No sé si fue el penal que el pobre de Tacuara no pudo convertir en gol, o el gol que Nelson Haedo sí convirtió, pero el referí anuló, o lo mucho que los muchachos de la albirroja lucharon -en vano- por vencer al equipo español -que, a propósito, en ningún momento demostró ser mejor-, o el reconocimiento, por parte de los mismos jugadores compatriotas, de que “faltó suerte”, lo que me llevó a reflexionar sobre la veleidad del azar.
Sí, estoy segura de que usted coincidirá conmigo. Fue un capricho del destino el habernos quedado fuera del Mundial antes de tiempo. Pudimos ganarles a los españoles, esa es la sensación que queda y lo que rebela.
Adversidad, bambarria (en su segunda acepción), casualidad, destino o fatalidad... podemos llamarlo como queramos. Lo cierto es que “eso” que tuvieron los jugadores de la albirroja en contra, lo tuvieron los españoles a favor.
En realidad, en materia deportiva, a la Madre Patria, por estos días, le sonríe la diosa Olimpia, como dirían en la Grecia antigua. Es que además de esquivar, el sábado, “el zarpazo de la garra guaraní”, el domingo, el españolísimo Rafael Nadal ganó su segundo Wimbledon y el octavo título en torneos de Grand Slam en su carrera, al derrotar al checo Tomas Berdych (AFP).
Y hablando de providencia, dioses y buena suerte, no sólo a los españoles las adversidades de la vida le son esquivas, por estos días.
El azar, la suerte o el destino también le sonríen a mucha gente por estos lares. ¿Que no me cree?
Mire si no es suerte que mientras Fernando Lugo leía un mediocre informe al Congreso, al senador Luis Alfredo Jaeggli se le ocurre ponerse un ridículo gorro frigio y hacer sonar una vuvuzela “mau”, y a la diputada Desirée Masi volverse repentinamente mimosa con su media naranja, el ministro del Interior, ante el asombro de hasta su propio marido.
Ambos gestos -el ridículo y el desubicado-, obviamente, desviaron la atención, y las luces y los flashes no fueron para lo que decía el presidente de la República sino para lo que hacían uno y otro legisladores.
El antojo del azar hizo que al final el debate se centrara en qué pretendió reafirmar la diputada y a quien realmente ofendió el senador. Haciendo, en consecuencia, que olvidáramos que entre sus “logros” el presidente de la República hablara de que en un año construyeron sólo 48 kilómetros de ruta con pavimento asfáltico, cuando la necesidad es de más de 10.000 kilómetros.
Esa misma versatilidad del destino hizo también que todos -o por lo menos la mayoría de los medios de comunicación- olvidáramos rápidamente que el rimbombante anuncio del ministro de Hacienda, Dionisio Borda, sobre reducir la pobreza en un 50% en los próximos tres años que le restan de gobierno a Fernando Lugo no ha sido sino una simple expresión de deseo.
¡Vaya que tienen suerte! Y dígame si no hay inconstancia, ligereza, versatilidad y hasta volubilidad en el destino.