a los alumnos y alumnas del secundario. Escribe Judith Butler en el pizarrón. “Una de las grandes teóricas feministas del movimiento queer. Según su teoría, nuestro sexo, aquello que supuestamente nos define como hombres y mujeres, no es más que una construcción social. El hecho de ser un hombre o una mujer no está determinado por nuestro nacimiento, sino que nos han enseñado a ser así. Hemos aprendido esto en un contexto educativo que tiene como norma la heterosexualidad. Todo aquello que salga de esa norma está excluido”, continúa.

“¿Pero ella defiende que se excluya lo que no entra en la norma?”, pregunta Iván. “Al contrario”, sigue Merlí, “ella cree que no tenemos que percibirnos obligatoriamente ni como hombres ni como mujeres. Es decir, de la misma forma en que construimos el género, también podemos deconstruirlo”. En este episodio, el polémico profesor de Filosofía Merlí Bergeron, interpretado por Francesc Orella, introduce la definición de género y se propone enseñar sobre diversidad a los peripatéticos.

En la serie, dirigida por Héctor Lozano, el profesor explica en cada capítulo una parte del pensamiento de un filósofo que cuestiona las certezas de sus diez alumnos y alumnas. Merlí los bautiza "los peripatéticos", en honor a un grupo de filósofos de la Antigua Grecia que acompañaban sus reflexiones con caminatas.

Pero Merlí no es cualquier docente. Es complejo, provocador, jactancioso, nietzscheano. Se involucra profundamente en la vida de sus alumnos y alumnas. Hace un permanente esfuerzo socrático por preguntar y desarmar las certezas de los personajes, sobre todo los más jóvenes. Y es que, en el fondo, más que de filosofía, la serie habla de la adolescencia. El momento en que surgen la mayoría de nuestras inquietudes.

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Cristian Andino, investigador del Conacyt y profesor en la facultad de Filosofía en la UNA y la UCA, cree que hoy, en el país, existe una generación de jóvenes filósofos con nuevas ideas sobre cómo difundir la filosofía.
Cristian Andino, investigador del Conacyt y profesor en la facultad de Filosofía en la UNA y la UCA, cree que hoy, en el país, existe una generación de jóvenes filósofos con nuevas ideas sobre cómo difundir la filosofía.

Cristian Andino, investigador del Conacyt y profesor en la Facultad de Filosofía en la UNA y la UCA, cree que hoy, en el país, existe una generación de jóvenes filósofos con nuevas ideas sobre cómo difundir el pensamiento. “Filosofía es pensar la realidad desde nuestra propia historia crítica y creativamente con un afán de transformar el entorno. En términos tradicionales, hay filosofía cuando tenés una academia, tenés libros, y a eso lo llamamos un normal ejercicio de filosofar. Pero desde la tradición latinoamericana, decimos que la filosofía, en realidad, es la forma en que una población, una generación o un pueblo responde a sus problemas pensando sus problemas”, refiere.

La trinchera desde la que resiste Andino es la de la filosofía indígena, rescatada hace más de 40 años por antropólogos. Sus ideas pueden hallarse en la mitología, que habla de una forma de vida, una visión política, ética y económica de la realidad que, en su conjunto, puede ser valorada filosóficamente. “Hay toda una filosofía guaraní que debemos reivindicar; desde ahí parto. Pero, primero, se tiene que rastrear. Entonces, hacemos toda una historia de las ideas que pueden ser llamadas filosóficas pero que están fuera de la academia”, dice el autor de Logos guaraní.

Salir de la caverna hoy también significa alejarse de las discusiones que se quedan en las élites académicas. Sebastián Arestivo (25) y Raúl Acevedo (27) organizan Filosofía en el bar (FiloBar), un proyecto que se propone sacar a la filosofía de las aulas y llevarlas a un nuevo contexto: los bares de Asunción. Aunque existen cuestionamientos cíclicos como la justicia, la muerte, la naturaleza, la razón y la condición humana, para los investigadores, el pensamiento filosófico angustia. Para ellos, es el descubrimiento de contextos que nos constituyen en nuestra existencia, un momento de crisis que busca reflexionar sobre los otros y sobre nosotros mismos. Pero existe una despreocupación del Estado por fomentar espacios de reflexión.

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Sebastián Arestivo es co-organizador de Filosofía en el Bar, junto con Raúl Acevedo. Una actividad itinerante que surge de la necesidad de un espacio que construyen un cuerpo teórico o a fines.
Sebastián Arestivo es co-organizador de Filosofía en el Bar, junto con Raúl Acevedo. Una actividad itinerante que surge de la necesidad de un espacio que construyen un cuerpo teórico o a fines. "Las instituciones que deberían estar dando espacios no están haciéndolo. Se vuelve una oportunidad donde la gente puede difundir su trabajo académico por fuera de las universidades", expresa.

“La filosofía entendida como el estudio o la reflexión en torno a lo que sucede en la realidad en Paraguay, sobre todo, está en crisis. No hay una producción académica muy amplia que se dedique a estudiar qué está pasando en otro contexto. Las instituciones que se deberían dedicar a la producción intelectual no lo están haciendo, y las universidades se dedican nada más que a expedir títulos. No hay apoyos a nuevas intelectualidades, nuevos pensamientos, personas que quieran generar un aporte nuevo”, explica Sebastián.

“¿Quiénes somos?, ¿a dónde vamos?, ¿de dónde venimos?, ¿existe un dios?, ¿por qué estamos acá?” son algunas preguntas que la docente de 28 años Amaya Riveros les hace a sus alumnos del segundo de la media en el Colegio Apostólico San José. “A veces están muy enganchados con lo que la cultura o la sociedad misma nos dice que tiene que ser nuestro modelo de vida y este tipo de estructuras es lo que la filosofía rompe. Te ayuda a moverte de la zona de confort”, cuenta.

Filosofía en tiempos de redes sociales

La explosión de las redes sociales acercó territorios y facilitó la comunicación. La información está al alcance de cualquiera con acceso a un teléfono móvil. Pero precisamente por eso, cualquiera se convierte en un medio de difusión. Hoy nos encontramos en medio de una guerra de desinformación producto de la cantidad de fake news (noticias falsas) que circulan por la web. Este es el contexto de los y las adolescentes, y desconectarnos de esa realidad hace más difícil la adecuación a las preocupaciones de su tiempo.

Gabriela Schvartzman Muñoz es politóloga, activista social y feminista. Considera que hay un interés por parte de ciertos sectores de la sociedad de buscar información fidedigna. “Veo una renovada búsqueda de contenidos, de marcos conceptuales e históricos. En general, con todo este bombardeo informativo y con el auge de las fake news, existe un retorno a la verdad, pero una verdad entendida desde procesos de construcción de conocimiento más respetuosos, con fuentes válidas. Ya no como una actividad entre cuatro paredes de estudiosos, sino que salen de las universidades”, apunta Gabriela. Entre algunos proyectos, menciona la Semana de la Filosofía en la UNA y los talleres de FiloUCA y Base Is que tienen una perspectiva interdisciplinaria.

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Amaya Riveros es docente de filosofía en el colegio apostólico San José y cuenta que trata de estimular a sus alumnos y alumnas a que desarrollen el gusto por la filosofía a través de planteos que los sacan de su zona de confort. Escribió su tesis sobre el filósofo alemán Max Horkheimer, de la escuela de Frankfurt.
Amaya Riveros es docente de filosofía en el colegio apostólico San José y cuenta que trata de estimular a sus alumnos y alumnas a que desarrollen el gusto por la filosofía a través de planteos que los sacan de su zona de confort. Escribió su tesis sobre el filósofo alemán Max Horkheimer, de la escuela de Frankfurt.

Para Amaya es importante que los chicos hagan el esfuerzo de buscar la información en internet, porque implica un esfuerzo de desmalezamiento de noticias falsas y de rigurosidad. “Yo quiero que se pregunten por qué creen lo que creen, por qué eligen una profesión frente a otra. Cuando les pido que escriban un ensayo, lo que busco es que se encuentren con un texto que les genere preguntas y que cuestionen sus ideas pero que también se empoderen con ellas”, considera Amaya, que escribió su tesis sobre el filósofo alemán Max Horkheimer, de la Escuela de Frankfurt.

Transcurrir la adolescencia en este siglo no es tan diferente a las últimas décadas del siglo XX. La tecnología no goza de protagonismo y queda a un lado en favor de la filosofía y los filósofos. Así como las redes pueden confundir, desinformar y hasta destruir, también funcionan como arenas del debate moderno. Raúl Acevedo, investigador independiente y profesor auxiliar de Estética en Filo UNA, considera, sin embargo, que existe una fantasmagoría de la democratización cuando hablamos de las plataformas digitales.

“Las redes nos invitan a replantearnos nuevos desafíos con respecto a los espacios de debate, aunque es conflictivo hablar de democratización porque da la apariencia de que todos participan; pero, ¿hasta dónde uno está debatiendo y no siendo movido por intereses o por opiniones ajenas que muchas veces son guiadas por cuentas falsas? Da la impresión de un debate democrático, pero es un mero fantasma, sin carne ni alma”, describe Raulín, como lo conoce su círculo íntimo.

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Para Raúl Acevedo, investigador independiente y profesor auxiliar de Estética en Filo UNA, considera que la mayoría de los profesores de filosofía en las universidades hacen foco en la hermenéutica o en la filosofía tradicional pero también hay otra línea que no  profundizan como los estudios de género, estudios post o subcoloniales o la filosofía de la diferencia.
Para Raúl Acevedo, investigador independiente y profesor auxiliar de Estética en Filo UNA, considera que la mayoría de los profesores de filosofía en las universidades hacen foco en la hermenéutica o en la filosofía tradicional pero también hay otra línea que no profundizan como los estudios de género, estudios post o subcoloniales o la filosofía de la diferencia.

Raulín es también coorganizador de FiloBar junto a Sebastián. Para ellos, las redes sociales cambiaron el espectro de recepción de eventos. “FiloBar empezó con un público pequeño, entre amigos, amigas y conocidos. Pero vimos la necesidad de crear un espacio digital para difundir el evento y llegar a más personas. Esto resultó en la creación de redes de solidaridad con otros espacios culturales, colectivos de estudios y movimientos alternativos que, en un principio, no creíamos que iba suceder”, relata.

El rol de los y las docentes en las instituciones

“Todo lo que se sale de la norma es incómodo para la sociedad”, expresa Merlí en la serie de Netflix, que tuvo tres temporadas. Y con este concepto también explica la conexión y relación personal (a menudo cuestionada por sus superiores) que teje con sus alumnos. Andino considera que la filosofía debe acercarse a la gente y que, además, tiene la particularidad de que los docentes que están involucrados en la disciplina son apasionados por su materia.

Las obras de Darío Sztajnszrajber, como Filosofía en 11 frases o ¿Para qué sirve la filosofía? (Pequeño tratado sobre la demolición) son best sellers en Argentina, donde consiguió popularizar las teorías de pensadores como Marx, Descartes o Foucault. “Si no logramos ese despertar, tenemos que dedicarnos a otra cosa. Con mis colegas estamos constantemente dando charlas en el interior, no solo en la academia, no solo en los centros urbanos, sino mucho más adentro. El desafío es, sobre todo, cambiar el lenguaje. Hacer que la gente se entienda”, opina Andino.

La filosofía acostumbra a ser una materia denostada en la educación secundaria. Para los entrevistados, un problema habitual en el método de enseñanza pasa por los dos extremos de la metodología: los niveles de abstracción, sin una aplicación práctica, que se manejan en los contenidos, o su defecto, el énfasis exacerbado en la reflexión subjetiva de los alumnos y alumnas sin sustento teórico. A esto se le suma la desatención por hiperconectividad.

Con esa lucha convive Merlí, cuya metodología de enseñanza es cuestionada por el profesorado. Les da herramientas conceptuales a sus alumnos para desarrollar un pensamiento crítico y desafiar el orden establecido. Amaya cree que esta es la única manera de llegar a los jóvenes. “Por más que la filosofía trata de responder preguntas existenciales que aparecen en nuestra vida y se enfoca en todo el conocimiento general de la ciencia, creo que la mejor manera de enganchar con los chicos es relacionarla con sus vidas”, sugiere.

La auscultación patriarcal en la filosofía

Hablar de las mujeres en la filosofía es como narrar una crónica de desencuentros. Un ejemplo frívolo pero claro es que existe una serie menos conocida que Merlí pero con una temática similar. Se trata de una docente políticamente incorrecta en Dinamarca (esta vez mujer), que problematiza el sistema de enseñanza público danés: Rita. No se centra en describir las aventuras de un grupo de estudiantes ni en sobrevivir disputas sobre la organización de las cátedras. Rita busca “proteger a los alumnos de sus padres y madres”, lo que choca constantemente con la dirección del instituto. Esta serie en clave feminista dirigida por Christian Torpe problematiza el lugar que ocupan las mujeres en las ciencias sociales.

El feminismo es un pensamiento político que nace en Europa en el contexto de la Revolución Francesa y llega a América Latina a partir del 1900. En Paraguay, también, hubo una diversidad de feminismos en ese periodo hasta después de la Guerra del Chaco, donde las ideas nacionalistas y los autoritarismos empezaron a surgir, y, de esta manera, el feminismo se fue diluyendo. Alrededor de 1987, durante los últimos años de la dictadura stronista, las mujeres retoman la organización.

“Existe una larga tradición de lucha de mujeres pero que, por ahí, no se nombran feministas, como campesinas e indígenas. Pero si entendemos que el feminismo es la lucha de las mujeres por un reconocimiento de su valor, por una igualdad de derechos, entonces a veces englobamos todo eso también, si bien hay una lucha histórica y muchísimas organizaciones de mujeres en todos los campos. También hay un elemento aglutinador en esta última explosión feminista que va a partir de estas movilizaciones masivas mundiales por el 8M y el Ni Una Menos”, ilustra Schvartzman.

Jessica Pereira Quintana, estudiante de la Facultad de Filosofía UNA, opina que hay una invisibilización de las mujeres tanto en las lecturas que proponen las universidades como en los espacios académicos de legitimación. “Lo que veo y siento en el cuerpo tiene que ver con evitar un espacio de filósofos dentro de la universidad siendo estudiante y mujer. Me veía invisible siempre y eso implicó cierta organización de mi parte y con mis compañeras para sentirme más parte de ese círculo de filósofos. Entrar implicaba mucho esfuerzo de tiempo mental”, comenta Jessi.

Hoy, con su compañero Enrique Aguilar, conduce un espacio de lectura ensayística que bautizaron como Asamblea Maquínica. “Hay demasiado que tenés que hacer para que un profesor filósofo te haga caso o crea que los temas que a vos te gustaría investigar son interesantes. En este caso, a mí me pasa con la teoría de género, la teoría queer o el feminismo en general. Es muy difícil sostener que los profesores estén abiertos a ciertos debates porque nos asignan estos temas de género como temas de mujeres. En lugar de hacer un ejercicio de participación y construcción de conocimiento colectivo, dejan a las mujeres que piensen, organicen sin una intención por involucrarse”, revela Jessi.

Con relación a si existe una filosofía paraguaya inscripta en la tradición latinoamericana, Gabriela cree que hay varios espacios en construcción tanto de paraguayos como de extranjeros y extranjeras que estudian al país desde distintas plataformas académicas. “Yo creo que es responsabilidad de las universidades. Todavía no veo que se desarrollen muchos marcos teóricos propiamente latinoamericanos como los enfoques decoloniales y otros enfoques críticos a los marcos teóricos eurocéntricos, occidentales, que quieren mirar desde Occidente nuestras realidades. Entonces, creo que falta mucho por descolonizar nuestra universidad y etimología”, concluye la politóloga.

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