Uno de los ministros del TSJE “nos reconoció el derecho” de que se expongan las dudas sobre las máquinas de votación, pero que no se difame, ni se ataque al sistema electoral. Okey. Al mismo tiempo, quizá una repetición que cansa, pero que no deja de tener actualidad es que la heladera de los paraguayos continúa vacía. Mientras tanto, el Dr. Isaías Fretes, nombre de profeta histórico de la Iglesia que contesta siempre lo establecido, está desnudando a la clase política que maneja el Estado y, de paso, también al IPS con sus máquinas de angiografía, como un botín de delincuentes.
Estas cuestiones, dudas electorales, heladeras vacías, angiografías mortales y robos en el IPS se retroalimentan en modo recíproco y circular. La gente vende su voto, y los políticos bandidos pueden comprar las mesas de votación con todos los agentes electorales adentro, porque no hay consecuencias; además, causa y efecto al mismo tiempo, por las necesidades básicas que incluyen a la heladera vacía.
Los chats de Lalo, el olor a coima referido por Leite, los seis millones de dólares día que se roban conforme a expresiones de Riera, las denuncias dudosas de una señora Candado, las acusaciones y renuncias acontecidas con parlamentarios supuestamente relacionados con la mafia y el narcotráfico, etcétera, exponen las sospechas y cuán importante es la función del TSJE para salvar vidas humanas, legitimar el poder en el Estado y garantizar la democracia representativa dentro del principio del interés afectado.
Este dice que aquellos cuyos intereses mayoritariamente pueden ser o son afectados por las políticas públicas del Estado, son quienes deberían poder tener la capacidad de ser electos o ser representados en una democracia para participar y controlar lo que se hace desde el poder en el Estado. Nada que ver con los electos como Erico Galeano, Lalo y otros próceres republicanos todavía en sus cargos.
Persisten serias dudas sobre las máquinas de votación, en el sentido de si podrían ser cargadas, o no, con votos anómalos por mafiosos de la antidemocracia, en parte por la falta de profundidad en las raíces morales que afecta a la mayor parte de la población, por las necesidades de la gente que se compra y se vende en los momentos electorales, y porque no están todas cerradas las diversas maneras todavía posibles de manipular el proceso electoral, incluyendo las dudas sobre la posibilidad de utilizar las máquinas para grabar e imprimir votos antes de que estas vayan a las mesas y lugares de votación en el día D.
Es por eso por lo que, con razón, los del TSJE dicen que “los resultados” –lo que resulta de las urnas y de todo lo que imprimen las máquinas, incluyendo las papeletas con chips grabadas con los votos y las actas– no pueden ser alterados. Lo que se pueda hacer antes, desde que las máquinas y los maletines con materiales de votación salen de los depósitos del TSJE y llegan hasta las localidades de votación –durante y mientras esperan en algún lugar oscuro su traslado desde las oficinas regionales del Tribunal a cargo de funcionarios del TSJE reclutados en la masa de afiliados y adeptos leales a algún líder político y por cupos entre los diversos partidos políticos–, todo eso es otra cosa.
Urge mejorar los niveles de seguridad y control en las máquinas que, como me admitió la funcionaria Dominick Ramírez delante del presidente Rossel en una entrevista periodística grabada, no son lacradas para salir del TSJE a los locales de votación. Al mismo tiempo, hay que mejorar los niveles de seguridad para que los pendrives para arrancar y hacer andar las máquinas sean rastreables y sirvan cada uno, exclusivamente, para una sola y única máquina de votación. Es mi duda. Finalmente, la Iglesia debe terminar su tarea evangelizadora en el Paraguay, convirtiéndonos a pecadores rebeldes en arrepentidos que abandonen sus malos caminos. Ya está por venir el rapto y muy pocos se convierten de sus pecados, incluyendo el del fraude electoral, una tradición paraguaya tan folclórica como el mbeju, la polca y el trato apu’a. Saludos cordiales.