Esa misma pieza musical, compuesta por Jara en 1966, fue nominada al Grammy Latino el pasado 16 de septiembre -justo en el aniversario de su muerte- por la interpretación del artista chileno Manuel García, que hizo parte de la banda sonora de la serie La Casa de los Espíritus. Pero esa no es la razón por la que están aquí.
“Hoy más que nunca” es el emblema que se podía leer en la pantalla gigante arriba del escenario. Debajo de ella, vestidos de blanco, estaba una gran parte del coro de ciudadanos comunes que rindieron homenaje al músico asesinado en los días posteriores al golpe de Estado con que se instauró la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). La otra parte del coro estaba sobre el propio suelo de la plaza, entre guitarras, partituras y letreros que preguntan “¿Dónde están?” con la foto de algún detenido desaparecido.
“Las canciones de Víctor Jara son parte de una memoria que permanece viva, son historia de las familias que todavía buscan respuesta y son también una invitación permanente a construir una sociedad más justa, más solidaria y más humana”, expresó durante el evento Fares Jadue, alcalde actual de la Municipalidad de Recoleta que propicia este encuentro desde hace catorce años.
Desde 1970 el músico asumió un fuerte compromiso político, siendo militante del Partido Comunista de Chile, participó activamente en las campañas electorales de la Unidad Popular (coalición de corrientes de izquierda) y en la llegada al poder de Salvador Allende.
Jara fue tomado prisionero por el Ejército de Chile en la Universidad Técnica del Estado el 12 de septiembre de 1973. Junto a otras 5.000 personas permaneció retenido en el Estadio de Chile, un recinto que hoy lleva su nombre pero que, en su momento, fue el escenario donde lo interrogaron, le rompieron las manos y lo sometieron a brutales torturas.Cuatro días después, su cuerpo fue encontrado con más de cuarenta y cuatro orificios de bala en las cercanías del Cementerio Metropolitano.
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Al interior del cementerio hay dos tumbas que, en días como hoy, se florecen de ofrendas para Víctor Jara. La primera es un pequeño recuadro pintado de rojo en medio de los osarios al frente del Patio 29, que entre 1973 y 1974 se usó como fosa común para enterrar de forma clandestina decenas de cuerpos de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos.
“Es importante recuperar la memoria a través de las canciones de Víctor Jara, que fue un bendecido porque ha sido el ídolo posterior al golpe de Estado, ha demostrado la fuerza del pueblo chileno, un campesino que vino a cantar, a hacer arte, literatura y poesía que nos llena de colores”, expresó a EFE Jorge Grez de 60 años, asistente del evento.
En 2009 sus restos fueron exhumados tras una orden judicial para determinar las condiciones en las que murió el músico y, luego de un homenaje multitudinario, fueron enterrados de nuevo a unos metros del nicho original, donde ahora descansa junto a su esposa Joan Turner.
53 años después de su muerte y a dos días de su natalicio -28 de septiembre-, sus canciones continúan vivas en las más de dos mil manos que empuñan guitarras y alzan un solo canto con un millar de voces para recordarlo frente al cementerio en el que están sus dos tumbas junto a las de cientos de desaparecidos y ejecutados políticos.
Fuente: Juan José Díez Goez/EFE.