El aumento comenzó a hacerse evidente desde el 31 de agosto, como consecuencia de las lluvias registradas en distintos puntos de la cuenca del río Iguazú. El volumen alcanzó su pico alrededor de las 13:00 de ayer miércoles, transformando el paisaje de las cataratas en un espectáculo todavía más imponente, con una enorme masa de agua precipitándose con fuerza sobre los saltos.
La crecida también modificó la imagen habitual de la Garganta del Diablo, donde el estruendo del agua, la corriente y la neblina generada por las caídas se intensificaron debido al extraordinario volumen. Pese a la fuerza del río, la pasarela con vista a este sector permaneció habilitada para los visitantes, al igual que la Trilha das Cataratas y los demás atractivos del Parque Nacional del Iguazú.
La situación es monitoreada permanentemente por los equipos técnicos de Urbia+Cataratas y del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), responsables en el lado brasileño de la administración del atractivo natural, que evalúan en tiempo real las condiciones del río y de las áreas de visita para determinar eventuales medidas de seguridad.
El fenómeno tiene relación directa con las lluvias que se registraron en la extensa cuenca del Iguazú, mientras que especialistas señalan posibles condiciones asociadas a la influencia del fenómeno El Niño. Por ahora, el aumento del caudal convierte a las cataratas en un escenario natural extraordinario y vuelve a poner en evidencia la enorme fuerza que puede alcanzar uno de los principales atractivos turísticos de la región.
Reconocido como Patrimonio Mundial Natural por la Unesco, el Parque Nacional del Iguazú mantiene su protagonismo como uno de los grandes destinos turísticos de Brasil y de la Triple Frontera. En estos días, quienes llegan hasta sus pasarelas encuentran una postal diferente: un Yguazú desbordante, ruidoso y majestuoso, donde cada segundo pasan millones de litros de agua por las cataratas.