17 jul 2026

“Lo más difícil fue salir”, el relato de un venezolano que estuvo ocho días bajo los escombros

Hernán Gil trabajaba en su turno como vigilante en el subsuelo de un edificio en Venezuela la tarde del 24 de junio cuando sintió el sacudón de la tierra.

VENEZUELA-EARTHQUAKE-AFTERMATH

Un rescatador revisa un teléfono móvil entre los escombros de edificios derrumbados en Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela.

Foto: AFP

El primer temblor fue corto, narró Gil en entrevista con AFP desde el cuarto de hospital en donde se recuperaba luego de ser rescatado de las entrañas de un edificio derruido, donde permaneció ocho días sepultado tras los dos terremotos que arrasaron el norte del país con más de 3.342 muertos.

“Ya el segundo fue fuertísimo”, agregó el hombre de 43 años que recuerda haberse quedado inmóvil dentro de su garita por los nervios.

Escuchó a un vecino decir desde el estacionamiento que era un terremoto y en seguida “todo colapsó”.

Gil sintió cómo todo se desplomó. Las piedras le golpearon atrás de la cabeza y el ojo.

“Quedé como inconsciente en el momento. Cuando desperté, todo estaba oscuro (...) De ahí pa’ allá todo era incertidumbre”, relató.

No veía nada, ni escuchaba a nadie. Intentó llamar al vecino que había visto por última vez antes de que se lo tragara la tierra, “pero nada”.

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“Y en ese momento me atacó mucho el desespero”, dijo el hombre que comenzó a gritar pidiendo auxilio, sin escuchar respuesta.

En la oscuridad, parcialmente arrodillado, con poco aire y prácticamente inmóvil, sufrió una réplica tras otra.

“Sentía que la pared me estaba completamente arrollando”.

“Recé mucho”

A pesar de lo vivido, Gil conversa con buen talante 72 horas después de ser liberado del agujero en el que estuvo enterrado bajo un edificio de ocho pisos que se desplomó.

Sentado en una poltrona, vestido con ropa de hospital, con el brazo izquierdo inmovilizado en un cabestrillo, el vigilante del Sol Marina Garden subrayó que su fe lo sostuvo durante esas horas difíciles. Le trajo calma.

“Recé mucho. Clamé a Dios, y le dije Dios mío ¿por qué a mí? ¿Por qué así? por favor permíteme por lo menos ver a mis hijos”.

En su incómoda situación, Gil intentaba recostarse contra un lado y otro de su agujero, pero no conseguía dormir.

Las piedras en las que cayó le lastimaban las piernas, sangraba por la nariz. Tenía el ojo derecho hinchado y enrojecido, aunque eso último él lo desconocía.

En esas solitarias horas pensó en su esposa Gusbimar González, quien afuera buscaba una señal de vida.

También pensó en sus hijos y en su padre ya fallecido. “Se me dieron muchos recuerdos”, dijo.

Gil perdió la noción del tiempo, pero fue al tercer día que escuchó pasos “muy lejos”.

Comenzó a gritar y a pedir auxilio, y finalmente escuchó una respuesta.

Gil recuerda sonriendo que en ese instante pensó “Ay Dios mío aquí ya hay un paso. Aquí hay una esperanza de vida”.

Ahí comenzó el dramático rescate que Gil vivió como “una lucha fuerte”.

"¡Volví a nacer!”

Mientras rescatistas de siete países luchaban para llegar hasta él, mantenerlo hidratado y en buen ánimo, Gil sentía que las paredes continuaban moviéndose, aprisionándolo cada vez más.

Pero cuando dos rescatistas de Chile y Estados Unidos finalmente lo alcanzaron después de más de tres días de complejas operaciones, Gil no consiguió alegrarse.

“Lo más difícil fue salir”, recordó el hombre que tenía las piernas enredadas en una silla.

Gil no duda que fue un milagro que le cambió la vida.

"¡Volví a nacer!”, suspira. “Fue un milagro”.

Ya en el hospital, Gil conversó con sus hijos por videollamada y no ve la hora de volver a casa, aunque los médicos no le han dado una fecha de alta.

Duerme, pero a veces los desesperantes momentos que vivió bajo tierra lo despiertan.

Acompañado día y noche por su esposa, el hombre no tiene muy claro qué viene a continuación en esta su nueva vida.

Por ahora lo único que sabe es que quiere celebrar el cumpleaños de su hijo el 15 de julio, tomar vacaciones pendientes en la playa, y que nunca volverá a trabajar en un sótano.

Fuente: AFP.

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