30 may. 2024

La jubilación no puede ser un futuro incierto

Tremenda incertidumbre nos invadió el sábado tras participar de un encuentro organizado por la Pastoral del Trabajo de la Arquidiócesis de Asunción sobre jubilaciones y pensiones, en el que se abordaron los temas desde la visión del trabajador, la empresa, el Estado, la Doctrina Social de la Iglesia católica y de dos personas muy conocedoras del funcionamiento del Instituto de Previsión Social: Pedro Halley Merlo y Hugo Royg.

Lo primero que sentimos luego de ese baño de realidad mediante las exposiciones fue ¿por qué no estamos discutiendo de estos temas ni siquiera en las redes sociales? ¿por qué estamos permitiendo que el IPS continúe derrumbándose, al punto de comprometer nuestro futuro, mientras paralelamente sigue funcionando como la más eficiente fábrica de nuevos ricos, entre sus administradores y políticos que se creen propietarios del sistema?

¡La corrupción es catastrófica en IPS!, sonó en el enorme salón auditorio del Seminario Metropolitano, yno se imaginan lo que ocurre en las demás Cajas de jubilaciones y pensiones que existen en el país. La mayoría deficitarias o muy mal administradas. Por lo que no hay garantías de que quienes están cerca de la jubilación o ingresaron al mundo laboral y aún deben aportar por muchos años al sistema, lleguen al retiro, accedan a sus haberes y puedan vivir dignamente como jubilados. Así de preocupante es.

La fragilidad aumenta al saber que quiénes pueden o deben hacer algo al respecto, velando por este derecho fundamental de una persona a recibir una remuneración periódica, cuando cumpla los requisitos de edad, años de servicio y aportes, en nuestro país normalmente no lo han hecho porque están digitados por el gobierno de turno. Y aunque supuestamente representan los intereses de los trabajadores y las patronales (empresas) en realidad no se ponen la camiseta de estos sectores y con suma facilidad se vuelven funcionales a las autoridades del Gobierno y al partido que hace más de 70 años es el maná para una minoría y la condena para una inmensa mayoría.

Actualmente, el Consejo de Administración del IPS tanto el representante de los trabajadores en esta máxima instancia, como el de los jubilados, Víctor Insfrán y José Jara Rojas tienen antecedentes muy poco alentadores que configuran con justa razón una profunda duda de que vayan a conducirse leales a los intereses de los trabajadores. Con ellos allí es como poner al zorro a cuidar del gallinero o al lobo cuidando del rebaño de ovejas.

Hay dos grupos que podrían cambiar esta situación en torno al IPS, y son los jubilados y los trabajadores. Los primeros, porque sin seguridad social, el futuro es terminar deambulando por los hospitales públicos saturados y sin medicamentos y sin siquiera poder garantizar su seguridad alimentaria cuando ingresen a la tercera edad. Una etapa, en la absoluta desprotección en el país, aún con el escuálido subsidio a los más pobres. Los segundos, porque son quienes “tienen la visión, experiencia, vivencia” (lo oí decir a Halley Merlo y coincido), de lo que significa estar atravesando la jubilación en un país donde en cualquier momento, como ahora, se pierden derechos adquiridos, por ejemplo, con la eliminación del haber mínimo jubilatorio establecido en el 75% del sueldo. Además, siempre está latente la pretensión de despojar recursos al fondo de jubilaciones para saldar deudas con proveedores o para otros fines. El temible “manoteo”. En otras palabras, un país en el que jubilarse ya es la excepción y una gran mayoría de la población sobrevive del trabajo informal y no accede a este derecho, el tema debería movilizar a las masas, pero extrañamente, ni siquiera los trabajadores parecen están dimensionando lo que ocurre y a lo que nos estamos jugando como sociedad.

Lo urgente opaca temas tan importantes como el asegurar una jubilación digna. La vida no acaba al dejar de trabajar, sino allí debe ser tan buena o mejor aún de cuando se está activo laboralmente.

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