Editorial

Los criminales merecen una respuesta contundente

En un claro mensaje de la mafia  para infundir temor y que puedan seguir realizando sus negocios, asesinaron al fiscal Marcelo Pecci, en Colombia. Evidentemente la orden partió de Paraguay  y los criminales merecen una respuesta contundente de los órganos de seguridad e  investigadores. Caso contrario se corre el riesgo de que en un futuro inmediato nuestro país se convierta en un Estado dominado por el crimen organizado, que asesinó a uno de los fiscales  reconocidos por su lucha contra estos delincuentes.

El atentado mortal en Colombia al fiscal Marcelo Pecci, de la Unidad Especializada de Lucha contra el Crimen Organizado y el Narcotráfico, merece una respuesta contundente de los operadores de Justicia y de los órganos de seguridad para llegar a los que ordenaron su asesinato.

No es momento de tibieza de parte de los policías, fiscales, jueces y del propio Gobierno que deben tomar decisiones a la hora de hallar a los que están detrás de la ejecución del fiscal. Caso contrario, los tentáculos de las bandas delictivas irán debilitando las instituciones que deben erradicarlas. Este hecho, por doloroso que sea, debe comprometer aún más a los investigadores a fin de combatir sin cuartel a la delincuencia trasnacional.

Con el atentado, claramente, el crimen organizado los está desafiando y lanza un mensaje feroz de lo que pueden hacer si tocan sus intereses.

Para tener un panorama de los casos que manejaba el fiscal Pecci, era uno de los agentes que dirigía complejas investigaciones vinculadas con el narcotráfico, entre otras. Gozaba de gran credibilidad en casos relacionados a dicho ámbito, el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo.

Últimamente dirigió investigaciones relacionadas al operativo A Ultranza Py, la mayor operación antidrogas de la historia del país. Una de ellas era el atentado del cual resultó víctima fatal el empresario Mauricio Schwartzman y que se presume quienes ordenaron su muerte son personas investigadas en aquella causa. También tuvo a su cargo la pesquisa del homicidio, en Mariano Roque Alonso, de Fátima Rejala, quien fuera empleada del clan Insfrán, también indagado en A Ultranza Py.

Otro caso que investigó fue el atentado ocurrido en San Bernardino, que tenía como trasfondo el narcotráfico, en el festival Ja'umina Fest. A raíz del ataque murieron Marcos Ignacio Rojas, objetivo del atentado, y Cristina Isabel Aranda Torres, conocida como Vita, víctima colateral. Además, el cuádruple crimen en Pedro Juan Caballero, donde fue asesinada la hija del gobernador de Amambay, Haylée Carolina Acevedo. También realizó grandes operativos antidrogas.

Conmoción, consternación y dolor es lo que queda tras el asesinato del fiscal Pecci. Su nobleza como persona y eficiente representante del Ministerio Público ha hecho que sea reconocido por su lado humano y en el aspecto profesional como investigador.

Los tentáculos de la mafia tras los pasos del fiscal traspasaron nuestras fronteras y si ahora no se corta la hiedra venenosa esta seguirá expandiéndose y con el riesgo de convertir al país en un narco-Estado o en un Estado fallido. Por eso se deben adoptar acciones determinantes y de forma urgente.

Es un golpe de la mafia que pasó la línea al asesinar a un fiscal que estaba evidentemente tocando los cimientos de estas organizaciones, por lo cual tomaron la decisión de eliminarlo, en plena luna de miel, a pocos días de haberse casado.

El luto cubre al país, pero en medio de esta tristeza los que están a cargo de las investigaciones no pueden perder tiempo localmente y tienen que aclarar sobre la autoría intelectual aquí en Paraguay.

En Colombia, en tanto, la Policía y Fiscalía están avanzando en las pesquisas sobre los sicarios. El hecho fue cometido contra el fiscal al más puro estilo de los sicarios de la época de Pablo Escobar. Los capomafiosos quieren infundir el miedo para seguir realizando sus negocios sin contratiempos. Que la muerte del doctor Pecci no quede en vano, por su familia y por el país se debe esclarecer este atentado.

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