Opinión

Juicio

La expulsión del senador Amarilla ha dejado en claro muchas cosas. Una, que no importa el tamaño del error, porque los niveles de rechazo y desprecio ciudadanos han llegado al hartazgo. Que cuando la denuncia de la prensa se une con la ciudadana, los políticos no tienen margen de maniobra a pesar de la mirada despreocupada aun de la Justicia. Y, que las cuestiones de forma son irrelevantes cuando la percepción ciudadana es claramente superior a las formalidades del derecho.

Se equivocaron los del sector oficialista, el presidente de la República y como siempre: Los llanistas ubicados en el albañal de la historia política paraguaya. Que irán por otros, duda que cabe mientras se mantenga la idea de muchos que vivimos “tiempos normales”. Entre las grabaciones de audio y de video tan fáciles ahora empezó una labor de limpieza ética tan necesaria como urgente para la democracia paraguaya.

Reveló además el descomunal nivel de despilfarro en rubros como seguridad privada ofrecida a los entes públicos, confirmó que el IPS da un mal servicio no por carencia de recursos, sino por el despilfarro y la corrupción interna.

Que la historia de los porcentajes sigue tan vigente como en los tiempos del general Araújo que robaba alimentos de los enfermos para alimentar a sus cerdos. Cruel metáfora que hoy puede repetirse en el contrato de seguridad que junto con los medicamentos o limpieza se llevan no solo un buen porcentaje de los recursos, sino algo más grave: La vida de los contribuyentes al sistema. Abdo debe desmantelar por completo este mecanismo de corrupción si es que pretende que se le crea que ha venido para cambiar las cosas. Mantener al presidente de la previsional es un despropósito que más temprano que tarde terminará horadando su menguada credibilidad. Esto se cae todo y puede acortar su presidencia si no actúa rápido y con coraje ante la corrupción que apesta y degrada.

La defensa de Amarilla ha sido un resumen de torpeza a la que se unió en coro su abogada defensora, cuyo asombro disparó una bala al corazón del cuerpo legislativo. Ni el panóptico de Ovelar pudo encauzar una presentación soporífera donde la audiencia solo quería celebrar la expulsión de quien estiraba inútilmente el veredicto previamente anunciado.

Tienen razón los políticos corruptos: Irán por ellos. Es solo cuestión de tiempo porque los niveles de hartazgo ciudadano han llegado a su límite. Les están robando a los ciudadanos la ilusión y el futuro y todavía tienen suerte de que los jóvenes no se hayan dado cuenta que con estos representantes no tienen porvenir, empleo ni realización personal. Cuando ellos se muevan será el tsunami final.

El juicio público está en marcha y no quedarán títeres con cabeza. La nueva lógica del poder acabará con cada uno de ellos y cuando pretendan revertir la situación no servirá haber sido en la otra vida ni lechero ni zapatero. No hay solidaridad que valga cuando se ha traicionado la voluntad popular y la gente vive mal. Ha sido una semana positiva para reparar esta maltrecha democracia que los sinvergüenzas quieren dejarla inerte o inútil.

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