07 abr. 2026

Ítalo Calvino: Un escritor rampante

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Centenario. Ítalo Calvino, dejó una fabulosa obra literaria.

Liz Nazaria Vázquez
Docente de Lengua y Literatura Castellana

Ya han pasado 100 años desde su nacimiento, y en este octubre, en el cual también se celebra la semana de la lengua italiana en el mundo, es momento de hablar de uno de los escritores italianos más importantes de su era: Ítalo Calvino.

Si nos centramos en su desenfadada pluma, Calvino despliega toda su gracia en una trilogía publicada entre los años 1952 y 1959 llamada «Los antepasados». Al respecto, el propio autor refiere: «He querido hacer una trilogía de experiencias sobre cómo realizarse en cuanto seres humanos: En El caballero inexistente, la conquista del ser; en El vizconde demediado, la aspiración a sentirse completo por encima de las mutilaciones impuestas por la sociedad; y en El barón rampante, un camino hacia una plenitud no individualista alcanzable a través de la fidelidad a una autodeterminación individual: Tres grados de acercamiento a la libertad».

En las tres novelas, Calvino nos presenta a personajes principales marcados por una determinación incorruptible, y en sus aventuras, cada una nutrida por una gama fantástica de personajes coloridos e incluso disparatados, logra el propósito de conmover, inspirar y divertir a lectores de varias generaciones frente a situaciones que nos hacen mirar para dentro y reflexionar.

El caballero inexistente, «Agilulfo Emo Bertrandino de los Guildivernos y de los Otros de Corbentraz y Sura, caballero de Se Limpia Citerior y Fez», como se presenta ante Carlomagno, no existe. Es una armadura vacía, testaruda y que se mueve gracias a su «fuerza de voluntad», ya que carece de un cuerpo de carne y huesos como sus demás compañeros paladines. Al ser cuestionada su condición de caballero debido a una grave acusación hecha por Turrismundo, un misterioso soldado, se embarca en una aventura que lo llevará a tropezar con otros personajes igualmente singulares como Gurdulú, el que existe, pero no sabe que existe; otro joven caballero llamado Rambaldo, quien iba de camino a vengar la muerte de su padre; y Bradamante, la intrépida guerrera enamorada de Agilulfo y de quien Rambaldo queda enamorado en pleno campo de batalla. Una historia digna de convertirse en una película de Tim Burton.

El segundo libro de esta trilogía es El vizconde demediado. Su protagonista, Medardo, es un hombre que al exponerse al infortunio de una bala de cañón, queda partido a la mitad, y cada una de ellas, la buena y la mala, hacen de las suyas en un pueblo que no se contentaba con ninguna de las dos partes. De alguna manera, esa dualidad termina demostrando que los seres humanos, con nuestros contrastes, podemos ser amados, incluso desde los más bajos instintos: «Estaba entero y todas las cosas eran para mí naturales y confusas, estúpidas como el aire; creía verlo todo y no veía más que la corteza. Si alguna vez te conviertes en la mitad de ti mismo, muchacho, y te lo deseo, comprenderás cosas que escapan a la normal inteligencia de los cerebros enteros. Habrás perdido la mitad de ti y del mundo, pero la mitad que quede será mil veces más profunda y valiosa. Y también tú querrás que todo este demediado y desgarrado a tu imagen, porque belleza y sabiduría y justicia existen solo en aquello que está hecho a trozos». Las reflexiones de la mitad malvada de Medardo son las que en mayor medida comparten frases completamente aplicables a la cotidianeidad de cualquier ser humano, incompleto o no.

Como parte final de esta trilogía, «que no pretende tener una continuación» dicho por el propio autor, tenemos a El barón rampante, título que hace alusión a Cosimo Piovasco de Rondó, barón de 12 años que decidió subir a los árboles un «15 de junio de 1767», y no volvió a bajar. Las ideas de Cosimo representan a los seres humanos que, inconformes con su realidad, buscan una nueva manera de ver el mundo, de crear nuevas leyes, de encontrar un lugar. De alguna manera, se podría especular que Calvino, por medio de este entrañable personaje, cobra revancha en el mundo ficcionario, ya que de niño, siendo hijo de científicos rigurosos y cosmopolitas (reflejados en los padres de Cosimo de manera magistral), se sentía un extraño, un impostor. Más adelante cumplió en ir a la facultad de Agronomía y seguir la línea familiar, pero la vida luego lo llevaría a acercarse al mundo de las letras y finalmente convertirse no solamente en escritor de ficción, sino también de ensayos y otros géneros.

Ítalo Calvino, un italiano rampante de palabra en palabra, un idealista varias veces incomprendido, quien a través de su obra, sigue y seguirá conquistando a lectores quienes estén dispuestos a soltar las amarras del mundo real y embarcarse a sus aventuras de libertad y fantasía. ¡Salud!

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