Cuando se bastardea la historia y se manipula a sus protagonistas es cuando estamos llegando al límite del cinismo y nos convertimos en algo parecido a los verdugos que decimos condenar.
En estos días, varias víctimas de la dictadura stronista o como prefiero decir: luchadores antidictatoriales, fueron reconocidos en un acto “a los héroes civiles” frente a la ex dirección de Investigaciones de la Policía, por aquellos años centro de represión, tortura y desaparición. El jurista español Baltasar Garzón prestó presencia y membrete para dar mayor fuerza al acto.
Estuvieron muchos hombres y mujeres que resistieron con su libertad y sangre el terrorismo de Estado. Algunos revivieron los dolores de los años de plomo y lloraron. Fue un momento de colmada emotividad. Allí estaban, entre otros, como en las luchas pasadas y las presentes, Luis Casabianca, Joel Filártiga, Constantino Coronel, Cándido Rotela, Pa’i Oliva, Luis A. Resck, Guillermina Kanonnikoff.
Todo homenaje a ellos siempre será necesario e insuficiente. Así como todo respeto a ellos es una exigencia y un asunto de dignidad.
El hecho hubiera estado perfecto si no fuera por un par de elementos perturbadores. Y lo hicieron notar algunos defensores de DDHH y víctimas que decidieron no aparecer en el acto. La invitación estaba emitida con sello de la Defensoría del Pueblo, órgano presidido por Manuel Páez Monges, ex personero de la dictadura acusado por numerosas víctimas de maniobras que perjudicaron los resarcimientos y reparaciones y por ausencia omisiva en la defensa de los derechos de las personas. Un cargo que ocupa pese a los plazos vencidos.
El otro factor inquietante es que en la articulación estuvo la Dirección de Verdad, Justicia y Reparación, un organismo de la misma Defensoría, con su responsable Yudit Rolón, cuestionada por las víctimas a raíz de numerosas supuestas irregularidades y obstrucción a las posibilidades reales de búsqueda de justicia y cumplimiento de compromisos tanto a nivel local como internacional; y de estar haciendo camino a través del acto de homenaje para llegar a ser defensora del Pueblo. El mismo Garzón le hizo reclamos sobre algunas omisiones durante reuniones en Asunción.
Que hayan estado o no las víctimas en el acto no es la cuestión. Lo discutible es que haya un halo de instrumentación sobre un asunto tan delicado, sensible y doloroso.
El homenaje que les deben es el que omite el Estado: La búsqueda de desaparecidos, el juicio y castigo a los asesinos, la identificación de los 27 cuerpos NN hallados, el envío de documentos que requieren las querellas por crímenes de lesa humanidad, el resarcimiento, la restitución, la justicia justa, sin olvido ni perdón. Y, por sobre todo, el respeto.