La música sinfónica volverá a ocupar un lugar central en la agenda cultural con Jeikovejey (Resurrección), el tercer concierto de la Temporada Internacional 2026 de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), que tendrá lugar este jueves 28 de mayo, a las 20:00, en el Gran Teatro José Asunción Flores del Banco Central del Paraguay (BCP), ubicado sobre Federación Rusa casi San Rafael).
Bajo la dirección del maestro paraguayo Ernesto Estigarribia Mussi, la agrupación presentará por primera vez en el país la Sinfonía Nº 2 en do menor, de Gustav Mahler, conocida como Resurrección, una obra monumental que atraviesa temas como la muerte, la trascendencia y la renovación espiritual.
Impacto y emoción
Compuesta entre 1888 y 1894, la segunda sinfonía de Mahler es considerada una de las creaciones más ambiciosas del repertorio orquestal. Su estructura expansiva, la potencia de su orquestación y la incorporación de voces solistas y coro convierten cada interpretación en una experiencia de gran impacto emocional y sonoro.
La propuesta de la OSN reunirá en escena a un amplio dispositivo artístico. Participarán como solistas la soprano paraguaya Tahyana Perret y la contralto argentina Guadalupe Barrientos, mientras que el Gran Coro Sinfónico estará bajo la dirección del maestro Enrique Alfonso.
A esto se suma la presencia de músicos de la Vanderbilt University – Blair School of Music, quienes participarán gracias a un convenio de intercambio cultural con la Sinfónica Nacional, fortaleciendo así el perfil internacional de la temporada.
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Más allá de su dimensión musical, Jeikovejey aparece también como una declaración artística. La elección de la palabra guaraní para titular el concierto conecta el concepto universal de la resurrección con una sensibilidad local, acercando una obra compleja y filosófica a nuevos públicos.
La dirección general del proyecto está a cargo de María Victoria Sosa, impulsando una programación que busca combinar excelencia artística, acceso ciudadano y circulación cultural internacional.
Con este concierto, la OSN no solo enfrenta uno de los mayores desafíos del repertorio sinfónico, sino que también propone una experiencia colectiva marcada por la intensidad emocional y la dimensión espiritual de Mahler.