Por Ricardo Rodríguez Silvero (*) |
El Arq. Juan Carlos Esculies me hizo llegar un documento, cuya primera parte leí con sobresalto. Palabras más, palabras menos decía lo siguiente:
? El país carece de una política de largo plazo en materia de competitividad.
? La economía no tiene rumbo definido.
? El crecimiento económico no se ha reflejado en beneficio de la mayoría de la población.
? El país ha vivido estos años una “ilusión exportadora” porque las cifras proceden del alza de las materias primas, mientras que nuestra exportación de productos con valor agregado permanece inmóvil.
? Padece de un atraso dramático en relación a la invención y la tecnología.
? A largo plazo, las dificultades tendrán que ver con la baja productividad, la pésima educación, el deficiente sistema de salud, las debilidades en infraestructura física, la desigualdad social, la aplastante corrupción y el alto nivel de informalidad.
? Todo puede fracasar si no se reforma el sistema judicial, se defienden los derechos de propiedad y se reforma el Estado.
GRAVE DEFORMACIÓN ESTRUCTURAL Y PEOR PRONÓSTICO. Este rosario de afirmaciones contundentes, refrendadas en investigaciones y en estadísticas públicas y privadas, hubiesen podido pasar inadvertidas si no hubiesen sido proferidas nada menos que por Michael Porter, el padre del concepto de “estrategia competitiva” y autor de numerosos libros exitosos sobre Competitividad y Estrategia en las Economías Globalizadas.
Lo llamativo del documento es no solamente que no se refiere a Paraguay, sino al nuevo “buen alumno” de las instituciones económicas y financieras internacionales por sus altas cifras de crecimiento económico en los últimos años, por la apertura de su economía, por haber firmado Tratados de Libre Comercio hasta con la China Continental, entre otros aspectos positivos en términos ortodoxos. Michael Porter se refería al Perú (¡!), a fines de noviembre de 2009.
Es ciertamente un alivio que no sea Paraguay el destinatario de tales sentencias. Pero si las comparamos con el desarrollo de nuestra economía y sociedad, tendremos que sacar la conclusión de que efectivamente dichas afirmaciones, o por lo menos la gran mayoría de ellas, valen perfectamente para nuestro país.
LA SUPERACIÓN DEL ATRASO REQUIERE CONSENSO. En el pasado reciente, se ha hecho resaltar repetidamente lo siguiente en estas páginas y mis colegas lo hacen con igual o similar contenido y vehemencia:
? Paraguay tiene un desarrollo altamente desigual: beneficia a unos pocos y perjudica a muchos. O, dicho en otras palabras, el modelo de desarrollo de este país es excluyente y concentrador. Concentra los beneficios del progreso económico y social en pocos estratos encumbrados, en pocas empresas y en pocos productos. Excluye de los mismos a las grandes masas poblacionales y las microempresas, inmensamente mayoritarias, se hallan libradas a su suerte. Muy pocas tienen asistencia técnica y crediticia.
? La consecuencia natural del desarrollo desigual son pobreza, atraso e ignorancia. Las altas cifras actuales de sub/desempleo, miseria y analfabetismo funcional lo atestiguan. A estos síntomas hace referencia el concepto de “deformación estructural” en nuestro país, estudiada sistemáticamente en la década del 70 y publicada ya en 1982 en Alemania Federal y, también en forma de libro, en 1985 en Paraguay. Ejemplares del mismo se hallan disponibles en bibliotecas de Asunción y en nuestras oficinas.
? Nuestros partidos políticos tradicionales se trenzan en discusiones bizantinas acerca de tales cuestiones, pero en la práctica no consiguen ponerse de acuerdo ni siquiera en lo elemental. La ausencia de consenso entre ellos es lacerante.
? Casi todas las nuevas formaciones políticas son hoy en día diversos partidos y movimientos en la Alianza Patriótica para el Cambio, la que ganó las elecciones históricas del 20 de abril de 2008 y llevó al poder a Lugo el 15 de agosto de ese año. Esta Alianza tiene buenas intenciones y deseos piadosos, pero el resultado de su confrontación con los imperativos técnicos, que condicionan todo tipo de estrategia para superar dicha deformación estructural, es magro. No se halla (¿todavía?) en condiciones de articular una estrategia para superarla. También aquí brilla la falta de consenso entre los aliancistas.
En estas circunstancias actuales, el diagnóstico y el pronóstico del presente y futuro de la formación social paraguaya puede ser aún peor que los del Perú.
Lo que ya queda claro hoy en día es que la miseria aumenta incluso en tiempos de prosperidad económica, ni qué decir en los de crisis múltiple. Todo indica que ella seguirá incrementándose próximamente.
(*) RS&A www.rodriguezsilvero.com.py telfax (592 21) 612 912