26 ago 2026

La era de la pantalla infinita

Cambio de hábito. La revolución multipantalla está transformando la manera en que consumimos contenidos.
Dinámica. Ya no se trata de elegir entre televisión y digital, sino de entender cómo una pantalla enciende una conversación que continúa en las demás.

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Andrea Prieto
CATELPAR

“Ya nadie ve televisión”. ¿Cuántas veces escuchamos esta frase en los últimos años? Se instaló casi como una verdad indiscutible. Como si la aparición de nuevas plataformas, redes sociales y dispositivos hubiera significado necesariamente el final de una pantalla para dar lugar a otra.

Pero quizás estuvimos haciendo la pregunta equivocada. La pregunta ya no debería ser si las personas siguen viendo televisión. La pregunta debería ser: ¿Cómo estamos consumiendo hoy los contenidos que nacen en la televisión?

La televisión no desapareció. Cambió el formato de consumo. Y ahí comienza lo que denominamos la revolución multipantalla. De una pantalla a un ecosistema. Durante mucho tiempo entendimos la televisión como un dispositivo: una pantalla ubicada en el centro de una casa frente a la cual las personas se sentaban a una determinada hora para consumir un contenido. Hoy esa experiencia cambió.

Un contenido puede comenzar en la televisión y, segundos después, aparecer en un celular. Puede convertirse en un reel, generar comentarios en redes sociales, circular por grupos de WhatsApp, transformarse en meme, instalar una conversación y volver a llevar a las personas hacia el contenido original.

La audiencia ya no necesariamente termina su relación con un programa cuando termina una emisión. Muchas veces, ahí recién comienza.

Por eso, hablar de televisión versus digital empieza a resultar insuficiente para explicar lo que está sucediendo.

Durante años se planteó que internet terminaría reemplazando a la televisión. La evolución del mercado muestra algo diferente: ambos medios se complementan.

La televisión aporta escala, producción, credibilidad y una enorme capacidad de convocatoria. Las plataformas digitales extienden ese alcance, aceleran la circulación del contenido y permiten una interacción mucho más directa con las audiencias. No son dos mundos enfrentados. Son partes de un mismo ecosistema.

¿Realmente “ya nadie ve televisión”? Cuando llevamos esta conversación a Paraguay, los datos también invitan a revisar algunos prejuicios.

La televisión abierta mantiene una presencia cotidiana en millones de hogares paraguayos. Su alcance, gratuidad y cobertura nacional continúan convirtiéndola en un medio fundamental para acceder a noticias, deportes, entretenimiento y grandes acontecimientos.

Durante 2025, el encendido total promedio alcanzó el 40,12%, registrando incluso un crecimiento interanual del 3,24%. El tiempo promedio diario de consumo de la televisión llegó a las 8 horas y 25 minutos. Entonces, quizá la televisión no está desapareciendo. Quizá lo que está desapareciendo es nuestra antigua manera de medirla y entenderla.

Durante décadas, el rating fue prácticamente la unidad central para explicar el éxito de un contenido televisivo. Hoy sigue siendo relevante, pero ya no puede contar toda la historia. Una audiencia también se expresa en visualizaciones, tiempo de reproducción, interacción, permanencia, búsquedas, comentarios y circulación social.

El contenido dejó de vivir exclusivamente durante el horario de emisión. Ahora viaja.

Cuando la televisión enciende la conversación. Hay fenómenos que permiten observar esta transformación de manera mucho más clara.

El regreso de Baila Conmigo Paraguay, en su edición aniversario por sus 20 años, es uno de ellos. Antes incluso de su estreno oficial, el programa ya estaba generando conversación. El anuncio de su regreso, el casting, las figuras confirmadas, los ensayos y los recuerdos de temporadas anteriores comenzaron a circular y generar expectativa.

El casting convocó a personas de distintos puntos del país e incluso de las fronteras más cercanas. Algunas comenzaron a formar fila desde las dos de la mañana y soportaron temperaturas de entre 4°C y 5°C buscando una oportunidad para llegar a la televisión. ¿Por qué sucede algo así en una época en la que “nadie ve televisión”?

Quizás porque la pantalla abierta continúa representando algo muy poderoso: visibilidad, oportunidad y reconocimiento. Pero ahora ese poder no termina en la pantalla del televisor. Se multiplica.

Una historia que ocurre frente a las cámaras puede convertirse inmediatamente en decenas de piezas digitales y alcanzar audiencias diferentes según la plataforma, el momento y la forma en que cada persona decide consumirla. Ese es el verdadero cambio.

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Andrea Prieto

Hay una idea que resume buena parte de esta transformación: la televisión enciende y las redes aceleran.

La televisión conserva una capacidad extraordinaria para instalar grandes conversaciones colectivas. Elecciones, acontecimientos nacionales, crisis, eventos deportivos, celebraciones y grandes formatos de entretenimiento encuentran todavía en ella un espacio común. Pero esas conversaciones ya no permanecen allí.

Las redes las toman, las fragmentan, las comentan, las reinterpretan y las multiplican.

Una persona puede descubrir una historia viendo televisión. Otra puede encontrarla minutos después en Instagram. Alguien más puede verla a través de un video compartido y otra persona puede terminar buscando el contenido completo luego de encontrarse con uno de esos fragmentos. ¿Dónde estuvo entonces esa audiencia?

En todas partes. Y ahí está uno de los grandes desafíos para quienes trabajamos en medios y marketing: dejar de pensar únicamente en plataformas y comenzar a pensar en recorridos de audiencia.

¿TV o digital? La pregunta quedó en un pasado. Para las marcas, esta transformación también representa una enorme oportunidad. Durante mucho tiempo construimos los planes de comunicación separando mundos: televisión por un lado, digital por otro. Hoy esa frontera es cada vez menos clara.

Una campaña puede alcanzar masividad desde la televisión y encontrar segmentación, conversación e interacción en las plataformas digitales. Un contenido puede generar reconocimiento en una pantalla y engagement en otra.

Por eso, la discusión ya no debería centrarse exclusivamente en dónde colocar un mensaje, sino en cómo construir una idea capaz de viajar entre pantallas. Las audiencias ya lo hacen naturalmente. El desafío es que las marcas y los medios aprendamos a hacerlo con la misma naturalidad.

La primera chispa. En Paraguay, la televisión sigue informando, entreteniendo y reuniendo a las personas. Lo que cambió es su capacidad de extender cada una de esas experiencias mucho más allá del momento de emisión.

Hoy una transmisión puede convertirse en conversación. Una entrevista puede transformarse en cientos de fragmentos. Un programa puede generar contenido durante toda la semana. Una historia puede comenzar en una pantalla y terminar recorriendo muchas otras. Por eso, cuando escucho que “ya nadie ve televisión”, prefiero plantear otra mirada.

La televisión no está desapareciendo. Está ampliando su capacidad de influir, conectar y contar nuestras historias. Estamos dejando atrás la era de una única pantalla para entrar definitivamente en la era de los contenidos que se mueven con las audiencias.

Y quizás esa sea la mejor manera de entender esta revolución: la televisión abierta no es la última pantalla. Es la primera chispa.

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