27 ene. 2026

Lobos marinos, a sus anchas en una Mar del Plata vacía

Una pequeña colonia de lobos marinos, tradicional postal del balneario argentino de Mar del Plata, ganaron las calles adyacentes al puerto en una ciudad de 750.000 habitantes, pero que luce desierta en cuarentena por coronavirus.

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Foto: @Nuestromar

Como en otras partes del mundo donde los animales se atreven a andar en calles y veredas, aquí los leones y lobos marinos, símbolo del principal balneario argentino, retozan al sol plácidamente.

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En un estacionamiento o frente a locales de souvenires con sus persianas bajas, buscan dónde asolearse.

“Tiene mucho que ver el tema de la cuarentena que al no haber personas transitando entonces el lobo marino se aventura a caminar un poco más de lo habitual para buscar refugio del viento”, explicó a la AFP Juan Lorenzani, presidente de la Fundación Fauna Argentina.

Acostumbrados al bullicio de una ciudad que tiene turismo todo el año, el silencio desde que inició la cuarentena obligatoria en Argentina el 20 de marzo es un recreo para estos mamíferos salvajes.

“Son animales que pesan 350 kilos y hasta 500 kilos los más grandes”, explica Lorenzani. “En Mar del Plata tenemos una característica, que es que la colonia se compone de todos machos”, agregó este biólogo que porta tapabocas por prevención.

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En una mañana soleada y ventosa, un enorme león marino sube empeñoso la escalinata de cemento que separa la playa de la explanada del puerto y se acomoda al sol junto a otros miembros de la manada.

“Ellos mismos termorregulan su temperatura, depende de cómo está el clima, buscan refugio del viento o no”, explica el científico.

Apenas un par de personas transitan cerca y casi nada de vehículos. La cuarentena es obligatoria y solo están exceptuadas las actividades consideradas esenciales como reparto de alimentos y atención en farmacias.

“No es casual que los lobos marinos estén en la calle y ahora, como falta la presencia humana digamos, el animal aprovecha un poco la situación para buscar más comodidad”, dice Jorge Barcio de camino a hacer compras y obligado a una cuarentena de la que no saben los lobos marinos.

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