Economía

Inflación y un rumbo incierto

ANÁLISIS ECONÓMICO

Eduardo Villalba Por Eduardo Villalba

Desde el segundo semestre del año pasado, la inflación en Paraguay está alcanzando niveles que no se veían en más de una década. La situación no es exclusiva de nuestro país, sino que en casi todo el mundo los precios están mostrando una fuerte dinámica alcista, en un escenario sumamente incierto.

Todo el problema se inició con la pandemia del Covid-19 y las medidas monetarias que buscaron minimizar el impacto de la crisis sanitaria en las economías del orbe, sin que Paraguay sea la excepción. La cantidad de dinero circulante aumentó y una vez que la actividad de los sectores económicos se fue recuperando, en la medida en que la realidad sanitaria iba mejorando, la alta liquidez empezó a ser un factor de preocupación para los analistas económicos. Luego el dilema se agudizó severamente —entre otros aspectos relevantes— con el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, básicamente por el aumento de los precios de combustibles y alimentos.

Puntualmente en nuestro país, las alarmas sobre la alta inflación empezaron a sonar con mayor fuerza desde julio del 2021, con los resultados de inflación mensual e interanual (de un año) que da a conocer periódicamente el Banco Central del Paraguay (BCP). Recordando que la banca matriz tiene una meta de inflación anual de aproximadamente 4%, con un rango de tolerancia de hasta 6%, llamó la atención que el incremento de los precios de la canasta familiar se posicionó al cierre del año pasado por encima del techo, lo cual ocurrió por primera vez desde que nuestro país adoptó el denominado esquema de metas de inflación, es decir, desde que se trazó una cifra objetivo para la subida de costos.

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Un hecho no menor que los expertos en asuntos de la economía destacan es que la inflación que sufrimos hoy en día no solamente es elevada, sino que es la del peor tipo posible, ya que afecta a dos ítems fundamentales para cualquier persona, y más aún para aquellas de bajos ingresos. Si tomamos los datos del índice de precios al consumidor (IPC) correspondientes al mes de abril de 2022, los alimentos en el último año (comparación con el cuarto mes del 2021) se encarecieron en un 20%, mientras que los carburantes aumentaron en más de 50% en el mismo lapso.

No obstante, tampoco se puede ignorar que la difusión de la inflación (que hace referencia a la cantidad de productos dentro de la canasta que aumentan de precio) está en niveles históricamente altos. Expresado de otra manera, se señala que la presión sobre los costos no se limita a los combustibles y los alimentos, pese a ser los de mayor incidencia, sino que esta se está expandiendo a cada vez más. En el cuarto mes del corriente año, más del 55% de los ítems de la canasta se volvieron más caros, resultado que si bien es menor al del mes pasado (62%) todavía se ubica por sobre el promedio histórico observado en la nación, sin que tengamos hasta el momento ningún tipo de certeza de que la situación va a cambiar en el corto plazo.

¿HASTA CUÁNDO?

Sobre este último punto, hay mucha coincidencia en las explicaciones tanto oficiales como la de analistas del sector privado. La inflación puede seguir en elevados niveles y con números similares a los de los últimos meses al menos hasta el cierre del primer semestre del año, para luego empezar a ceder paulatinamente. Al respecto, es importante señalar que, con esto, lo que se avizora es que el aumento de los precios pasará a ser más reducido, pero que los consumidores difícilmente puedan volver a observar los costos que el mercado exhibía en años previos al estallido inflacionario.

Pero la incertidumbre sigue siendo alta. De hecho, a estas alturas es poco probable que los resultados del IPC en mayo, junio y julio sean mucho menores a los de marzo y abril. Dicho esto, el pronóstico casi consensuado de una inflación más baja desde julio y un camino descendente en adelante se complica. Y es que no se tiene ninguna confirmación sobre la finalización del conflicto ruso-ucraniano, sobre cómo avanzará en China la nueva ola de Covid que se configura como una nueva problemática para la logística y, considerando los dos aspectos citados previamente, tampoco se sabe cómo evolucionará efectivamente la situación en Paraguay. Tal vez el mejor clima ayude a la producción, incrementando la oferta de ciertos productos y ayudando a que las subas de los alimentos sean menores; no obstante, no se puede descartar que los precios internacionales dejen de golpear duramente a los bolsillos en nuestro país.

DISTORSIÓN

El tema es más que preocupante, ya que la elevada inflación genera distorsiones en ciertos aspectos de la economía y puede erosionar indicadores macro que fueron fortalecidos de un tiempo a esta parte con mucho esfuerzo. Los precios más altos indefectiblemente empujan a más personas hacia la pobreza, causando como mínimo un estancamiento en el descenso de este indicador. Por otro lado, la alta inflación motiva al BCP a subir la tasa de referencia de política monetaria, la principal herramienta del Banco Central para hacer frente a este contexto. Esto, a su vez, obliga a que las demás tipos de interés que existen también crezcan. De esta forma, el financiamiento a través de las tarjetas de crédito, o los préstamos mismos, son cada vez más costosos. Las tasas pasivas suben de igual modo, pero no con suficiente fuerza para siquiera compensar la inflación, lo cual sitúa a las tasas en términos reales negativos, entre otros aspectos.

La prueba de fuego es para el ente financiero matriz, que debe hacer frente a una tormenta que no tiene precedentes inmediatos. Si la inflación pega aún más vuelo y se vuelve más permanente, el panorama para el país puede tornarse muy sombrío.

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