Paraguay se ubica entre las economías con las mejores perspectivas de crecimiento en 2026 en América Latina y el Caribe, según las proyecciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Según el informe, este indicador llegaría al 4,5%, superando el promedio regional de 2,3%. El buen desempeño a nivel macroeconómico contrasta con el desafío de generar más empleos formales, pues según los datos del Instituto Nacional de Estadística, más del 65% de la población ocupada se encuentra excluida de cualquier mecanismo de protección social.
El reciente informe publicado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas (UNDESA) pinta un panorama de la economía global caracterizado por un moderado desempeño. Con una proyección de crecimiento mundial del 2,7% para 2026, ligeramente por debajo de la estimación para 2025, el documento subraya la presencia de “debilidades subyacentes”, como la inversión contenida y el limitado espacio fiscal, que –en conjunto– auguran una senda de crecimiento más lenta que en la era prepandémica.
Paraguay ha sido en el pasado una de las economías de mayor dinamismo en la región, impulsada por el sector agropecuario y la exportación de energía eléctrica.
Sin embargo, su crecimiento está ligado a la demanda externa de sus commodities y a la situación económica de sus principales socios comerciales, como Brasil y Argentina. Por lo tanto, la proyección de un crecimiento regional moderado del 2,3% actúa como un primer indicador del entorno en el que se desenvolverá la economía paraguaya.
El referido informe permite identificar dos canales principales a través de los cuales las tendencias globales impactarán en las proyecciones de crecimiento de Paraguay en 2026.
En primer lugar, el comercio internacional y el efecto de las tensiones geopolíticas. El informe destaca que, si bien el comercio global mostró resiliencia en 2025, se proyecta una desaceleración del crecimiento del comercio. Se advierte que el impacto de los aranceles más altos, junto con las elevadas incertidumbres macroeconómicas, se hará más evidente en 2026.
Para una economía pequeña y abierta como la paraguaya, altamente dependiente de exportaciones de productos primarios, una ralentización del comercio mundial implica una menor demanda externa y una posible caída en los precios de estos productos.
Asimismo, la incertidumbre geopolítica y la volatilidad de los tipos de cambio y de los flujos de capital podrían afectar la competitividad y la estabilidad financiera del país.
En segundo lugar, el informe señala que el crecimiento de la inversión se ha mantenido contenido en la mayoría de las regiones, también por las tensiones geopolíticas y las condiciones fiscales restrictivas. Si bien se menciona que los avances en inteligencia artificial han impulsado el gasto de capital en algunos mercados grandes, se advierte que las ganancias de la IA se distribuirán de manera desigual, lo que podría ampliar las desigualdades estructurales existentes. Esto sugiere que Paraguay, al no ser uno de esos mercados grandes, difícilmente se beneficiará de este impulso específico.
En síntesis, la economía paraguaya en 2026 se dará en un entorno global de menor dinamismo comercial, inversión privada reducida y escaso espacio fiscal.
Si bien se espera que la región latinoamericana crezca moderadamente, el desempeño paraguayo dependerá críticamente de su capacidad para mitigar los efectos de la desaceleración de sus socios comerciales y de la demanda global de commodities.
La clave residirá en la implementación de políticas internas que fomenten la diversificación productiva, la resiliencia climática del agro y la atracción de inversiones en sectores de mayor valor agregado, más allá de los tradicionales. Como economía sin litoral, pero inserta en cadenas de valor regionales y globales, su prosperidad a largo plazo está inexorablemente ligada a la estabilidad geopolítica, el comercio internacional y el dinamismo económico a nivel global.