“Un centurión… habiendo oído hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su siervo”. La fe del centurión nos enseña a acercarnos a Jesús a través del cariño a los demás. Jesús me espera en esa persona que necesita mi sonrisa, o mi consuelo, o una palabra de aliento, etc.
¿Quién era este centurión? Era probablemente un pagano porque pertenecía al pueblo romano que había ocupado Israel. Podría tener muchos prejuicios para acercarse al Señor. ¿Cómo me va a recibir si Él es judío y yo romano? Podría también tener respetos humanos: ¿Qué van a pensar mis compañeros de armas si me acerco al Rabbí judío? Por eso envía a los ancianos y luego a los amigos. Lo que le hace acercarse al Señor en un primer momento es el cariño. Quiere a su siervo enfermo y este cariño le hace vencer los posibles respetos humanos. Jesús escucha a los ancianos y a los amigos, se admira y exclama: Ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande.
¡Qué alabanza más maravillosa! Ojalá que el Señor nos alabe por nuestra fe. Esta fe se manifiesta de múltiples maneras. Que nos alabe porque manifestamos nuestra fe en Él, porque le buscamos cada día en el Pan y en la Palabra y porque le busquemos en los demás. Jesús me espera en esta persona, me espera para que la trate con cariño, para que sepa disculparla, para que la comprenda, etc.
Cuando Jesús encuentra esa fe, cuando contamos con Él se adelanta a ayudarnos. “Los criados encontraron al criado sano”. Jesús nos da su gracia para encontrarle en los demás.
(Frases extractadas https://opusdei.org/es-py/gospel/2023-09-18/).