28 sept 2026

BaterAsu ofreció una fiesta de ritmo y adrenalina en Palma Joven

Un total de 129 bateristas, desde niños de 4 años hasta adultos de hasta 75, interpretaron ocho canciones en una presentación breve pero cargada de energía en la calle Palma, de Asunción. Dejó con ganas de más.

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La calle Palma desde las alturas: decenas de baterías e instrumentistas retumbando en pleno centro asunceno.

Foto Jose Bogado.

Apenas media hora bastó para convertir el centro histórico de Asunción en una gran fiesta de ritmo, energía y adrenalina. Un total de 129 bateristas tocaron al unísono canciones durante BaterAsu, el encuentro impulsado por la Academia Zeppelin dentro de la programación de Palma Joven 2026.

La presentación fue breve, pero sumamente intensa y divertida. El sonido de las baterías se apoderó de la calle Palma mientras niños, adolescentes y adultos compartían el mismo repertorio ante el público.

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El calor fue también protagonista de la jornada: la elevada temperatura y la presencia de participantes de edades muy diversas obligaron a concentrar el espectáculo en aproximadamente 30 minutos.

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Fotos Jose Bogado UH

Palma Joven contagió la pasión por la música la mañana del sábado 26 de setiembre sobre la icónica calle asuncena, con música en vivo, gastronomía y ferias de oportunidades, becas y emprendimientos.

El anuncio previo señalaba que BaterAsu aspiraba a reunir a cerca de 200 bateristas. Finalmente fueron 129, una cifra que la directora de la Academia Zeppelin, Gladys Rojas, celebró por el enorme despliegue humano y logístico que requirió la actividad.

“No llegamos a los 200, pero llegamos a 129 y lo decimos con mucho orgullo, porque representa un esfuerzo tremendo”, expresó Rojas, organizadora y también participante del espectáculo.

Cada batería tenía un lugar previamente numerado y detrás de la presentación existió un intenso trabajo de coordinación, traslado y montaje de instrumentos. La convocatoria trascendió Asunción: nueve estudiantes de la sucursal de Ciudad del Este viajaron para participar. Algunos alquilaron sus instrumentos y otros utilizaron baterías facilitadas por el conservatorio.

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Gladys Rojas, directora de la Academia Zeppelin y una de las organizadoras de BaterAsu 2026.

Foto: Marisol Ramírez UH

Rojas explicó que las ocho canciones que interpretaron demandaron un importante esfuerzo físico. “Tocar durante media hora estos temas ligeros te mata. Con el sol es imposible aguantar mucho más y hay que tener en cuenta que participaron niños de apenas cuatro años”, señaló.

El encuentro integró a bateristas de entre 4 y 75 años. La propia directora, se ubicó frente al instrumento para compartir la experiencia y transmitir un mensaje a quienes creen que la edad puede ser un impedimento para comenzar.

“La batería me sacó dolores de rodilla, dolores de huesos, todo. La batería es mágica; el arte es mágico y cura el alma. A quien esté pasando por un bajón, le digo que se acerque: Acá lo vamos a levantar con toda la energía”, manifestó la organizadora.

Sus tres nietas también participaron. Comenzaron a tocar a los 5 años y actualmente tienen 7, 8 y 9. “La casa se llena de alegría cuando tocamos, ensayamos y estudiamos. Es una felicidad única”, añadió Rojas, quien destacó el respaldo de las familias como un componente esencial en la formación de los niños.

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Ritmo y energía desde el aire: el impresionante marco de público y músicos en BaterAsu 2026.

José Bogado UH

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Lo que se escuchó

El setlist presentado en la 5ª edición de BaterASU ofreció una potente selección cargada de grandes clásicos del hard rock y heavy metal internacional, complementados de manera genial con el metal con identidad nacional.

La jornada retumbó con riffs icónicos como los de Paranoid (Black Sabbath), Crazy Train (Ozzy Osbourne), Dirty Deeds Done Dirt Cheap (AC/DC) y el inconfundible himno Smoke On The Water (Deep Purple).

La energía se mantuvo al máximo nivel con la fuerza de Enter Sandman (Metallica), Welcome To The Jungle (Guns N’ Roses) y Living Loving Maid (Led Zeppelin), teniendo además un momento cumbre de potencia local con el potente tema Machete Che Pope (Acosta Ñu) de la agrupación paraguaya Kuazar.

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Así resonaron las baterías en pleno microcentro: 129 músicos hicieron vibrar la calle Palma durante BaterAsu 2026.

Foto: José Bogado UH

Disciplina y perseverancia

Entre las jóvenes participantes estuvo Camila Duarte, de 16 años, quien empezó a estudiar batería a los 13, luego de probar diferentes instrumentos y descubrir que se sentía especialmente atraída por el ritmo.

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Camila Duden (16), quien comenzó a tocar la batería a los 13 años, junto a sus padres durante la jornada de BaterAsu 2026.

Foto: Marisol Ramírez UH

“Me gustó ser la base de la música. La batería es la que sostiene la canción y me encanta su energía”, explicó Camila, quien este año también comenzó a estudiar saxofón en el colegio.

Aunque no existen otros músicos en su familia, la adolescente contó que recibió el apoyo constante de sus padres. Ahora posee su propia batería y busca momentos para practicar entre sus responsabilidades escolares, cuidando además los horarios para no molestar a los vecinos.

Para ella, la música favorece especialmente la disciplina y la organización. “Tenés que practicar para poder mejorar. Hay que ser constante, organizar los tiempos y ser más responsable”, sostuvo.

Camila también alentó a las personas adultas que desean aprender un instrumento, pero temen haber dejado pasar el momento. “Mucha gente piensa: ‘Yo ya soy grande, entonces no voy a poder’. Pero no tiene nada que ver con la edad. Uno siempre puede seguir aprendiendo. Con perseverancia se puede lograr; es cuestión de práctica”, afirmó.

Después de superar los nervios de sus primeras presentaciones, ahora disfruta de tocar frente al público. Pink Floyd encabeza sus preferencias musicales, aunque admite entre risas que también le gusta mucho Luis Miguel.

Una pasión de tres generaciones

La historia de Ángel Romero, de 7 años, refleja cómo el amor por la batería puede transmitirse de generación en generación. Estudia desde hace aproximadamente un año y tiene como profesora a su propia madre, Rebeca Romero, baterista y docente de una academia de San Lorenzo.

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Tercera generación de bateristas: el pequeño Ángel Romero (7 años) disfrutó de la fiesta del ritmo en Palma Joven.

Foto: Marisol Ramírez UH

“Yo soy baterista y él nació rodeado de todo esto. Mientras daba clases, siempre estaba detrás, mirando y queriendo tocar. Hoy mi hijo también es mi alumno”, relató Rebeca.

Ella comenzó a tocar aproximadamente a la misma edad que Ángel. Su primer maestro fue su padre, Freddy Romero, abuelo del pequeño y también baterista.

“Mi papá tenía una batería y fue quien me enseñó. Yo crecí viéndolo tocar y escuchando música. Recuerdo que siempre estaba junto a la batería, con una radio al lado”, evocó.

Rebeca continuó luego su formación con profesores particulares, integró una banda y actualmente concentra su labor en la enseñanza. Ángel, por su parte, ya forma parte de una agrupación integrada completamente por niños. Para acompañar ese proceso, madre e hijo cuentan con el respaldo de los abuelos y del resto de la familia.

“La familia apoya muchísimo. Me siento muy agradecida porque cuento con mis padres, los abuelos de Ángel. Ellos nos acompañan y nos ayudan para que él pueda desarrollar todo esto”, destacó.

Elegir el instrumento que lo hace feliz

Sebastián Halley Pozzoli, de 7 años, lleva casi un año estudiando batería. Su interés por la música comenzó alrededor de los 5, cuando decía que quería tocar el piano frente a mucha gente. Al principio, su familia no tomó demasiado en serio aquella insistencia, pero luego recordó que su bisabuela paterna había sido profesora de piano y decidió darle la oportunidad de explorar esa inquietud.

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Sebastián Halley Pozzoli junto a su familia, disfrutando de la jornada de ritmo y música en BaterAsu 2026.

Foto Marisol Ramírez UH

“Cuando tenía 6 años lo llevamos a Zeppelin para que probara varios instrumentos. Tocó piano, guitarra y batería, y le gustó la batería”, relató su madre, Gabriela Pozzoli.

Desde entonces, Sebastián mantuvo el entusiasmo y mostró una especial facilidad auditiva. “Después de escuchar una música una sola vez, al rato ya está tarareando en el tono”, contó Gabriela, quien añadió que los profesores también reconocen sus condiciones para el instrumento.

La práctica requirió algunos ajustes en la dinámica familiar, entre ellos aislar una habitación de la casa para que pudiera ensayar. Aunque sus diversas actividades reducen a veces el tiempo disponible durante la semana, sus padres procuran inculcarle constancia y explicarle que aprender un instrumento también exige disciplina.

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Un momento del despliegue musical de BaterAsu 2026 en Palma Joven.

Foto: José Bogado UH

Gabriela lo describe como un niño tranquilo y metódico. La familia lo acompaña en sus clases, ensayos y presentaciones, una experiencia que también involucra a sus hermanas menores. Verlo actuar ante tanta gente les produce “mucha emoción y mucho orgullo”.

Para la madre, el respaldo familiar resulta fundamental cuando una vocación artística aparece a temprana edad. Celebra que Sebastián haya encontrado en la música una forma de expresarse y valora especialmente que sostenga su interés con perseverancia. Aunque todavía es pronto para pensar si algún día se dedicará profesionalmente a ella, la prioridad en su hogar está clara: “Lo que queremos es que él sea feliz”.

BaterAsu terminó pronto porque el sol y el esfuerzo físico así lo exigían, pero sus ocho canciones fueron suficientes para dejar una imagen poderosa: 129 personas de distintas generaciones compartiendo instrumentos, aprendizaje y alegría en plena calle. Durante media hora, Palma no solamente escuchó baterías; latió al ritmo de ellas. El público quedó con ganas de ver y escuchar más.

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